Simón Vargas

“Quien quiera ser grande que sirva a los demás, no que se sirva de los demás.” Papa Francisco

El pasado 5 de abril el Papa Francisco dio inicio a la conmemoración de la Semana Santa; fue una ceremonia insólitamente diferente, sin precedentes en la historia reciente, se realizó al interior de la Basílica de San Pedro y no en la plaza vaticana como era tradición, no se presenciaron ramos ni feligreses en procesión o en las iglesias; estos cambios no fueron un deseo de su Santidad o una nueva forma de celebración, sino que desafortunadamente, fueron algunas de las muchas medidas ante la crisis sanitaria derivada por el coronavirus, que al menos en Italia ha cobrado la vida de más de 16 mil personas.

Para el mundo católico la Semana Santa es mucho más que un par de días festivos o la oportunidad para vacacionar, son fechas significativas donde se evoca la pasión, muerte y resurrección de Jesús; las diversas actividades enmarcadas del domingo 5 al 12 de abril reviven desde la entrada de Jesús a Jerusalén, la última cena, la crucifixión y finalizan con la resurrección, visita a sus apóstoles y ascensión a los cielos.

Las representaciones de esta importante Semana se dan no sólo en el Vaticano donde como parte importante de la conmemoración el Papa Francisco durante el jueves Santo suele lavar los pies a un grupo de reclusos, sino que las alusiones se realizan en muchas partes del mundo: en Filipinas y Colombia los actores del viacrucis se crucifican y flagelan de verdad, en España las calles son cubiertas por personas caracterizadas como Nazarenos, en Jerusalén los visitantes recorren los lugares citados en la Biblia y acuden a las diferentes misas realizadas y en nuestro país, en Guerrero los asistentes caminan con el rostro cubierto mientras se autoflagelan y en Iztapalapa se conjunta una de las mayores asistencias tanto en población como mediáticamente.

Es así como a través de los años para la iglesia católica esta semana es uno de los momentos litúrgicos más importantes y significativos, y contrario a lo que muchos podrían pensar estas fechas se convierten en tiempos de reflexión; una pausa en la celeridad de la vida que nos permite mirar al prójimo y a nuestro alrededor con más bondad y empatía, que nos brinda la oportunidad de tocar con más amor y compasión y que nos posibilita sentir como nuestro el dolor ajeno sin juzgarlo y por el contrario comprenderlo.

La pandemia suscitada por el COVID-19 declarada el pasado 11 de marzo por la Organización Mundial de la Salud, irónicamente ha convertido las celebraciones de esta esencial semana a rezos a puerta cerrada, misas transmitidas vía online y procesiones de silencio en casa; también nos ha brindado una oportunidad de vivir un tema determinante que el catolicismo ha predicado: El amor al prójimo.

Este amor debe traducirse en un afecto profundo que debe trascender esta Semana Santa; que puede y requiere ser expresado de diferentes formas, porque actualmente atravesamos momentos cruciales y nos necesitamos más que nunca, hoy cuidarnos significa a la par también ocuparnos de los demás, ser empático debe ir más allá de consolar al afligido, incluso debe traducirse en compartir aquello con lo que contamos y hoy ser solidario en casos extremos se convierte en la diferencia entre la vida y la muerte.

Las crisis como la que vivimos hoy nos hacen tener más presente que nuestro bienestar en muchas ocasiones está asociado al del prójimo; este año experimentaremos una Semana Santa atípica, colmada de silencios, sin bullicio, sin peregrinaciones, con certezas que se desintegran ante nuestra mirada expectante, con sentimientos como el abandono y soledad acechando impertinentemente, con dudas ante el futuro que se niega a mejorar. Hoy los exhorto a que recordemos más que nunca dos frases de la biblia escritas en Mateo, capítulo 7 versículo 12: “Haced vosotros a los hombres todo aquello que queráis que os hagan ellos: eso es la Ley y los Profetas” y Gálatas 5:14: “En efecto, toda la ley se cumple guardando uno solo de sus preceptos, aquel de: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.”

No solo volteemos a ver al necesitado, auxiliemos con lo que podamos; apoyemos en la medida de cada una de nuestras posibilidades; seamos empáticos, porque la vida de muchas personas depende de nuestro actuar personal.  

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