Raúl García Araujo

La mal llamada “Carretera de la Muerte” Monterrey-Nuevo Laredo que comunica a los estados de Nuevo León y Tamaulipas, sigue sumando personas desaparecidas, en medio del silencio cómplice de las autoridades.

Como suele ocurrir en este tipo de casos, después de que documentamos en este espacio, junto con medios nacionales e internacionales, en los meses de junio y julio, que había una crisis en esta materia en ambas entidades, fue que tanto Estados Unidos como México, implementaron operativos espectaculares, más buscando la foto, que la eficacia.

Y eso que en las investigaciones sobre esos hechos participan también agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI), luego de la desaparición de una madre y sus dos hijos norteamericanos, por cierto aún sin resultados sobre su paradero.

Lamentablemente el tema vuelve a la escena pública, debido a que colectivos ciudadanos, que dieron a conocer al portal de Dominio Público Noticias y a medios internacionales, como Univisión, que en la última semana han desaparecido en la “Carretera de la Muerte» al menos 13 personas, sin que, hasta la fecha, las autoridades emitan una “alerta” para advertir a la población de los riesgos de cruzar por esta vía.

De nueva cuenta, son los ciudadanos quienes a través de las redes sociales están lanzando advertencias, cuando es una responsabilidad del Estado atender estos asuntos de inseguridad.

Los datos son preocupantes. De acuerdo con el colectivo “Todos somos uno”, en los últimos 11 meses han desaparecido 163 personas en la carretera de Monterrey a Nuevo Laredo.

Lo peor de todo esto es que los gobiernos de los estados involucrados, se la han pasado, en los hechos, burlándose del dolor y la angustia de quienes tienen hasta este día a un familiar desaparecido.

El pasado 10 de noviembre el gobernador de Nuevo León, Samuel García, tuvo en sus manos la oportunidad de que estos mexicanos llevarán a sus casas alguna respuesta sobre sus familiares desaparecidos.

Ese día, el mandatario neoleonés tuvo un encuentro privado en Palacio de Gobierno con el gobernador de Tamaulipas, Francisco García Cabeza de Vaca.

A ese lugar llegaron varias familias para pedir a García que convenciera al jefe del Ejecutivo tamaulipeco para que diera la cara para hablar sobre esta situación, o de menos, les concediera cinco minutos para escuchar sus ruegos y plantearle la incertidumbre que viven a diario.

Pero no, el gobernador de Nuevo León salió de Palacio de Gobierno para hablar con los demandantes y tirar de nuevo puro rollo, bajo la promesa de coordinar un encuentro en Tamaulipas con sus autoridades.

Samuel perdió la oportunidad de quedar bien con los ciudadanos y decidió esconder y cubrir al mandatario García Cabeza de Vaca.

Lejos, pero muy lejos, estaba del interés de Samuel García atender este asunto que va más allá de la política; es más bien un asunto de sensibilidad y de calidad humana.

Él prefiere quedar bien en las redes sociales con temas superficiales, de los cuales hace partícipe a su esposa, Mariana Rodríguez.

O entregando al Papa, Jorge Bergoglio, en El Vaticano, una baratija, como fueron las playeras de los equipos de fútbol de Nuevo León, dejando constancia internacional de que los regiomontanos son extremadamente codos, fama que los persigue históricamente.

Retomando el hilo conductor de nuestro tema, es importante aclarar que ellos no son los únicos responsables de esta crisis; también hay responsabilidad del subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, así como de la comisionada nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas, Karla Quintana Osuna, quienes no han dado seguimiento puntual a este tema, ya que según los colectivos, los operativos puestos en marcha en julio por parte del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional se cancelaron, luego de que dejaron de ser noticia para los medios de comunicación.

Ahora son los ciudadanos quienes se organizan a través de colectivos para buscar las formas más idóneas para encontrar a las personas desaparecidas, así de ese tamaño es la crisis de al menos 163 familias que no saben si sus familiares están vivos, muertos o qué les pasó, tan solo por haber cometido el pecado de transitar por la llamada “Carretera de la muerte”.

En Cortito: Nos cuentan que muy movido anda el alcalde de Coyoacán, Giovani Gutiérrez Aguilar, para aparecer en los medios de comunicación y en las redes sociales, aunque los problemas que se comprometió a atender sigan agudizándose en su demarcación, particularmente el de la inseguridad en la zona de los pedregales, siempre visitada por los candidatos y olvidada cuando llegan al poder.
La inseguridad está galopante en las colonias Santo Domingo, Ruiz Cortines, Ajusco, Díaz Ordaz y Santa Úrsula donde prolifera la venta y consumo de droga ante los ojos de los tripulantes de las patrullas del secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, que están más preocupados por cuidar los Oxxos que por atender las preocupaciones de la ciudadanía.


A la par de la venta de droga, está la apertura indiscriminada de cervecerías en las calles de Santa Úrsula, mismas que han proliferado desde que ganó las elecciones Giovanni Gutiérrez.


Ante esta situación alarmante que viven los vecinos, éstos se preguntan si el entonces candidato hizo trato con las mafias del lugar para llegar a la alcaldía o, simple y preocupantemente, es parte de ella.

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