Raymundo Canales de la Fuente

Salvo honrosas excepciones como Alemania, absolutamente ningún país del orbe, se encontraba preparado para lo inesperado, y la lista incluye a la economía mas grande del planeta, es decir los Estados Unidos de América.

Desde hace años se pronosticaba, por los epidemiólogos e infectólogos, la posible aparición de una nueva pandemia que tendría que ser viral y probablemente de vías respiratorias, eso no es por artes mágicas de esos profesionales sino por la simple razón de que las demás vías epidémicas están controladas hoy día.

La gran mayoría de la población tiene controladas plagas como las ratas, que en su momento fueron las portadoras de la peste bubónica y conocemos el valor del agua potable y la disposición adecuada de aguas negras.

Hoy somos testigos de la pandemia de una “gripe” muy contagiosa y que mata a muy pocas personas proporcionalmente, pero que al presentarse de golpe todas esas muertes constituyen una catástrofe.

La única manera de brindarle apoyo a una persona que se encuentra en extrema gravedad es ingresarla a una sala de terapia intensiva, donde se articulan múltiples invasiones a su organismo, catéteres que van al corazón, sondas urinarias, sondas al estómago, y por supuesto ventilación mecánica mediante la colocación de lo que llamamos sonda oro-traqueal, conectada a un famoso ventilador.

Ese es uno solo de los elementos que se requieren para sostener la vida de alguien en condiciones extremas, el paciente debe estar sedado y con fármacos que impiden el movimiento de los músculos.

En esas pocas personas en las que el virus se ensaña, la destrucción del tejido pulmonar resulta tan extensa que la única manera de ofrecerle alguna posibilidad de supervivencia es la sala de terapia intensiva; pero de ninguna manera es la panacea.

A pesar del esfuerzo del equipo médico, muchos fallecen y en virtud de que casi en ningún lugar existen suficientes lugares en esas sofisticadas y carísimas unidades de terapia intensiva para recibir oleadas de enfermos en condiciones críticas, con el dolor de todos los médicos, debemos administrar los recursos de forma lógica, coherente y ética.

Lo primero por supuesto es hacer un recuento universal de las camas disponibles y de cuantas mas se pueden improvisar y por supuesto cuantos médicos y enfermeras especialistas tiene algún país o región para manejar esas camas.

No basta contar el material sino es necesario hacer el recuento preciso del personal entrenado, que por cierto es muy escaso. Al mismo tiempo es urgente pronosticar, en la medida de lo posible, la demanda; es decir, cuantos enfermos críticos esperamos a lo largo de la epidemia.

De antemano sabemos, por sentido común, que las cuentas serán muy deficitarias en nuestra región latinoamericana; el desarrollo económico no ha ido a la par del médico-científico, de forma tal que quizá existan diez enfermos simultáneamente, demandando una sola cama de terapia intensiva.

No hay posibilidad humana de brindarle la cama a todos. Es material e irremediablemente imposible. Bajo éstas condiciones, el Consejo de Salubridad General publicó hace unos días una guía ética que pretende sentar las bases para racionalizar los recursos bajo esas condiciones prácticamente de medicina de guerra.

No podemos “reservar” las muy escasas camas en las unidades para personas poderosas o de tal o cual origen; se deben respetar los puntajes obtenidos por los parámetros que establecen las posibilidades reales de salir adelante.

Cito como ejemplo que hoy, en los hospitales de París, no se reciben en esas camas a personas mayores de 70 años debido a las escasas posibilidades de sobrevivir, y la guía de marras plantea una recomendación similar, frente a lo cual una avalancha de opinólogos han salido a protestar afirmando que el gobierno considera desechables a los viejos. Esa por supuesto no es la intención, sino por el contrario se trata de salvar la mayor cantidad de vidas posibles.

Parece que tampoco le gustó la publicación al Dr. López Gatell que está invocando a la Comisión Nacional de Bioética, que sospecho tampoco ahora va a decir nada. Lamento que no le guste al encargado de la epidemia, que afirmo es una de las mejores con las que cuenta el país, pero el asunto quedará a flote mas temprano que tarde.

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