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Juan Pablo de Leo

El martes 21 de agosto, entre dos y cuatro de la tarde, hora local de la Ciudad de México, Paul Manafort, exjefe de campaña de Donald Trump, se convirtió en el cuarto personaje ligado a Trump en ser condenado por crímenes que investiga el fiscal especial Robert Mueller, sobre la injerencia rusa en las elecciones del 2016 y la eventual obstrucción de justicia por parte del ahora presidente. Sorprendentemente mientras eso ocurría, otro cercano a Trump, Michael Cohen —su exabogado— se entregaba al FBI, declarándose culpable de cargos en su contra e implicando a Trump, también por una investigación que de forma separada Mueller entregó en el distrito sur de Nueva York.

El equipo de Mueller ha tomado acciones legales contra los asociados de Trump en los últimos meses, pero hasta el momento ha hecho acusaciones contra Paul Manafort, quien enfrenta un juicio en Virginia por múltiples cargos de fraude bancario e impuestos. Los exayudantes de campaña Rick Gates y George Papadopoulos, así como el exasesor de seguridad nacional, Michael Flynn, también se encuentran entre los personajes clave de Trump que se han declarado culpables en la investigación de Mueller.

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Pero más allá de los acusados del pasado, el caso de Michael Cohen toma un giro interesante, particularmente por dos factores que pueden implicar acción directa en el futuro inmediato de Donald Trump. Por una parte, los reportes sobre la declaratoria de culpabilidad por fraude de financiación de campaña por pagos a la actriz porno, Stormy Daniels y a la exmodelo de Playboy, Karen McDougal; de los que mencionó el martes en la Corte Federal de Nueva York que hizo en coordinación con el entonces candidato republicano a la presidencia para influir en las elecciones, algo que Trump ha negado sistemáticamente y, por otro lado, los cargos en los que Cohen también se declaró culpable: fraude bancario y evasión de impuestos.

La relación de Trump con Cohen tiene una larga historia. Durante mucho tiempo, el exabogado Cohen se jactó de hacer cualquier cosa para proteger a Trump, su reputación e imperio comercial; incluso, alguna vez mencionó que recibiría una bala por Trump, pero la lealtad se cayó en su primera prueba, pues desde antes la relación comenzó a desvanecerse después de que el hoy presidente de Estados Unidos decidió no ofrecerle un puesto en su administración. Cohen había presumido a sus conocidos que esperaba incluso el puesto de jefe de gabinete de la Casa Blanca, pero no hubo nada para él.

El martes, cuando sucedió la declaración de culpabilidad de Cohen, poco se sabía sobre un supuesto arreglo de colaboración que habría firmado con Robert Mueller. Sin embargo, conforme fue pasando el día, la versión de que no habría colaboración alguna con Mueller tomaba fuerza. Parte del equipo cercano a Trump y su primer círculo han reportado como fuentes a la prensa estadounidense sobre el malestar de Trump en este caso y su frustración con el avance de la investigación.

En las últimas semanas, Trump en privado ha expresado sus dudas sobre la lealtad del abogado de la Casa Blanca, Don McGahn, quien no apoya la campaña de Trump para destituir al vicefiscal general, Rod Rosenstein, un disparo político que dejaría sin protección a Robert Mueller. McGahn también se ha enfrentado con el abogado personal de Trump, Rudy Giuliani, a quien se dice, odia con intensidad.

El New York Times reportó que McGahn había hablado durante más de 30 horas con los investigadores de Mueller, provocando que Trump haya incrementado su guerra en Twitter contra el fiscal especial. El mayor temor que se propaga por el ala oeste es que nadie sabe lo que McGahn le dijo a Mueller durante sus entrevistas.

Según una publicación de Vanity Fair, mucho de lo que impulsa la ira de Trump, es la creciente conciencia de que su equipo legal anterior, Ty Cobb y John Dowd, cometieron un error estratégico al renunciar al privilegio ejecutivo de cooperar plenamente con Mueller. Otra teoría de lo que está motivando los tuits cada vez más desquiciados de Trump es que Mueller puede acercarse a su hijo Don, como lo hizo con Manafort y ahora con Cohen.

Lo cierto y lo dicho es lo que se ha venido insistiendo en este espacio: la investigación mantiene su curso y sigue creciendo. Con el pasar de los días, las semanas y los meses, la información se amplía y se dan a conocer datos previamente desconocidos. En la medida que Mueller pueda generar información, nuevos descubrimientos y entregue un caso sólido, los demócratas necesitarán recuperar el Congreso el próximo mes de noviembre para pensar en la posibilidad de un juicio político.

Desde la época de Richard Nixon no se escuchaba en una corte abierta la acusación directa a un presidente por estar involucrado en actividades ilegales.

El caso de Cohen es simbólico en estos momentos de definición para la elección que viene para los próximos meses. Aunque difícilmente afectará la credibilidad de Trump con su base electoral, en parte por el descrédito que ha logrado en medios tradicionales que cubren y empujan la información, sí puede provocar una sensación de balance con la actual Casa Blanca y que sea el empuje para que los demócratas recuperen el poder y cambien el panorama en cuanto a las similitudes que tiene el caso con Watergate, el único que en la historia moderna que ha provocado la dimisión del presidente.

Para Trump, atreverse en estos momentos a tocar la investigación, como su poder presidencial le permite, significaría aceptar de cierta forma una culpabilidad que implicaría un peso demasiado serio para sortear. Por el momento ha decidido quedarse fuera hasta de la entrevista con Mueller. Con los recientes sucesos, quizá redoble la apuesta y entonces sí vea como última opción sentarse con el fiscal especial.

Desde el involucramiento de Mueller en la investigación sobre la injerencia rusa en las elecciones estadounidenses, Trump ha reaccionado particularmente en diferentes momentos a ésta. Uno de ellos, el allanamiento del FBI a varias ubicaciones; apoderándose literalmente de millones de documentos y registros digitales que proporcionan a los investigadores una hoja de ruta de Trump y una mirada a las transacciones financieras. Reportes afirman que es probable que algunos de esos documentos se relacionen directamente con la familia cercana y primer circulo de Trump. Uno de ellos, su hijo, Don Jr.

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