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Angélica Ortiz

 acruz@ejecentral.com.mx

Al entrar a la casa se escucha en el estéreo Light my fire de The Doors, la rola perfecta que sirve de preludio para el primer golpe que llena la vista: cuatro paredes, esquinas y vitrinas repletas de antigüedades, desde figurillas y fotos, hasta jarrones de todos tamaños, platos y platones. El tiempo se detuvo en el lugar. Es un museo construido entre tianguis y recolectores de basura.

“Aquí te puedes dar un poco de idea de cómo nace esto”, suelta Carlos Villasana a punto de sentarse, al comenzar la entrevista con ejecentral

›No podría ser de otra manera la casa del fundador de la conocida página de Facebook La Ciudad de México en el tiempo, que nació no sólo por ser un coleccionista de imágenes y recuerdos, sino porque en esta era digital, dice, la difusión de archivos gráficos no es suficiente para conservar la memoria colectiva y preservar la identidad. Ahora las redes sociales lo convirtieron en el referente de la memoria de la Ciudad, especialmente para los jóvenes, porque todos los días reconstruye, cacho a cacho, los espacios y junto con los usuarios alimenta la historia de cada lugar.

“Ignoramos muchas cosas, más con este México que se transforma todo el tiempo. La memoria tiene que ver muchísimo con nuestra identidad, la identidad de nuestra ciudad, de nuestra colonia incluso. La identidad a través de la imagen no se fomenta en la escuela, tampoco en las casas de cultura, esto nos serviría para conocer nuestro pasado y conservar nuestro presente”, apunta este hombre siempre sonriente de poco más de 40 años. 

¿Cuántos huecos de la historia de la Ciudad podrías llenar si hubiera acceso a los archivos gráficos? 

—En este mundo digital, ¿dónde está todo eso? Las redes sociales están calificadas como no serias y entiendo por qué, algunas veces nos han robado fotos de la página, incluso la descripción que hacemos, pero también es un espacio para difundir. Los archivo como el AGN y otros que se dicen públicos, se vuelven exclusivos o hasta desconocidos, porque cobran o porque sólo los investigadores tienen acceso, y esto no ayuda en nuestra memoria. Es decir, si tiran una estatua, un monumento, un inmueble no entendemos la importancia de ese evento porque no los conocemos. 

¿Cómo empezaste tu colección de imágenes y archivos gráficos? 

—Cuando empecé a ganar dinero. Comencé a recobrar este gusto por las fotos, pero ya como coleccionista. Tenía algunos libros de mi papá, fotos que encontré en mi casa, pero además iba  a los tianguis para comprar y vender objetos antiguos, sobre todo postales y fotos; ahí podía encontrar objetos como los que a mí me gustaban. Podía comprar un lote de postales y lo revendía, en ese entonces era muy fácil, porque la gente llevaba sus fotos y cosas que ya no quería, a vender a los tianguis, fue muy sencillo hacerme de mi colección. 

“A veces hacía intercambios por fotos, que era lo que me interesaba, invertía mucho tiempo en esto. Por ejemplo, antes me iba al tianguis de Cuauhtémoc, al de Portales, ahí me ofrecían postales porque ya me conocían, es increíble pero mucho salía de la basura, a veces hasta me ofrecían cosas robadas. Así me hice de mi colección, tengo miles de postales, fotografías, negativos, revistas, libros, folletos y siempre que seleccionaba mis fotos partía de las que eran bonitas según yo, que tuvieran información, que se vieran los carros, la moda, la escena cotidiana, eso me sirvió”.

Para el 2000 lo antiguo se volvió moda y se encareció. Comenzó una competencia con el sitio de subastas ebay, y los precios se dispararon, dice Villasana. “Las postales del centenario de la Independencia, o algunas cosas de ese tipo costaban tres mil pesos, cuando antes costaban cien. 

›“El mercado de antigüedades era una súper infraestructura de la basura que había elevado sus precios. Cuando iba al tianguis ya todo era carísimo, si yo quisiera hacer una colección ahorita no podría por los precios en el mercado. Lo chistoso de todo es que yo hice toda mi colección no por dinero, todo fue por gusto”, sonríe Villasana.

El Face, reencuentro de los citadinos 

Todo comenzó por un blog. “Subíamos imágenes y poníamos el crédito, era lo que peleábamos, el crédito. A veces, nos reuníamos, hacíamos recorridos y llevábamos las fotos para hacer el ‘ayer y hoy’. En uno de esos recorridos invité a un amigo que era periodista y él llevó a Armando Ramírez, en ese entonces tenía espacio en Matutino Express, le gustó mucho lo que estábamos haciendo, nos preguntaba varias cosas, hacíamos hilos en blogs, hablando de temas específicos y gracias a esto, Armando nos invitó a su programa”. 

Para 2011 Carlos y otros cuatro amigos dedicados a la investigación decidieron comenzar con su página en Facebook, y le dieron nombre a su proyecto:  “La Ciudad de México en el tiempo”.

“Fue complicado en un principio, porque Facebook estaba en pañales, y mucha gente no entendía cómo funcionaba, eso de poner “me gusta”, comentar en una foto o mandar mensajes privados era muy complicado. Pensamos que iba a llegar mucha gente inmediatamente, a los tres días tuvimos un comentario, preguntándonos de dónde era esa primer foto, la gente no sabía nada. Poco a poco se fue armando, al mes o poco más empezó a crecer y llegaban muchos mensajes, al grado de que uno de los cinco administradores prefirió dejar el proyecto.

“La gente se comenzó a re encontrar con las fotos de las escuelas, de cines, de lugares públicos. Se ponían de acuerdo en nuestra página, era muy bonito, y posteriormente se empezaron a involucrar más, aportando información. La gente mayor participaba y también la gente joven, nuestro principal público era de usuarios de 13 años, incluso, por el hecho de querer conocer esa Ciudad de la que les hablaban”, relata. 

¿Qué complicaciones han encontrado en el camino? 

—Actualmente ni Facebook ni el gobierno fomentan la cultura de la imagen, aunque nosotros nos especializamos en esto, en ubicar y contextualizar, no recibimos el apoyo para difundir este archivo. Es una gran responsabilidad hacerlo solos, pero es también un reto.

“Nos han invitado a la UNAM a dar conferencias, hemos trabajado con muchas instituciones culturales y es un escaparate para nosotros. Me han salido trabajos en El Universal, en Canal 11 y hasta he colaborado en películas, como Museo, fui investigador iconográfico para la recreación del Museo de Antropología, de Satélite; en Roma, con Netflix, para ver las imágenes de la colonia, me las pidieron y de hecho ya las tenían porque las vieron en la página y en un documental de 2013, La piedra ausente”.

¿Hay algún lugar del que te haya costado trabajo encontrar fotos? 

—Sí, del sur, si hay fotos es porque a un lado había un templo, una escuela o era muy bonito pero era muy poco. Si me han mandado fotos, son de bodas, de salones, grupales, no con mucha información y aunque he buscado, me ha costado mucho trabajo.  

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