En un Senado donde el oficialismo y sus aliados cuentan con mayoría calificada, coordinar a una bancada de una quincena de legisladores podría parecer una tarea testimonial. No tiene por qué serlo. La diferencia entre una oposición que solo protesta y una que incide está en el oficio de quien la conduce. En ese terreno, el guerrerense Manuel Añorve Baños ha demostrado que la política parlamentaria sigue siendo, ante todo, el arte de leer la correlación de fuerzas y trabajar con ella sin renunciar a las convicciones.
Nacido en Ometepec, en la Costa Chica de Guerrero, en 1957, Añorve se tituló como abogado en la UNAM en 1981 y volvió después a esa misma casa de estudios para cursar la maestría y el doctorado. Ha sido profesor universitario, autor y coordinador de libros, y columnista. Esa doble vertiente —la académica y la práctica— explica buena parte de su estilo: argumenta con datos, cuida las formas legislativas y entiende que una reforma se defiende o se combate en el texto, no solo en el micrófono.
Su trayectoria de servicio público es amplia y diversa: secretario de Finanzas y Administración del gobierno de Guerrero, delegado de Banobras, dos veces presidente municipal de Acapulco, diputado federal, secretario de Operación Política del CEN del PRI y, desde 2018, senador por su estado, cargo que revalidó en 2024. Antes, en 2006, coordinó a los asesores de la bancada priista en el Senado. Pocas figuras del Congreso actual conocen la maquinaria legislativa desde tantos ángulos: el del gobierno que ejecuta, el del municipio que atiende directamente al ciudadano y el del técnico que redacta.
Añorve asumió la coordinación en marzo de 2023, en un momento de fractura interna tras la salida de Miguel Ángel Osorio Chong. El relevo no fue unánime y generó inconformidades; sería poco honesto ocultarlo. Lo relevante es lo que vino después: en agosto de 2024, las senadoras y los senadores electos para la LXVI Legislatura lo eligieron por unanimidad para encabezar la nueva bancada. Pasar de una votación dividida a un respaldo unánime en poco más de un año no ocurre por inercia; es el resultado de administrar diferencias, escuchar y repartir responsabilidades.
Esa prudencia no debe confundirse con tibieza. Añorve ha fijado posturas claras frente a decisiones de la mayoría que considera lesivas para el equilibrio de poderes, como la extinción de los fideicomisos del Poder Judicial, y ha defendido con firmeza el triunfo de su partido en las elecciones locales de Coahuila de 2026. Pero lo hace sin estridencias innecesarias y midiendo cada palabra, una virtud escasa en tiempos de polarización y de debate a golpe de redes sociales.
El oficio político se nota en lo que no siempre se ve: en la integración de comisiones, en la construcción de posicionamientos conjuntos con otras fuerzas de oposición, en saber cuándo conviene presentar un voto particular y cuándo acompañar una vía jurídica o de control constitucional. Con una bancada reducida, cada senador cuenta y cada intervención debe tener un propósito. Añorve ha entendido que la minoría dispone de herramientas —la tribuna, los mecanismos de control constitucional, la opinión pública y la coordinación opositora— y que su eficacia depende de usarlas con método y no con improvisación.
Quizá su rasgo más distintivo sea la capacidad de interlocución. Desde distintos espacios se le reconoce como un político conciliador, con relaciones que trascienden las fronteras de su propio partido. En un Congreso donde muchos puentes se han roto, mantener canales abiertos con la mayoría, con las demás oposiciones y con actores de la sociedad civil no es claudicar: es garantizar que, llegado el momento, haya con quién hablar y qué acordar.
Esa interlocución se proyecta también al exterior. Añorve forma parte de la representación mexicana ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, un foro donde se discuten democracia, derechos humanos y Estado de derecho; precisamente los temas que hoy ocupan el centro del debate nacional.
La militancia del PRI ya lo perfila como su principal carta para la gubernatura de Guerrero en 2027. Ese horizonte coloca su desempeño en el Senado bajo una lupa todavía más exigente: la congruencia entre lo que se sostiene en la tribuna y lo que se proponga para el territorio será su prueba más importante. Los retos son reales: un partido que debe reconstruir la confianza ciudadana, una entidad con rezagos profundos en seguridad y desarrollo, y un adversario con estructura y recursos.
Pero si algo ha mostrado Manuel Añorve en su paso por la coordinación es que la política todavía puede ejercerse con formación, mesura y voluntad de diálogo. En una época que premia el grito, apostar por el acuerdo es, también, una forma de valentía.
@jlcamachov