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Juan Pablo de Leo

La historia de la relación bilateral México-Estados Unidos ha sido una de intereses y traición. Si bien la relación a nivel diplomático y comercial avanza sin problemas, han sido muchos los episodios de confrontación entre ambos países, comenzando por la pérdida de territorio tras la guerra México-Americana en 1846-1848.

El desprecio que tiene Donald Trump por el servicio exterior ha provocado que la política exterior de los Estados Unidos haya pasado a un segundo plano durante su administración. Más allá de la preponderante presencia que tiene Nikki Halley como embajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, Trump tiene desiertas las sedes diplomáticas más importantes del mundo, incluyendo Medio Oriente.

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›En ese sentido, la renuncia de Roberta Jacobson a la embajada estadounidense en México es sólo una de una serie de salidas diplomáticas de alto nivel de la región, y más ampliamente del Departamento de Estado.

Jacobson sirvió poco menos de dos años en el cargo, después de que su llegada se retrasó por un prolongado proceso de confirmación por parte del Senado republicano con Ted Cruz y Marco Rubio como principales opositores por razones ajenas a la relación México-Estados Unidos. Jacobson es una de las más experimentadas en temas de América Latina en el Departamento de Estado, después de haber pasado la mayor parte de sus 31 años concentrándose en la región y parte hacia Washington en un momento tenso en la relación de su país con México.

Se va mientras Donald Trump insiste en que México pagará por el muro fronterizo, además de su amenaza de romper el Tratado de Libre Comercio de América del Norte y deportar a millones de migrantes mexicanos.

Entendiendo la política de Trump, referente a los puestos diplomáticos, se podría guardar un buen tiempo antes de nominar oficialmente a alguien para sustituir a Jacobson como embajadora de Estados Unidos en México.

El mensaje hacia el cuerpo diplomático mexicano en ese sentido sería más que claro: México no es lo suficientemente importante para nosotros como para nominar a alguien de inmediato al puesto.

De hecho, la posición de embajador en México estuvo acéfala por varios meses por la jugarreta política a la que se enfrentó Barack Obama cuando la nominó.

Por el momento, ha trascendido que Edward Earl Whitacre Jr. expresidente y CEO de General Motors y director ejecutivo de AT&T sería el posible sucesor de Jacobson ante la embajada estadounidense. Un empresario retirado que tiene el perfil del exsecretario de Estado, Rex Tillerson. Hombre de negocios texano, tiene el beneplácito de la clase empresarial texana. Un hombre del que se dice, tiene un gran afecto por México, y que podría restaurar algo de consistencia y sentido común a la relación bilateral. Sin embargo, más allá de la emoción que este nombre generó en algunos, la salida de Tillerson de la Secretaría de Estado ha dejado en vilo el próximo nombramiento del nuevo embajador.

Exembajadores de México, como Tony Garza, han dado a los medios de comunicación buenas referencias sobre el trato y profesionalismo que un hombre como Whitacre le podría traer a la relación bilateral. Dice que tiene claridad, integridad y conoce a México como pocos otros: su historia, cultura, gente y los negocios. Sin embargo, resaltan en él su sinceridad, algo que no embona bien con las formas y modos del presidente Trump que no gusta de ser rebatido.

Dicen que Edward podría ser el único que pueda enfrentarse al presidente, que seguirá los hechos y dirá lo que piensa.

›La llegada de Whitacre como nuevo enviado del presidente Trump a nuestro país está en entredicho ante la salida de Rex Tillerson de la Secretaría de Estado, aparte de que la mayoría de los empresarios que han formado parte del gabinete presidencial de Trump han renunciado y salido con una puñalada del gabinete ante las formas y lealtad que pide Trump para él, no para su gobierno.

Lo que en un principio fue una selección mayoritariamente de empresarios, dio paso a la decisión de rodearse de un entorno militar más allá del empresarial.

Al momento, todo lo que tenemos son informes extraoficiales. En el caos actual que pasa por la política nacional estadounidense, podríamos estar a un tuit de una realidad completamente diferente. Trump puede inclusive dejar vacía la sede como mensaje hasta que México ceda en la agenda bilateral.  Si Trump se decide por Whitacre, a México vendría un hombre que conoce el país.

Lo que algunos quizás no sepan es que la experiencia de Whitacre en México data al menos hasta 1990, cuando el multimillonario mexicano Carlos Slim y otros se asociaron con Southwestern Bell para comprar Telmex. La venta fue la pieza central de los esfuerzos del presidente Carlos Salinas de Gortari, para privatizar la economía mexicana y abrir los mercados mexicanos a la competencia y en ese momento Whitacre fue un pieza fundamental.

Lo que está menos claro es si Donald Trump puede encontrar la manera de aprovechar al máximo a Whitacre, que aborrece la atención de los medios y la grandilocuencia.

¿Puede el magnate inmobiliario aprender del hombre detrás de American Turnaround, cuyos logros genuinos no requieren exageración? Un hombre que fue buscado por el expresidente Barack Obama para salvar la industria automotriz estadounidense. Ahora, sin Tillerson, la apuesta parece complicada. y la salida de Jacobson le presenta a Trump una oportunidad más para afinar su política de golpeteo constante hacia México.

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