Raúl García Araujo


La designación de 15 cargos diplomáticos por el presidente Andrés Manuel López Obrador ha sacado ámpula en la clase política de nuestro país, pero sobre todo entre los mandatarios emanados por Morena.


La razón es que no se entiende, por más explicaciones que se busquen y que se den, porqué el jefe del Ejecutivo federal, aconsejado por el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, permitió que dos ex gobernadores priistas aparezcan en la lista de estos nombramientos.


Nos referimos a los casos de la exmandataria de Sonora, Claudia Pavlovich, y del ex gobernador de Campeche, Carlos Miguel Aysa.


Quizá en el primer caso, la designación de Pavlovich como titular del consulado de México en Barcelona, en España, obedezca a la empatía que siempre mostró la priista por el presidente López Obrador, lo que seguramente se reflejó en la transición tersa e institucional que hubo en Sonora, después de la elección de junio de 2021, donde el ganador fue el morenista Alfonso Durazo.


Sin embargo, resulta todavía más extraño el nombramiento de Aysa como embajador de México en República Dominicana, ya que, en Campeche, este político es considerado como el principal operador político y brazo ejecutor del dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas.


Por ende, fue el primero en impedir, a toda costa, la llegada de la morenista Layda Sansores San Román a la gubernatura de ese estado.


En Corto documentó cada uno de los abusos y excesos, que hicieron los funcionarios de la anterior administración encabezada por Carlos Miguel Aysa, para desconocer, durante y después de la jornada electoral, la victoria en las urnas de Sansores San Román.


Incluso, tan fue así, que contrario a lo que ocurrió en Sonora, donde hubo una transición tersa e institucional entre Claudia Pavlovich y Alfonso Durazo, en Campeche, ni siquiera existió este proceso.


Es decir, Aysa montó todo el aparato del Estado para evitar que los funcionarios salientes del PRI entregarán las riendas de cada una de las dependencias a quienes ahora conforman el Gobierno de Todos.


Por esa razón, es muy raro que el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Casaubón, haya recomendado al jefe del Ejecutivo federal a este campechano para ocupar la embajada en República Dominicana.


Debiera saber el canciller, y si no de qué tipo de suspirante presidencial tenemos, que en la elección de Campeche, tanto el gobierno del Estado, el dirigente nacional del PRI y el entonces candidato de Movimiento Ciudadano a la gubernatura, Eliseo Fernández Montufar, llevaron hasta las últimas instancias judiciales el proceso, con la clara intención de descarrilar a Layda Sansores con la nulidad de la elección.


Qué no supo Marcelo Ebrard Casaubón, y si no, qué nivel de confianza le tienen en Palacio Nacional, que después de la elección, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, tuvo que hacer una visita secreta a este estado sureño, para evitar así que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, consumara la intentona de anular la elección a la gubernatura.


De no saber todo lo anterior, qué tipo de asesores tiene el canciller -quienes dicho sea de paso se mueven con tal arrogancia, que hacen ver que tienen la candidatura presidencial en la bolsa-, que no le informaron que fueron ellos, Carlos Miguel Aysa, Alejandro Moreno y Eliseo Fernández Montufar, quienes llevaron la elección a tal grado que el TEPJF ordenó el conteo de todos los votos, para después dar el resultado de estos, a escasas horas de que se venciera el plazo para asumir la gubernatura.


A poco no estuvo enterado el flamante canciller, que no conformes con eso, el gobierno de Carlos Miguel Aysa dejó sin dinero público a la gobernadora Layda Sansores San Román para su operatividad de septiembre a diciembre de 2021, con el fin de afectarla en el ejercicio de gobierno.


Una pregunta secretario Ebrard: ¿No supo usted que ante tal situación la mandataria campechana pidió audiencia con el presidente Andrés Manuel López Obrador para solicitarle apoyar al estado?


Canciller, quiere ser candidato presidencial por Morena y ni siquiera sabe usted que investigan al gobierno de Carlos Miguel Aysa por un desfalco por más de mil millones de pesos en la construcción de “Ciudad Administrativa”, que se ha convertido en el monumento a la corrupción en la entidad.


Y no le hablo del Nuevo Puente de la Unidad, donde según la revista Proceso la administración de Alejandro Moreno junto con Aysa, nada más esperaron que el gobierno de la República depositara 250 millones de pesos para robarse 109 millones de pesos, cantidad que ahora, dicen las constructoras, les deben y el asunto ya se encuentra en los tribunales.


La designación de estos personajes políticos, no gustó en el gobierno de la 4T y bueno, mucho menos en el PRI; tanto que su dirigente nacional, Alejandro Moreno, ya advirtió que podría expulsarlos de ese instituto político en caso de aceptar los nombramientos.
Sin duda, secretario Marcelo Ebrard Casaubón que Morena tiene en usted a un amigo, pero la pregunta que flota entre la clase política es: con esos amigos, para qué quiere enemigos.

En Cortito: Mal, muy mal le ha ido al presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea.


Lo que pretendió que fuera un juego controlado, para quedar bien él, a costa de denostar a sus pares y ejercer cierta presión, se salió de control.


Eso fue lo que pasó en su reciente visita a la Universidad Iberoamericana, donde sorpresivamente (?) estaban los familiares de la cuñada del fiscal General, Alejandro Gertz Manero, cuya sobreactuación hizo que el asunto se le saliera de control a los autores intelectuales del show político-mediático, lo que detonó la ira de Zaldívar Lelo de Larrea.
Reporteros de la fuente confían a este reportero que tan no supera el momento escénico aquél, que mostró su irritabilidad en la conferencia de prensa más reciente, donde las preguntas lo hicieron ver incómodo, a grado tal que se mostró grosero, incluso con las mujeres periodistas.


Bien le haría a Zaldívar Lelo de Larrea brincarse la calle de Corregidora (caminito que tiene muy bien recorrido) para ir por unas píldoras de Amlodipino, esas que su mentor receta a sus rivales, cuando siente que éstos no están en sus cabales.


Y le conviene tomarlas con un té de paciflorina porque su poder ya va cuesta abajo, su fama en el Poder Judicial por los suelos, y ya sin la coraza de la presidencia y sin su aliado Julio Scherer, tendrá que soportar un par de años más el desprecio de sus pares, a los que tanto ha socabajeado.

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