Compartir

Jose Luis Camacho

Ante el grito violento de quienes buscan apagar con su estridencia la luz de la razón y con su fuerza imponer su voluntad y parecer, pretendiéndose amparar en los momentos aciagos que vivimos en México, siempre imperará la inmensa mayoría de mexicanos que confía en las instituciones y en el imperio de la ley como los medios para cambiar lo que requiere transformase y evolucionar hacia mejores estadios de progreso. De ello dio muestra César Camacho.

Históricamente ha quedado demostrado que la violencia nunca ha sido un medio para construir, sino todo lo contrario. El clamor de las diversas sociedades por una justicia imparcial y equitativa, una mejor distribución del ingreso y la riqueza y mayores oportunidades de desarrollo y superación ha sido atendido de mejor forma en tiempos de paz y de orden que de inestabilidad y desorden, pues éstos no velan por el respeto de los derechos humanos, sino por la ley del más fuerte.

Y eso es justamente lo que hemos visto en las expresiones de violencia desmesurada por parte de encapuchados y de delincuentes, quienes han golpeado sin misericordia a elementos del orden que no buscan agredirlos, sino evitar que su cerrazón afecte a civiles inocentes y comprometan los derechos de todos los demás. Y es que la libertad de expresión y de manifestación no conlleva la comisión de hechos ilícitos ni el poder de disponer de la libertad e integridad de otros.

En México no debe haber espacio en la sociedad para solapar hechos que ponen en peligro nuestra integridad y la de nuestros congéneres, sino un rechazo total y absoluto a quienes así como nos agreden, no están buscando nuestro bien, sino sus intereses.

De ahí que sea de destacarse que tanto el PRI, como el PAN y PRD hayan condenado y dicho que la violencia sea un medio para el cambio democrático, pero no así partidos como Movimiento Ciudadano y MORENA, los cuales guardan un silencio cómplice con quienes creen que incendiando, golpeando, escupiendo y pateando se transforma un país de 118 millones de mexicanos.

Se trata de un trabajo en equipo en el que cada uno de nosotros, desde nuestro hogar, oficina y escuela podemos hacer la diferencia por una cultura de la legalidad y de la exigencia por el respeto de nuestros derechos. «Trabajar fuerte, trabajar juntos», señalaba hace unos días César Camacho, al tiempo de añadir que «Rechazamos la violencia porque es la antipolítica, esa que hace de la lucha social división social, que muta la manifestación en provocación, que convierte la diversidad en división, que convierte la competencia en confrontación y desvirtúa la exigencia de justicia haciendo de ella injustificada violencia. Esto no merece México».

Lo dicho por el presidente nacional del PRI recoge el sentir de las amas de casa, empresarios, obreros, trabajadores y comerciantes, quienes ven día con día como algunos grupos se apoderan del derecho que tenemos todos nosotros de expresarnos y manifestarnos para desvirtuarlo en un acto de provocación.

Lo que propone César Camacho es restablecer el diálogo político civilizado, y es que parafraseando a Luis Donaldo Colosio, dejó en claro que los tiempos difíciles sirven para que resolviendo la coyuntura demos solución a la estructura y cuidar que lo circunstancial no altere lo sustancial.

Esa prioridad la tiene muy clara el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, quien días previos al 8 de noviembre pasado enfrentó una disyuntiva difícil: sin ser jefe de policía ni de Ministerio Público, permanecer en el país para encabezar las investigaciones por lo sucedido en Guerrero o acudir a dos de las citas más trascendentes que tiene la política exterior de México, como lo es la reunión del Foro Económico de Asia-Pacífico y del Grupos de los 20 países más industrializados del mundo.

Con base en el informe ofrecido por el propio Presidente de la República el pasado 15 de noviembre en la noche, siendo la primera actividad que realizó en cuanto bajó del avión presidencial, puedo sostener que el Primer Mandatario no se equivocó y que tomó la decisión correcta, lo cual se reflejará en mayores inversiones para el país y en la creación de mayores espacios de diálogo y negociación con el exterior.

Fue así como atendiendo lo circunstancial y buscando resolverlo, el gobierno de la República no ha descuidado lo primordial, que responde a un plan de gobierno y políticas públicas de largo aliento.

Con ello, el Presidente de la República pone el ejemplo de que trabajando juntos y en paz los mexicanos somos capaces de todo.

México no debe resolver sus graves problemas con más ilegalidad. Esa es la garantía de legalidad que nos asiste a todos y que evita que lleguemos a un estado de anarquía y de la ley del más fuerte.

México puede seguir cambiando, pero no depende sólo del gobierno, sino de cada uno de nosotros juntos con nuestras autoridades hagamos la diferencia en nuestras vidas diarias.

Compartir