Simón Vargas

“El doctor del futuro no tratará más al ser humano con drogas; curará y prevendrá las enfermedades con la nutrición.” Thomas A. Edison.

La pandemia que comenzó hace poco más de año y medio, no solo afectó la salud a nivel mundial, sino que además recrudeció problemas económicos, sociales, educativos, políticos e incluso alimentarios; y es que pese a que esta última cuestión ha estado presente desde tiempo atrás continúa agravándose anualmente.

¿Cómo puede ser posible que el Programa Mundial de Alimentos para Naciones Unidas (PMA) estimara hasta el 2019 alrededor de 137 millones de personas enfrentadas a este problema, cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) menciona que un tercio de todos los alimentos producidos a nivel mundial se pierden o se desperdician? La inseguridad alimentaria, desafortunadamente, continúa apareciendo año con año como una burla mordaz del inequitativo sistema que ha persistido a lo largo del tiempo.

De forma sarcástica y contrario a todos los esfuerzos, aún existen millones de personas que no cuentan con la posibilidad de incluso comer tres veces al día, y ni siquiera abordemos el tema del equilibrio a la hora del consumo en los alimentos; la situación ha ido escalando con el paso de las décadas y es que la FAO ha identificado al menos tres tipos de inseguridad alimentaria, y la definición de ésta ha quedado asentada como la insuficiente ingestión de alimentos, que puede ser transitoria (cuando ocurre en épocas de crisis), estacional o crónica (cuando sucede de continuo).

Probablemente, la mayor parte de la población en el mundo ha dejado de comer al menos una vez al día, ya sea por presiones, preocupaciones o bien la celeridad cotidiana a la que nos hemos acostumbrado, pero esto nada tiene que ver con la situaciones de millones de personas; hace apenas cinco días la PMA, la FAO y UNICEF hicieron un llamado para colocar especial atención en la situación de inseguridad alimentaria aguda que ocurre en Etiopía, lo anterior en respuesta a los resultados del Análisis de la Clasificación Integrada de Seguridad Alimentaria en Fases (CIF) iniciativa mundial integrada por diversos asociados, la cual pone de manifiesto que más de 350,000 personas ya hacen frente a condiciones catastróficas; incluso se prevé que la gravedad de este fenómeno aumentará seriamente para el mes de septiembre, especialmente en Tigray, donde se pronostica que más de 400,000 personas enfrentarán condiciones catastróficas.

A pesar de que el problema es más intenso en algunas regiones del planeta, el Banco Mundial menciona que alrededor de unos 96 millones de personas cayeron en situación de inseguridad alimentaria aguda en 2020 en 54 países de la Asociación Internacional de Fomento, a lo que si se suman los 137 millones que ya sufrían de dicha situación a fines de 2019, el total llegó a alrededor 233 millones de personas para cerrar el año pasado.

Alimentarnos es la fuente que le da vida a todas las demás actividades, hace que las personas sean más productivas, menos propensas a contraer enfermedades e incluso, en los niños una buena alimentación reduce los obstáculos en el aprendizaje y limita el desarrollo de afecciones como el retraso del crecimiento.

En México como en el resto de países la inseguridad alimentaria guarda una estrecha relación con la pobreza, por lo que derivado de la situación de la pandemia se ha tenido una disminución en los ingresos familiares lo que a su vez ha producido un efecto dominó; y es que de acuerdo a la Encuesta de Seguimiento de los Efectos del COVID en el bienestar de los hogares mexicanospresentada en marzo pasado por Unicef México y la División de Investigación y Posgrado de la Universidad Iberoamericana, 27.5% de los hogares encuestados reportaron ver afectada la cantidad y calidad de sus alimentos por falta de recursos económicos.

Pero además, lo sorprendente ha sido la rapidez, ya que hasta diciembre de 2020 al menos el 33% de los hogares afirmaba no tener dificultades para acceder a alimentos, sin embargo, ese número se precipitó a 27% para marzo pasado y también la inseguridad alimentaria moderada paso del 14 al 20%.

Tal vez el tema ha sido abordado constantemente, incluso en octubre del año pasado escribí un artículo sobre la situación, sin embargo, lo que continúa impresionando y preocupando es que aún la cadena alimentaria siga operando bajo las mismas directrices que hacen que se pierdan millones de toneladas y a la par seres humanos pierdan la vida sin poder llevarse comida a la boca.

Enfrentarnos a una catástrofe alimentaria ya no es una posibilidad, es ya un hecho sin precedentes.

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