Simón Vargas

“El educador es el hombre que hace que las cosas difíciles parezcan fáciles” Ralph Waldo Emerson

Desde 1760, cuando la Revolución Industrial desencadenó cambios alrededor del mundo gracias al uso de nuevas tecnologías, los avances no se han detenido; sin embargo, los últimos 20 años han marcado un parteaguas, y que decir de los pasados meses cuando la pandemia provocó una aceleración en muchas de las áreas que conocemos.

Una de ellas y quizá la más significativa fue la educación, como ejemplo, podríamos citar el vídeo que hace días se hizo viral, de un docente que frente al desconocimiento del uso de la plataforma zoom (una de las más populares en estos momentos para la impartición de clases) terminó en llanto, esto nos revela la forma en que la tecnología ha tenido que dar saltos agigantados en los últimos días, pero también evidencia la manera en que tanto los docentes como los alumnos han tenido que adaptarse a una realidad que los ha golpeado rápida y contundentemente; por fortuna, sus alumnos ante la evidente frustración del maestro le ayudaron a impartir su clase y le indicaron el protocolo a seguir para que la asignatura continuara su curso.

Hasta el 2018 la tasa de alfabetización, es decir, la capacidad para enseñar a leer y escribir a alguien, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), en adultos, era del 95.38% y en jóvenes era de 99.32%; sin embargo, en ese mismo año la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) demandó la alfabetización digital inclusiva para más de 4.7 millones de mexicanos.

Pero, ¿cómo se define la alfabetización digital? De acuerdo a la misma UNESCO, el analfabetismo digital podría ser definida como: “El desconocimiento de los avances tecnológicos o nuevas tecnologías, debido a que los individuos no tienen como interactuar con este tipo de herramientas y obtener mayores estudios de las mismas, lo cual se traduce al no manejo de un ordenador, del software, internet, y demás herramientas informáticas, factor que influye en el ámbito profesional, personal y social de cada persona.”

Y es que, la pandemia además de generar cambios en muchas de las áreas de la vida cotidiana, provocó la improvisación en los procesos de digitalización en la enseñanza, que en muchos países como el nuestro ha provocado una disminución en la calidad educativa, a esto hay que anexar que un amplio porcentaje de la población no tiene acceso a una computadora o una tableta que permita que los alumnos adquirir los conocimientos necesarios para acreditar adecuadamente la materia.

Sin embargo, y a pesar de los problemas en cuanto a conexión de internet que enfrentamos en el país, el gobierno federal ha implementado proyectos no sólo a través de la web, sino también desde la programación televisiva y radiofónica, los cuales no han evitado tocar problemas de fondo como la capacitación, el golpe a la tradicionalidad de la educación, la ausencia de la cultura de planeación, e incluso la falta de infraestructura básica por parte de las instituciones educativas.

Es imposible negar que muchos de los servicios que adquirimos actualmente están marcados por internet, de acuerdo a datos de The Competitive Intelligence Unit (The CIU), en 2019, la tasa de crecimiento de las inversiones en telecomunicaciones fue de 26.2%, así mismo, la adquisición de smartphones aumentó 5.5% sólo en el primer trimestre de 2020, sin embargo, en cifras de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información (ENDUTIH 2018), desarrollada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), se reveló que más del 40% de la población del país aún carece de acceso a Internet.

Hoy en día la falta de alfabetización digital y el incremento de la brecha digital se han convertido en una de las preocupaciones más grandes, no sólo en México, sino en todo el mundo, ya que conforme las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) evolucionan, existen quienes, al no tener acceso a ellas, quedan rezagados no sólo de los beneficios sociales sino también de la oportunidad de su utilización para poder proveer una mejora en los servicios que ofrecen.

Puede ser probable que la aceleración digital que estamos viviendo, al menos en el rubro educativo, tuviera que darse en al menos 10 años, pero desafortunadamente, la situación actual nos incentiva a dar un giro de 180° en lo que conocíamos, siempre en favor de las nuevas generaciones, lo que sin duda debe replantearse, y es que cualquier esfuerzo por mínimo que sea contribuirá al desarrollo del futuro.

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