Guillermo Sesma

Lo que estamos viviendo a nivel mundial y en concreto a nivel nacional ha desnudado a los diferentes gobiernos de manera brutal. En México hemos vivido la emergencia sanitaria provocada por la Covid-19 de una forma terrorífica. Hemos visto cómo el gobierno federal, los gobiernos de los estados y los municipios están intelectual, operativa y científicamente rebasados. 

Desde un principio el presidente López Obrador comenzó la pandemia sin creer en ella, imágenes de sus giras, audios de sus frases agradeciendo como la pandemia que le había venido como “anillo al dedo”, quedarán para la historia y para los historiadores. 

Electoralmente el presidente mantiene sus altos índices de aprobación. En lo local, la científica Claudia Sheinbaum ha sido doblegada a las instrucciones de su jefe, las diferentes gamas del colorido naranja a rojo y su poca libertad de haber podido poner en semáforo rojo antes a la ciudad, quedarán en los reproches que para ella si pueden tener repercusiones electorales. Y no hablemos de los ayuntamientos, porque ningún presidente municipal tiene ni idea de lo que está pasando ni de lo que puede hacer, se han venido lavando las manos con menos jabón que Poncio Pilatos. Pero ¿qué nos arroja las actitudes de los tres niveles de gobierno? Lo primero que vemos es que estamos nuevamente ante la carencia de liderazgos. Sí, en México no hay quien tome esta batuta y pueda guiar a los ciudadanos durante esta pandemia. 

Durante el 2020 fuimos testigos de aparición de un bloque opositor conformado por los gobernadores autodenominado como “federalistas”, que con algunos protagonismos locales han debatido sin éxito con el gobierno federal. Las colas de los gobernadores se les atoran al confrontarse con el ejecutivo federal. Y la capacidad de gestión, premio o castigo a los gobernadores, les complicaron o no los cierres del 2020 con los aguinaldos a los burócratas. 

Vivimos en un México sin esperanza, vivimos en un México con más ciudadanos en pobreza extrema, vivimos en un México sin certeza jurídica, la realidad del México que vivimos es catastrófica. Y para acabarla de amolar en México falta un líder o lideresa que pueda entender, traducir y comunicar qué debemos hacer los ciudadanos para salir de esta situación en la que estamos. Económicamente no se ve ni cuándo ni por dónde, en el sector salud, la pandemia aún y citando a la Primera ministra alemana Angela Merkel, “Lo peor está por venir”, la crisis energética alejada de las energías limpias nos pone muy por detrás de las grandes potencias. 

Al presidente López Obrador no le afectan las encuestas, pero como le ha afectado su mala suerte: pandemia, inundaciones en dos bocas, inundaciones en Tabasco y Chiapas, niños y niñas sin escuela, su aliado del Norte derrotado, grupos delictivos viviendo a sus anchas. Evidentemente sus amuletos no son tan efectivos. 

Su suerte radica en la capacidad que tiene para combatir y derrotar a sus adversarios políticos. Ahí no es cosa de suerte, es un talento que tiene para terminar con quien se le ponga en frente. A menos de seis meses de las elecciones intermedias estamos por ver si el actuar en la pandemia tuvo repercusiones políticas o si por el contrario el teflón presidencial alcanzó para todos. 

Compartir