Simón Vargas

“Si existen dos actitudes morales que nuestro tiempo necesita con urgencia son el autocontrol y el altruismo.”

Daniel Goleman

En uno de los principales puntos del libro de Platón, Las Leyes, el autor abordó la inclinación natural del ser humano hacia el placer, preguntándose “¿Dentro de él hay dos consejeros insensatos, en oposición uno con el otro, que se llaman placer y dolor?” fue uno de los primeros en acercarse al concepto de egoísmo, aseverando incluso que el verdadero responsable de todas las faltas que generalmente se dan se halla en el excesivo amor por uno mismo.

Lo anterior a su vez fue punto de estudio e impulsó, años después en 1851, la creación del concepto: altruismo, por parte de Augusto Comte definiéndose de acuerdo al Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano de Literatura, Ciencias y Artes como: todas las inclinaciones, que tienen por fin el bien de otro, pero sobre todo haciendo especial hincapié en que este tiende a subordinar gradualmente al egoísmo, hallando para ello una favorable condición en el progreso intelectual, que fija exactamente la idea de la justicia.

Es probable que hablar de altruismo y por ende su contraparte, sean temas que llevan implícitos análisis filosóficos, psicológicos, sociológicos e incluso políticos complicados de abordar, y es que no son términos recientes, ya que a lo largo del tiempo han sido estudiados por importantes pensadores como los mencionados anteriormente, además de Tomás de Aquino, Adam Smith, Schopenhauer y/o Thomas Hobbes.

¿Es egoísta o altruista el ser humano por naturaleza?, ¿existe en verdad un amor al prójimo desinteresado? O bien, ¿todo altruismo lleva implícito cierto egoísmo?, son quizá algunas de las cuestiones más complejas y repetidas a través de la historia, y actualmente no es la excepción. Y es que el arribo inesperado y caótico de una crisis sanitaria que ha su vez ha expuesto problemas económicos, políticos, sociales e incluso en el ámbito educativo no ha hecho más que hacernos revirar a uno de los aspectos más importantes que podrían salvaguardarnos y propiciar nuestra resiliencia: el altruismo y/o amor al prójimo.

Catástrofes y tragedias han existido a través del tiempo, y en cada crisis hemos sido testigos de la forma en la que personas anónimas y voluntarios se han expuesto desinteresadamente, realizado labores sin remuneración económica, resguardando víctimas o donando aquello con lo que cuentan. Actos que nos han servido para reconocer que en momentos de dolor y de intranquilidad, la moral cívica, el profesionalismo y el compromiso social son mucho más fuertes.

Sin embargo, es importante diferenciar entre el altruismo que lleva como fin último el mero reconocimiento social y aquel que se hace esperando reducir el sufrimiento ajeno sin retribución pública o financiera, y es que de acuerdo a la publicación Egoísmo-altruismo: un desafío mundial, haciendo una comparación de ideas habrá que distinguir entre el amor personal (egoísta) y el amor social de justicia y/o benevolencia (altruismo); en este mismo documento se asevera que el altruismo abarca todas  las  circunstancias  de  la  vida,  tales  como  decidir  adoptar  a  un niño, donar un órgano, contribuir con dinero o esfuerzo a ayudar a los  damnificados  de  una  catástrofe  natural,  etc.

Pero, ¿por qué los seres humanos de alguna u otra forma cooperamos entre nosotros? La respuesta sin duda involucra muchos puntos de inflexión y análisis, no obstante, una de las teorías más aceptadas es examinada en Altruismo y egoísmo en la selección natural: análisis desde una perspectiva ontológicamente pluralista en donde se menciona que el mundo de las interacciones humanas, tanto en las relaciones económicas como en las políticas o sociales, son muy frecuentes las situaciones en las que, al igual que en los juegos, su resultado depende de la conjunción de decisiones de diferentes agentes o jugadores.

Es decir, contrario a lo que podríamos pensar es probable que tengamos una propensión a ayudar y a buscar el bienestar social; lo anterior queda de manifiesto en la movilización al año en todo el mundo de más de 8,500 Voluntarios de las Naciones Unidas, organización que además cuenta con una reserva mundial de talentos de más de 200,000 profesionales registrados altamente cualificados, que representan más de 100 perfiles profesionales.

Pareciera un tema por demás abordado, sin embargo, en momentos como los que vivimos actualmente es necesario dotar el altruismo de un peso importante, pensar que si bien el problema se puede encontrar bajo la resolución o responsabilidad de alguien más, si nuestra oportunidad está en apoyar no podemos pasarlo por alto. Recordemos que en muchas ocasiones una acción sencilla de realizar para nosotros puede transformar de forma rotunda el panorama de alguien más.

Hoy más que nunca es necesario no ver el altruismo como un negocio, como una especie de política que debe hacer a los demás poco útiles o minimizados; no apoyemos para impresionar a los demás. Es imperativo que en nuestra actualidad se resignifique la generosidad, la misericordia y la amabilidad, porque solo con estos valores lograremos alcanzar aquellas metas propuestas y derrocar la indiferencia que tanto daño nos ha ocasionado como humanidad.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación. Si deseas recibir mis columnas en tu correo electrónico, te puedes suscribir a mi lista en el siguiente vínculo.

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