Gabriela Sotomayor

El Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, habla sin respirar, le da por utilizar toda clase términos, argumentos y justificaciones para tratar de blindarse por sus errores en el manejo de la pandemia. Si sabía que en México hay una epidemia de obesidad y de diabetes, ¿por qué no diseñó una estrategia comprehensiva para atacar el problema cuando llegó la pandemia?

Desde que se analizaron las primeras muertes en China se supo que las personas con comorbilidades eran consideradas de alto riesgo. En México el exceso de mortalidad se debe en gran medida a ese factor. No es culpa de quienes padecen estos males. Es la responsabilidad del gobierno por subestimar los efectos del virus en este grupo de población.

En los primeros días de la pandemia el presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo la ocurrencia de llamar a las mujeres para que cuidaran a los ancianos, cosa que cayó en el hígado, pero no se habló con seriedad sobre los cuidados especiales para obesos, diabéticos o hipertensos.

Qué bueno que la Secretaría de Salud quiera llevar a cabo un programa contra los malos hábitos de alimentación de la población. Es encomiable y es necesario.

El etiquetado en alimentos procesados y refrescos es sin duda un gran avance así como la iniciativa para mejorar el sistema agroalimentario. El derecho a la alimentación y a la salud, son derechos humanos reconocidos por la ONU y es obligación del Estado garantizarlos.

Sin embargo, es inaceptable que no se hayan medido los efectos devastadores del Covid en las personas con estas comorbilidades durante los meses que tuvo el gobierno para prepararse antes de que pegara la epidemia.

Diseñar un plan agresivo para el 73% de la población con obesidad y sobrepeso, 25% con hipertensión y 14 % de diabéticos era un desafío inmenso e hiper complejo y de esa dimensión es el problema que ahora vive el país con la pandemia.

Es inexplicable por qué el zar del coronavirus no convocó a científicos, epidemiólogos, ex Secretarios de Salud y a la Organización Mundial de la Salud para diseñar una estrategia tomando en cuenta este escenario y darle la pelea al virus que sigue teniendo secuestrado al mundo entero.

 Quizá López-Gatell tuvo un error de concepción y pensó que la OMS exageraba con la gravedad del virus como sucedió con la pandemia de influenza A(H1N1) que al final del día no causó los estragos esperados. No supo ver el tamaño de la emergencia.

Fue hasta la semana pasada cuando lanzó culpas y vociferó por las cifras de “estas otras epidemias escandalosas“ cuando esos datos debieron ser la guía al principio del brote en México para elevar la alerta máxima y que el 73% de la población tomara todas las precauciones. Pero no lo hizo.

Si ahora la Secretaría de Salud reconoce que la pandemia le pega más al país porque “es un país enfermo y uno de los países con mayor prevalencia de obesidad en el mundo“, pues qué espera para corregir el rumbo, recomendar seriamente el uso de cubrebocas y escalar el número de pruebas, rastreo de casos, precisamente para evitar que más gente con padecimientos crónicos siga muriendo.

López-Gatell desvía las críticas y jura y perjura que su respuesta a la pandemia así como su estrategia para hacer pruebas de laboratorio están “avaladas por la OMS“. Se tiene que tener valor para afirmarlo sin morderse la lengua.

Las personas que sufren obesidad, diabetes o hipertensión, se sienten arrastradas por la corriente del Covid-19 y se hunden en crisis de pánico cuando se contagian con el maldito virus pues muchos se sienten condenados a muerte. Nadie de la 4T les habló fuerte y claro cuando se detectaron los primeros casos ni les advirtió que la pandemia venía en serio. Es imperdonable.  

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