Simón Vargas

“Cambiar de respuesta es evolución. Cambiar de pregunta es revolución”. Jorge Wagensberg

Muchos recordamos la serie animada que ha predicho algunas de las transformaciones más importantes en cuanto a tecnología se refiere: Los Supersónicos; este programa creado en 1962 fue un catalizador de la imaginación de millones de niños y probablemente una fuente de inspiración para muchos de los inventos que hoy conocemos.

A 60 años de su aparición solo como un dibujo animando, los robots, las cintas transportadoras, las videoconferencias, los relojes y las pantallas inteligentes, así como una versión básica del internet; pero, sobre todo, los asistentes personales y las casas inteligentes, se han convertido en proyectos que podrían darle un giro de 180° a la manera en la que hemos visualizado la urbanidad.

Actualmente, las redes de energía subterráneas, las innovaciones en movilidad y transporte, los sistemas que aprovechan el agua de lluvia, las tecnologías inalámbricas y los contenedores de basura con sensores, entre otras muchas situaciones, en conjunto se han convertido en la esencia de lo que para muchos era un sueño casi imposible: una ciudad inteligente.

El concepto de smart city también es un término usado constantemente en marketing, en políticas de desarrollo y en el ámbito empresarial, el cual hace referencia a optimizar la gestión de las infraestructuras y los servicios urbanos, así como los prestados al ciudadano, con el único objetivo de lograr un desarrollo sostenible, inteligente e integrador.

Pero, es importante mencionar que para que una ciudad sea considerada como inteligente no basta solo con tener Wi-Fi sino que de acuerdo a Deloitte en su estudio Guía metodológica sobre ciudades inteligentes son seis las características para entrar en esta clasificación: 1) Smart Environment, 2) Smart Mobility, 3) Smart Governance, 4) Smart Economy, 5) Smart People y 6) Smart Living.

Es así que las ciudades inteligentes se han convertido en un emblema para enfrentar retos y en una promesa de desarrollo, sin embargo, no se puede perder de vista que éstas deben aprovechar el potencial de la innovación a la par de la creatividad de la población.

No podemos negar que el incremento en el uso de la tecnología ha sido impulsado por la crisis del COVID-19, incluso en 2020, en el marco de la Alianza Mundial de Ciudades Inteligentes del Foro Económico Mundial, 36 ciudades de 22 países acordaron ser pioneras en la elaboración de una nueva hoja de ruta para la adopción segura de innovaciones.

Pero, ¿cómo va nuestro país en el desarrollo de ellas?, de acuerdo al artículo Ciudades inteligentes: El papel de México además de la Ciudad Maderas, en Querétaro; también estados como Jalisco y Puebla han invertido en sensores y dispositivos instalados en las redes de infraestructura de agua, electricidad y movilidad, así como en los servicios de mantenimiento y telecomunicaciones. También cabe mencionar que la Ciudad de México, Monterrey y León podrían encaminarse hacía dicha categoría, sin embargo, aún queda mucho camino por recorrer e inversiones que destinar, ya que estos son proyectos a largo plazo.

No pensamos que lo imaginado hace seis décadas se volviera rápidamente palpable, es por ello que hoy, ante la celeridad, la globalización y los cambios originados por la pandemia es necesario replantearnos nuestra vida y aprender a vivir en una realidad donde la tecnología y la innovación pronto no serán más una utopía.

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