Gabriela Sotomayor

Es censura la disección pública que hizo el presidente Andrés Manuel López Obrador de los principales diarios del país y el conteo subjetivo de textos positivos, neutrales o en contra de la 4T. La manera en que lo hizo en un video y luego en su mañanera constituye un ataque directo a la libertad de expresión. Es muy preocupante.

Atacar a un periodista es una bomba de tiempo que AMLO tiene que desactivar antes de que sea demasiado tarde y le explote entre las manos.

Si ocurre cualquier ataque desafortunado contra alguno de los señalados por su dedo acusador, que esperemos no suceda, la responsabilidad puede recaer en el Presidente y eso le traería consecuencias gravísimas, sobre todo si quiere hacer historia.

En su lista negra figuran personalidades que lo han llamado a calmar las aguas y bajarle a su tono autoritario. Recientemente también nombró a Raymundo Riva Palacio, director general de ejecentral, “otro que es muy crítico conmigo, desde siempre’’, dijo AMLO (23-09-20).

Desde su púlpito lanza acusaciones contra Héctor Aguilar Camín, Enrique Krauze, Jorge Castañeda, Pablo Hiriart, Carlos Loret de Mola, Brozo, Chumel Torres, Leo Zuckermann, en fin, se van sumando nombres, la lista no es exhaustiva . Si AMLO es prócer de la libertad de prensa y de la democracia, como le piden los intelectuales, “esto tiene que parar”.

Es sintomático que Loret escriba sobre el terrible asesinato perpetrado contra el periodista Jamal Khashoggi en el consulado de Saudi Arabia en Estambúl, también Chumel confesando amenazas contra su persona, a lo que se suma la violencia virtual y verbal que sufren los acusados por AMLO.

Su objetivo es que Nexos, Letras Libres, Proceso —que se portó mal— El Financiero, El Universal, Excélsior, Milenio, El Economista, El Heraldo y Reforma —“pasquín inmundo”— sufran recortes de publicidad porque algunos anunciantes no querrán quedar mal con el Sr. Presidente. Quiere asfixiarlos. Eso es censura pura y dura.

AMLO mostró el “análisis” de “Jesi” el jueves pasado según el cual el 10.6% de los textos fueron positivos para la 4T, 23.1% neutrales y 66.3% negativos. Si le sirve de termómetro que haga la revisión en privado.

El portavoz de la Alta Comisionada de la ONU para Derechos Humanos Rupert Colville me dijo que “los representantes gubernamentales de alto nivel deben ejercer el grado necesario de precaución al hacer declaraciones delicadas que podrían interpretarse como una reducción de la libertad de expresión u opinión”.

“Dada la importante función y el acceso a los medios que tienen, sus mensajes tienen un alcance más amplio y un mayor impacto”, recalcó.

Por su parte David Kaye, exrelator Especial de la ONU para Libertad de Expresión comparó a AMLO con Trump: “No es tan diferente de Donald Trump llamando a la prensa por nombres y atacando a periodistas. No es así como un gobierno debe responder a la prensa que no lo favorece”.

 A López Obrador le duele que la prensa cuestiona su incomprensible manera de gobernar, el desastre del manejo de la pandemia, la economía a la baja desde que tomó el poder, recortes a programas fundamentales para la mujer, desprecio a las víctimas, la militarización, inseguridad rampante, asesinatos al alza, incluyendo los de periodistas y defensores.

En lugar de buscar venganza, el pulso de la prensa debería servirle de espejo. Sus proyectiles contra periodistas generan un ambiente de violencia contra ellos y las cosas se pueden salir de control. La bomba puede estallar.

AMLO se hunde ante la avalancha de críticas, pero la respuesta no es el ataque al mensajero, ni la censura, ni la reducción del espacio democrático. La solución es el buen gobierno. 

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