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Oscar Santillán

Puedes ser actor, periodista o incluso economista, pero la clave está en la pasión que tengas, así lo cree el actor Tenoch Huerta. Y ese fuego lo sintió cuando en un curso de actuación no pudo durante ocho meses interpretar un monólogo. Su mentor, Carlos Torres Torrija se sinceró: no es para ti, te lo voy a cambiar. Ese día entró al baño a llorar y pidió una segunda oportunidad. 

Una vez, en Ecatepec, municipio mexiquense donde nació, se fue a caminar al cerro y de pronto vivió un proceso en el que le dejó de importar cómo se veía o si lo hacía bien o no. Conectó con algo que ahora llama “su diálogo con lo divino”. Ese fue su quiebre: su pasión se convirtió en vicio. 

Pero primero pasó a ser camarógrafo en La Academia, y de un momento a otro la actuación le abrió las puertas. Inició con la película Déficit de Gael García, y luego llegaron más papeles en producciones como Sin Nombre, Días de Gracia y Narcos: México. Ya ganó el Ariel e incluso la cinta Güeros, donde participó, obtuvo el premio a la mejor opera prima en el Festival de Cine de Berlín. Sin embargo, dice, todos los días se gana su lugar. 

Tu nombre significa “tuna de piedra” ¿Lo eres?

—En términos simbólicos, la tuna roja es el corazón del hombre, entonces el águila que representa el espíritu devora la serpiente, que representa lo terrenal, para iluminarse. Somos seres celestiales que bajaron a la tierra para tener la experiencia de la carne, de la vida y a través de eso se iluminan. 

—¿Y ese proceso te está pasando a ti?

—Me decía mi maestro de actuación que el ser humano siempre está en dos procesos: en proceso de construcción o proceso de destrucción. Puedes tener 70 años y sigues creciendo y sigues construyéndote o puedes tener 70 años y ya vas sólo decayendo. Prefiero pensar que voy para arriba y sigo construyendo, cambiando y cuestionándome. 

¿Te han contado tus padres por qué decidieron llamarte Tenoch?

—Una vez una maestra de primaria me dijo que si no le daba pena a mis papás ponerme ese nombre que era de perro. Entonces yo le pregunté a mi papá y me dio una respuesta de lo más sencilla que me dejó satisfecho: porque era mexicano. “Si fueras judío”, me dijo, “te pondría Abraham, Josué o Jesús. Pero eres mexicano y te puse Tenoch”. 

Naciste en Ecatepec. ¿Qué añoras de Montechimborazo?

—Fue una gran infancia vivir ahí. Era una mezcla entre suburbios y provincia. Los 15 de Septiembre me iba con mis compas al pueblo de San Lorenzo; en Navidad íbamos al bazar del pueblo, iba a comprar cohetes porque Tultepec queda muy cerca. Era salir a jugar al llano, subir al cerro. Jugar tocho todos los días o irnos al llano a jugar tacleado, agarrar arañas, robarnos duraznos. 

¿Estudiar periodismo para qué?

—En la secundaria todos los exámenes de aptitudes decían que yo debía ser ingeniero, pero me daba hueva ser lo mismo que mi papá. Y cuando llego a hacer el examen a CU, en el estacionamiento, porque yo venía de un sistema de prepa donde podía entrar a cualquier área, me paré y dije: “puta, qué estudio. Chingue su madre, Periodismo”. 

¿Recuerdas tu primera cobertura? 

—Creo que fue una manifestación, pero era bastante maleta. No tenía idea de nada. Preguntaba: ¿qué hago? E iba y lo hacía. Pero no tenía idea de qué estaba haciendo. Y después nos ponían a hacer reportajes. Y ya nos echaban la mano los reporteros de ahí. 

¿Qué reportaje te hubiera gustado realizar?

—Investigaciones como La Casa Blanca, La Estafa Maestra. Ese tipo de periodismo o si no divulgación de la ciencia, que me encanta. De hecho voy manejando y pongo el audio de documentales y los voy escuchando. O antes de dormir me aviento uno. 

¿Qué es lo que más te interesa del campo científico?

—La era de la prehistoria. En qué momento dejamos de ser changos y empezamos a ser civilización. Se creía que la agricultura volvió al hombre sedentario y resulta que no, que fue la religión, la idea de Dios y de la trascendencia. Y eso tiene que ver con la idea de la muerte, porque al final del día hacemos religión, hacemos historia para trascender. Nos da tanto miedo la muerte que no queremos extinguirnos. 

¿Y tú le temes a la muerte o crees que ya has trascendido?

—Tengo una hija y con ella ya he trascendido. Mi espíritu va a vivir en ella para siempre y ella le transmitirá a sus hijos parte de lo mío. La muerte me empezó a dar miedo en el momento en el que me volví padre. Es ahorita mi mayor temor, pero lo que más me duele de morir es ya no verla más. 

¿Qué hace que un actor sea bueno o sea malo… o mediocre?

—No se puede medir en esos parámetros, pero que sea más convincente o menos convincente o que tenga un nivel de complejidad mayor dependerá de que el actor sea inteligente emocionalmente y observador. Un buen actor, un buen periodista, un buen economista, si no se le va la vida por hacerlo, no importa cuánto talento tengas, no va a estar bien. La clave es la pasión. Pero la pasión es un vicio, te destruye. La única diferencia es que con la pasión por lo menos dejas algo bonito atrás. 

Dices que la pasión es un vicio, ¿el nacimiento de tu hija qué tanto ha cambiado esa visión?

—Lo potenció. De hecho, desde que me volví padre me hice mucho más egoísta. El egoísmo está mal entendido: una cosa es el egocentrismo y otra el egoísmo que es donde yo me valoro y me priorizo. Entonces empecé a priorizar mi proyecto de vida, empecé a priorizar mi salud mental, mi trabajo, porque si no lo hago bien cómo voy a ser un buen padre. 

Tu mentor en la actuación te decía que tenías que ser más rápido, más alto y más fuerte. ¿Hoy lo eres?

—Nunca vas a ser el más rápido, nunca vas a ser el más fuerte, ni nunca vas a brincar más alto. Siempre habrá alguien que lo haga más cabrón que tú. Porque uno está en proceso de construcción o en destrucción y yo me estoy construyendo todos los días. Todos los días me gano mi lugar. 

Eres fan de Soda Stereo. ¿Te gusta que te traten suavemente o al calor de las masas?

—¡Ay, güey! Pues depende de la masa. Yo soy de la idea de que me traten suavemente, pero esa me la canto a mí, una interpretación que le doy a la rola es que Cerati se la compuso a sí mismo, creo que es el corazón el que está cantando. Y al calor de las masas sí es para las reinas.  

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