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Martín Pérez

“Sí tenemos claro lo que tenemos que hacer;  y a mí me da mucho gusto que estén en esta labor tan noble, les felicito, y con mucho gusto y con convicción yo firmo el documento y me comprometo –yo estoy acostumbrado a cumplir los compromisos- [..] en el caso en el que la gente nos apoye y nosotros ganemos, vamos a cumplir los compromisos”, decía el entonces candidato presidencial el 30 de abril de 2018, cuando aceptó firmar #MXporlaNiñez[1] con las organizaciones sociales –por segunda ocasión en su búsqueda por la presidencia–.

Estaba signando en ese momento nueve compromisos a favor de la niñez mexicana. El primero, fortalecimiento institucional del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA); el segundo, inversión pública para la niñez y adolescencia, presupuesto participativo y equitativo; el tercero, disfrute del más alto nivel posible de salud; el cuarto, protección contra todas las formas de violencia e impunidad; quinto, educación de calidad e incluyente para todas y todos; el sexto, participación efectiva y sistemática de niñas, niños y adolescentes; el séptimo, protección especial a niñas, niños y adolescentes en contextos de movilidad; octavo, acciones afirmativas a grupos de niñez altamente excluidos; y el noveno; estimular el rol de la sociedad civil como Entidades de interés público.

¿Será Andrés Manuel recordado como el presidente ChildFree?, es decir, un político de alto nivel que intencionalmente se aleja de los derechos de niñas y niños; sumándose a la tendencia global de generar espacios libres de niños, especialmente en segmentos clasistas que buscan exclusividad, y que por la cultura adultocéntrica se permite justificar estas prácticas de discriminación, al considerar a niñas y niños como irresponsables, silvestres e incontrolables; exigiendo a las mamás mantenerlos bajo control. Además, niñas y niños tienen otra gran desventaja política: no tienen derecho al voto, por lo que pueden ser un tema distractor, de aquellas agendas que sí se traducen rápidamente en votantes leales.

Llamo la atención del lector para recordar las pocas ocasiones en que niñas y niños llegan al espacio mediático del presidente, y cuando aparecen son convertidos en objetos de protección o medio para moralizar a las familias. Lamentablemente no les otorga equivalencia humana, no son considerados ciudadanas y ciudadanos de pleno derecho; por lo cual le parece más aceptado hablarles a las mamás, a las abuelas, maestras y personas cuidadoras.

Aún el nuevo milenio, socialmente está más justificado ignorar a la niñez, que pronunciarse en contra de los movimientos feministas o los derechos de personas de la diversidad sexual, quiénes sí pueden movilizar el voto de castigo.

Estamos a unos días de un nuevo informe presidencial, y surge la pregunta: ¿Volverá a invisibilizar a 39 millones de niña, niños y adolescentes? A tres años de distancia del triunfo político electoral de Andrés Manuel López Obrador, quién después de ser por décadas “el opositor” se convirtió en presidente de México. Con sus particularidades, comparte con Vicente Fox, su llegada al poder por el voto de castigo al partido oficial; sin menoscabo de su liderazgo, un alto porcentaje de los millones de votantes no lo hicieron por él, ni su proyecto de nación, sino por las grandes expectativas que cada cual le atribuyó mágicamente al candidato, sumando a votantes con fe en un cambio. Es decir, creyeron sin ver. Y por su puesto, la realpolitik operó entre algunos actores políticos cercanos a la socialdemocracia –de diversos partidos políticos y grupos empresariales– que encontraron una oportunidad pragmática para colocar una agenda más progresista, para priorizara la reducción de las profundas brechas de desigualdad, el combate a la corrupción y un freno al baño de sangre que ha ocasionado la militarización y la guerra. Sin embargo, el candidato opositor vivió la transfiguración del poder que lo convirtió en un personaje más cercano al realismo mágico de las novelas de Rulfo, que a un Jefe de Estado.

La invisibilidad de niñas, niños y personas adolescentes es cotidiana con un presidente ChildFree, que decidió dejarles fuera de los 25 proyectos estratégicos que estableció Andrés Manuel como sus metas de gobierno. Es decir, la auto llamada Cuarta Transformación inició con una deuda histórica muy importante con uno de cada tres habitantes, al discriminarles en la agenda política y económica del gobierno que discursivamente pretendía realizar cambios profundos en la sociedad mexicana. Es así, que estar fuera de los proyectos prioritarios, le ha significado a la niñez y adolescencia no ser tema presupuestal y estar fuera las preocupaciones del presidente; y en el olvido legislativo del partido mayoritario.

Sin duda, con tres años de gobierno, es posible afirmar que es un presidente desfasado de los avances alcanzados por el Estado mexicano en la última década: la creación de organismos públicos autónomos, el modelo de gestión basado en resultados, los sistemas de coordinación de alto nivel, el gobierno abierto y generación de datos públicos, y quizás la más importante para la gobernabilidad democrática es la reforma constitucional de derechos humanos de 2011. En esa ola de cambios la agenda de infancia se anotó grandes logros: incorporar el principio del Interés Superior de la Niñez y permitir la concurrencia del Congreso de la Unión para legislar en la materia. Poco tiempo después logramos la Ley General de Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, alcanzando el estándar internacional con la creación del Sistema Nacional de Protección Integral –SIPINNA–, un mecanismo de alto nivel para la coordinación de las políticas públicas de infancia en un Estado Federal. Sin exagerar, representa una revolución institucional para todo el país, y especialmente para la garantía de los derechos humanos de 39 millones de niñas, niños y adolescentes.

De los compromisos que firmó en su etapa de candidato –el 30 de abril, día de la niñez– hay malas noticias. En cada uno de estos compromisos su gobierno ha actuado en contra de niñas, niños y adolescentes. El primero, fortalecimiento institucional del Sistema Nacional de Protección Integral de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA), ha dedicado varias mañanera a insistir en la duplicidad de funciones con el Sistema DIF Nacional, y su intención de desaparecerlo; el segundo, inversión pública para la niñez y adolescencia – presupuesto participativo y equitativo; con su política de austeridad republicana se han eliminado o recortado más de 30% los presupuestas destinados a la infancia. Sobre el tercer compromiso, relativo al disfrute del más alto nivel posible de salud, es ampliamente conocido el desastre ocasionado al sistema de salud con altísimos números de personas muertas y contagiadas por COVID-19. El cuarto, protección contra todas las formas de violencia e impunidad; lamentablemente se han duplicado las cifras de niñez desaparecida, y víctima de la violencia armada; en el quinto punto, educación de calidad e incluyente para todas y todos; perdimos en la Pandemia a 5.2 millones de niñas, niños y persona jóvenes que abandonaron la escuela, y ahora mismo el retorno a clases convertido en un capricho del poder presidencial. El sexto compromiso, participación efectiva y sistemática de niñas, niños y adolescentes ha sido ignorada totalmente; el séptimo, protección especial a niñas, niños y adolescentes en contextos de movilidad; tiene como respuesta la docilidad del Estado mexicano a los mandatos de los Estados Unidos para frenar el flujo migratorio. El octavo compromiso, acciones afirmativas a grupos de niñez altamente excluidos ha tenido anuncio de programas asistencialistas; y el noveno; estimular el rol de la sociedad civil como Entidades de interés público, ha promovido el linchamiento público con acusaciones de corrupción, rompimiento del diálogo institucional y la persecución fiscal a través del Servicio de Administración Tributaria SAT.

Es un hecho fáctico que es un hombre viejo en edad, con un sistema de creencias del siglo pasado y profundamente patriarcal. En su narrativa no hay palabras inocentes. La famosa frase “tengo otros datos”, es parte del espectáculo mañanero que nos permite ser testigos de cómo la mirada personalista y tradicional se imponen sobre la posibilidad de un discurso institucional y respetuoso de la reforma constitucional de derechos humanos. Sobra decir, que el meme de AMLO candidato vs. AMLO presidente es sólo una síntesis de las miles de promesas de campaña incumplidas que se van deshojando, una a una, en un mar de contradicciones.


[1] Firma de Andrés Manuel López Obrador, candidato a la presidencia de la República, de los nueve compromisos #MxPorLaNiñez con organizaciones sociales. 30 de abril del 2018.

*Coordinador de Tejiendo Redes Infancia en América Latina y el Caribe

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