Raúl García Araujo

A Hugo López Gatell lo está perdiendo el gobierno de la 4T. Sus constantes inconsistencias vertidas en cada conferencia nocturna, su terquedad al no uso de cubrebocas, su extrema altivez, su mal encauzado orgullo y su nula interlocución con opositores y aún con los de casa, lo hacen ser cada vez un activo menos en las filas de la Cuarta Transformación.


Sus innumerables inconsistencias, que lo llevan a cantinflear para tratar sin éxito de convencer a sus interlocutores, lo han hecho perder la credibilidad de la que gozó ampliamente al principio de la pandemia.


Su necedad para no usar el cubrebocas, por terquedad propia o por absoluta sumisión a su jefe real, el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador lo están llevando a una responsabilidad futura, no de conciencia, sino legal, pues contradice a los sentidos común y científico que señalan que disminuye riesgos.


Quizás su discurso tendría que estar enfocado en el buen uso del tapabocas, pero sobre todo usarlo, como buen ejemplo y propiciar con ello una utilización masiva.
Pero, por encima de todo, y con el mismo propósito, recomendar al presidente que lo use para provocar lo mismo entre sus colaboradores, quienes anteponen su vasallaje al bien común que pueden generar al usarlo.


Ello comprende a su jefe en el organigrama, que no en los hechos, el secretario Jorge Alcocer, que para quedar bien, por lo menos en eso, con quien lo nombró, lo emula apareciendo públicamente sin él, contradiciendo recomendaciones de la propia Organización Mundial de la Salud.


Su marcada altivez, que lo hacen suponer una autoproclamada superioridad que lo aleja de los demás, a los que desprecia en público y en privado, si no son el presidente de la República, lo están dejando sin el apoyo de muchos de los que incluso lo aclamaron al inicio de la pandemia y hasta hace unos meses.


Y su mal entendido, y peor encauzado orgullo, que lo han llevado a la confrontación con los gobernadores de fuera y de casa, y aún con la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum, que le dice que sí por una cuestión de institucionalidad, pero que en los hechos lo contradice casi en todo, baste ver el uso del cubrebocas y la aplicación de pruebas masivas para detectar casos de covid.


Orgullo que lo ha llevado a confrontarse con autoridades de la Salud en activo y en retiro, pero lo más importante, con la OMS, de la que es un convidado de piedra, toda vez que desde su inclusión, el pasado doce de junio, no ha sido requerido ni para decir pío.


Su más reciente contradicción a la OMS fue cuando ésta exhortó a México a tomar con seriedad el tema de la pandemia, y López Gatell, fiel a su estilo, evadió la responsabilidad y en una actitud irresponsable y deleznable la resbaló hacia la población diciendo que el llamado de la OMS había sido a la población y no al gobierno.


Todas estas actitudes de López Gatell lo están dejando solo al interior de la 4T, a pesar de que en corto le procesen su amor, para no contradecir al gran Tótem, el presidente.


Esto es grave para López Gatell, quien no reflexiona sobre ello, porque en un futuro tendrá que rendir cuentas por el número de muertos, muchos de los cuales pudieron haberse evitado, de haber aceptado errores y haber hecho cambios en la estrategia fallida, o bien hacerse a un lado él y el considerado florero Alcocer.


No solo el PAN, PRD, PRI, más los que se sumen, también los de casa, como el senador Germán Martínez, harán todo lo posible para fincarle responsabilidades en el futuro al zar anti covid.


Y sus posibilidades de defensa serán muy limitadas, amén de la falta de apoyos, máxime si el próximo presidente es Marcelo Ebrard Casaubón, con quien ha tenido una confrontación abierta por el tema de las vacunas y por ende éste lo detesta.


Ante este panorama, López Gatell bien hará en ir convenciendo a su jefe real, el presidente López Obrador, de que lo vaya dotando de fuero con una diputación o senaduría porque de lo contrario podría terminar en la cárcel.
Y para ello bien hará en ir midiendo los tiempos porque la protección terminará cuando termine el sexenio, ya que una vez entregando la banda presidencial, Andrés Manuel López Obrador se enfilará rumbo a La Chingada, su rancho en Chiapas, y sobran los ejemplos de que éste no mete las manos por ningún colaborador o excolaborador, y más bien, al estilo Poncio Pilatos, se lavará sus manos y de facto entregará a su suerte al subsecretario Hugo López Gatell.

En Cortito: Nos cuentan que ayer le cayó como un balde de agua helada al secretario de Salud, Jorge Alcocer y al subsecretario Hugo López Gatell cuando en la conferencia matutina, el secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard dijo ante el presidente López Obrador: “misión cumplida” al hacer de México uno de los primeros países en contar con la vacunación contra la pandemia. Nos dicen que el canciller y su equipo suman siempre puntos a favor dentro del gabinete presidencial, mientras que otros tendrán que rendir cuentas por los miles de muertos, muchos de ellos evitables, según voces autorizadas en materia de salud.

En más de la lucha contra la pandemia ayer Aeroméxico recibió el Timbre de Seguridad Turística otorgado por la Secretaría de Turismo del Gobierno de la Ciudad de México. El distintivo ha sido entregado por las autoridades capitalinas a las empresas del sector que cumplen con disposiciones oficiales y adoptan normas internacionales en materia sanitaria.

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