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Nadia Rodríguez

Desde las reuniones que dieron paso a la Iniciativa Mérida, México no había sostenido un encuentro tan importante como el que realizará el viernes próximo con el gobierno de Estados Unidos. Ambos países han colocado en la mesa sus agendas con visiones y metas que en diversos puntos chocan.

“Este Diálogo llega en un momento en que las amenazas del siglo XXI se vuelven más complejas y no conocen fronteras”, dijo el gobierno de Joe Biden sobre la reunión, pero también en un momento coyuntural donde sostiene una afrenta con Rusia y China a quienes ve como amenazas en temas de seguridad y ciberseguridad.

A principios de septiembre precisamente México y Estados fincaron pactos sobre ciberseguridad. “Acordamos centrarnos en mitigar las amenazas y mejorar los flujos de datos, reconociendo la importancia de fortalecer las protecciones de ciberseguridad en las cadenas de suministro globales”, dijo la Casa Blanca.

El gobierno de Biden identificó dos puntos vitales en su agenda: la prevención de la delincuencia transfronteriza (tráfico de drogas, armas y personas) y la persecución al crimen organizado. En una reunión en Washington el pasado 29 de septiembre el fiscal estadounidense Merrick Garland y la jefa de la Administración de Control de Drogas (DEA) Anne Milgram, hablaron con el fiscal mexicano Alejandro Gertz Manero para solicitarle más cooperación para llevar a cabo operaciones conjuntas y tener más intercambio de información.

“Se pidió que podamos participar en actividades de aplicación de la ley en asociación con las fuerzas del orden mexicano, que México tome en serio las extradiciones”, dijo Milgram a la prensa, un comportamiento poco usual de la DEA cuando se trata de difundir detalles de reuniones de alto nivel.

Por su parte México dijo que tiene una agenda de “seguridad compartida centrada en la atención a las causas de la violencia, el tratamiento de las adicciones desde una visión de salud pública, el uso de inteligencia financiera para desmantelar las organizaciones del crimen transnacional y el combate al tráfico de armas y municiones a nuestro país”.

El apartado de adicciones choca en extremo con la mirada estadounidense, pues desde la era de Richard Nixon las personas consumidoras son vistas como potenciales criminales, la prohibición de las drogas se ha visto como única vía y el tema ha girado exclusivamente en el eje de seguridad y no de salud.

El último punto de la agenda mexicana también ha sido conflictivo desde hace décadas (aunado a que ahora el gobierno tiene una demanda contras las 11 principales empresas de armamento de Estados Unidos) pues en el vecino país un sector importante defiende la tenencia de armas y México le ha reclamado –sobre todo en esta administración– la falta de pericia para detener el río de hierro que asciende a unas 500 mil armas por año.

“Tiene que haber una nueva etapa, dejar atrás la Iniciativa Mérida que es asistencialista. A diferencia de la Iniciativa Mérida, México no está pidiendo esto, no fue a tocar la puerta para decir “necesito asistencia, necesito esto, necesito el otro, necesito que tú me apoyes”, no. Tenemos que trabajar en materia de seguridad, pero es un entendimiento simétrico, respetuoso; y eso es lo que hemos venido construyendo”, explicó el canciller Marcelo Ebrard en la comparecencia matutina del presidente López Obrador.

La Iniciativa Mérida comenzó con Felipe Calderón y se trató de una millonaria inyección de recursos financieros, materiales, de inteligencia y capacitación a México para combatir el crimen organizado y capturar narcotraficantes.

Sobre ese tema Ebrard declaró tras la presentación de los nuevos pasaportes electrónicos: “Se ha hecho, pero llevamos todo el siglo XXI haciendo lo mismo. Si haces lo mismo vas a tener lo mismo. No digo que no los captures, al que viole la ley tiene que presentarse ante la ley, pero el desiderátum, es decir el objetivo primordial que se tuvo muchos, muchos años fue capturar capos, eso era el tema, ¿y qué pasó?”, dijo.

“La base de este diálogo en materia de seguridad tiene dos bases. Primero. El respeto mutuo. Si tú no me respetas, yo no te respeto; si no nos respetamos es muy difícil llegar a algo. Segundo. El atender las prioridades de cada uno de los países. La prioridad en México es reducir los homicidios y la violencia. Esa es la prioridad de México”, agregó el canciller.

La reunión será en Ciudad de México y la delegación mexicana estará encabezada por el canciller Marcelo Ebrard; Adán Augusto López, secretario de Gobernación; Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana; general Luis Crescencio Sandoval, secretario de la Defensa Nacional; y almirante José Rafael Ojeda, secretario de Marina.

Destaca la presencia del titular de Gobernación, pues en anteriores reuniones bilaterales de seguridad no era requerida la ahora exsecretaria Olga Sánchez Cordero, por lo que la dependencia de Bucareli se coloca nuevamente en el tablero como encargada de la seguridad interna del país.

Estados Unidos tendrá como representantes al secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorkas; al fiscal general Merrick Garland; subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, Brian Nichols; y al director senior del Consejo de Seguridad Nacional para el Hemisferio Occidental, Juan González.

“¿Quiere decir esto que México ya no permitirá injerencias de Estados Unidos?”, le preguntaron a Marcelo Ebrard tras presentar los nuevos pasaportes de México. “Claro, que quiere decir que hagamos un entendimiento, como dije en la mañana, que sea no tan asimétrico.”, respondió.

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