Simón Vargas

“No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregunta lo que tú puedes hacer por tu país”. John F. Kennedy

El pasado 11 de marzo la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente el brote de COVID-19 como una pandemia, y es que hasta ese momento se tenía registro de más de cien mil casos confirmados en alrededor de 114 países; desafortunadamente, el virus continua propagándose con rapidez y a pesar de que se han emitido recomendaciones que pueden ayudar a disminuir la transmisión el número de contagios se extiende.

De acuerdo a esta misma institución una pandemia se da cuando una nueva enfermedad se propaga rápidamente de forma mundial, afectando simultáneamente a un gran número de personas en diferentes países; así mismo se requieren tres características principales para identificarla:1) que sea un virus nuevo, es decir, que no haya circulado previamente y por lo tanto, no exista población inmune a él, 2) que dicho virus sea capaz de producir casos graves de enfermedad y 3) que tenga la capacidad de transmitirse de persona a persona rápidamente.

Hoy nos enfrentamos a una pandemia que nos ha hecho reconocer lo importante de aquellos detalles que con la celeridad de los días omitimos, el abrazo de los seres queridos, la libertad de caminar por las calles o la convivencia con nuestra familia y amigos; sin embargo, esta no es la primera pandemia que nos aqueja como humanidad, una de las más recordadas es la peste bubónica o negra y a pesar de que no se cuenta con registros oficiales sobre el número de muertos las estimaciones indican que en términos absolutos, los 80 millones de europeos quedaron reducidos a tan sólo 30 entre 1347 y 1353.

Y a pesar de que la peste bubónica es una de las más citadas y conocidas, con el transcurrir de los años la historia ha sido testigo de pandemias que han transformado la sociedad y lograron resignificar la vida como se conocía; tales fueron los casos de la viruela, la gran peste de Marsella, la colera, la gripe española o neumónica y más recientemente el VIH/Sida o la influenza A H1N1.

El panorama actual no es sencillo, la crisis ocasionada por el COVID-19 no sólo afectará al sector salud, sino que impactará a todas las áreas y sectores de la sociedad sobre todo al económico, y es que como dice aquella frase: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla, es por eso que en momentos como los que vivimos debemos recordar que como humanidad hemos enfrentado panoramas complicados, pero sobre todo tenemos que escuchar y poner en práctica las recomendaciones de las instituciones especializadas en el tema.

Quizá, muchos de lo que ahora experimentamos esta pandemia hemos sentido el miedo, la incertidumbre y la ansiedad de sabernos inmersos en una situación que contrario a todas las medidas de cuidado parece crecer aceleradamente, y es que hoy la movilidad humana y la conectividad de las sociedades, nos han permitido mantener beneficios como un gradual proceso de globalización, sin embargo por otro lado, en una crisis como la actual se convierten en un factor de riesgo exponencial que afecta a un mayor número de personas.

No todo es negativo ya que, en contraposición a la baja en las bolsas de valores, la incertidumbre económica resultado del cierre de espacios públicos y privados o la inestabilidad social, el aislamiento, que se ha convertido en la principal forma de frenar al COVID-19, nos ha presentado nuevas posibilidades; el home office, las clases online, los museos virtuales o el comercio electrónico entre otros, han demostrado que existen nuevas formas de convivencia y automatización de procesos.

Por otro lado, la reducción del uso de transporte vehicular y el cierre de fábricas provocó una disminución, probablemente momentánea, de las emisiones de gases que contribuyen al efecto invernadero e incluso la capa de ozono ha presentado una recuperación inusual.

A pesar de todo, es posible que esta situación nos enfrente a más contras que pros, sin embargo, actualmente tenemos que encarar la pandemia con acciones contundentes, combatirla con responsabilidad, solidaridad, y cuidados preventivos; hoy la responsabilidad para con el medio ambiente y la salud nos impulsa a actuar de una manera diferente y mejor, a cambiar todos aquellos hábitos que nos han aproximado a esta crisis; ya que no debe tratarse solo de ahora sino del futuro.

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