Raymundo Canales de la Fuente

En múltiples ocasiones he tratado el triste y terrible asunto de los seguros de gastos médicos mayores en México. Por supuesto el Estado debe imponerles reglas de funcionamiento mucho mas claras, estrictas y transparentes para evitar que sigan con sus jugarretas cuyo único fin es eludir sus compromisos.

Resulta una actitud especialmente deplorable frente a la sociedad en su conjunto que ahora, aprovechando el confinamiento provocado por la enfermedad Covid-19, hagan gala de sus fechorías. Soy médico y desde el mes de febrero del presente intervine a una paciente que tiene celebrado un contrato de seguro médico con dicha empresa, la evolución de la misma no fue la ideal, lo que incrementó los costos de la atención, pero finalmente se encuentra restablecida y fuera de peligro.

Resulta que hasta el día de hoy, la empresa se niega a liquidar mis honorarios; para lo cual emplean una moderna estrategia basada en un trámite por internet, donde no existe a quien reclamar, no se puede hablar con nadie, no contestan el único teléfono que aparece en su página y hacen caso omiso de los correos electrónicos. Por supuesto deben haber contratado a un brillante administrador que diseñó los “procedimientos” fraudulentos cuya única intención es robar a la mala y sin que exista poder humano que los obligue a nada.

El problema se presenta cotidianamente con todas las empresas que “aseguran la salud” desde hace muchos años, y por supuesto está sustentado en unas reglas del juego que seguramente pactaron hace mucho tiempo, en detrimento de todos los que estamos involucrados en el fenómeno: pacientes, médicos y hospitales. Al final, se trata de ahondar intencionalmente las diferencias entre grandes empresas (con sus oscuros intereses), y la población que ha quedado en el desamparo mas absoluto.

Algún funcionario menor, burócrata de la empresa, decide simplemente no pagar lo que deben, con la celebración de sus jefes y directores por su enorme capacidad de “contención del gasto”.

Me parece especialmente grave, que además se aprovechen de la pandemia, cuando somos los médicos los que estamos en la primera línea de riesgo frente al virus Sars-cov2, y tenemos que seguir con la boca cerrada, contemplando inermes el robo despiadado y sin castigo del producto de nuestro trabajo honestamente ganado.

Otro aspecto de la inseguridad jurídica. Espero que el gobierno actual los ponga en orden, como tiene que ocurrir con las tabacaleras o los productores de bebidas endulzadas. No se vale que por defender a los miles de ciudadanos honestos que existen como empresarios, también se defienda a éstos parásitos sociales.

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