Gabriela Sotomayor

¿Por qué el Subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, se empeña en negarse a hacer las pruebas de diagnóstico Covid-19 y en saber la dimensión real de la epidemia? ¿No hay presupuesto? ¿Será porque habría de repente un aumento significativo en el número de casos? ¿La gente se asustaría? ¿Habría dudas para el desconfinamiento?

“El que nada sabe nada teme’’, parece ser la metodología, no muy científica, del subsecretario.

Realizar pruebas de PCR de manera extensiva detectaría los casos leves que no han llegado al hospital arrojando números quizá alarmantes. Tal como pasó en varios países cuando se aplicaron pruebas masivas.

Sería necesario saberlo porque los casos leves, de personas que están por las calles o haciendo las compras, son vectores del virus y son los principales transmisores. Así que hay una idea vaga de que hay más infectados, pero la certeza no se tiene.

Es por eso que la experta epidemióloga de la OMS, Margaret Harris me dijo que México va a ciegas con la pandemia porque “las pruebas son los ojos para ver el virus y sin ellas no se sabe en dónde está, ni a dónde va’’.

Es inconcebible que un científico y epidemiólogo como López-Gatell no haya insistido en hacer estas pruebas, sobre todo al personal de salud implicado, a contactos de pacientes, a los que tienen comorbilidades, en fin, ir a la caza del escurridizo virus.

Y cuidado porque en los municipios de la esperanza habría que estar un poco desesperanzados porque ahí tampoco han hecho pruebas PCR, así que las cifras felices de esos municipios y sus alrededores podrían ponerse en duda.

Pero después de insistir tanto en el tema del test, test, test, se podría concluir que en realidad la 4T no quiere saber el número real de casos y mucho menos de muertes. Así tal cual.

Con los datos que se tienen hasta ahora, México está en un escenario bastante optimista si se compara con Estados Unidos con más de un millón de casos, o con Brasil, Italia o España.

Tal como se ve en el mapa de la universidad Johns Hopkins no vamos tan mal. México se acerca a los Países Bajos, pero con la salvedad de que su población es de 17.2 millones de habitantes, vamos peleando con Bélgica con 11.4 millones y Chile con 18.7 millones de residentes.

Así que no hay nada qué temer, el trabajo se hizo bien y la población estará tranquila y muy feliz de regresar a sus actividades con un retorno “ordenado y organizado’’, como presume López-Gatell, pero sin pruebas.

Me pregunto cómo van a activar el mentado semáforo sin saber en dónde está el virus, sin ojos, a ciegas. El subsecretario juega con las cifras a su propia conveniencia y al final del día las acomoda a su calendario.

El titular de la OMS, Dr. Tedros, lanzó tres preguntas que los gobiernos deben responder antes de la apertura para evitar un rebrote agresivo :  

“¿Está bajo control la epidemia ? ¿Puede el sistema de salud hacer frente a un resurgimiento de casos que pueden ocurrir después de relajar ciertas medidas? ¿Es el sistema de vigilancia de salud pública capaz de detectar y manejar los casos y sus contactos e identificar un resurgimiento de casos ?’’

“Estas tres preguntas pueden ayudar a determinar si el encierro se puede relajar lentamente o no’’, recomienda Tedros.

Ante la opacidad, mejor que la 4T hable claro y de frente.

Que digan que no quieren ni les interesa saber el número real de casos, que no hay presupuesto para hacerlo, que se debe apresurar la apertura porque hay millones de personas al filo de la pobreza y del hambre, que el problema está en que AMLO no quiso apoyar a pequeños, medianos y grandes empresarios a sostener sus plantas de trabajo.

Así que ya estuvo bueno de estar en casa. Ahora a trabajar, en lo que se pueda y en lo que se encuentre, dirán en Palacio Nacional.

Antes que hundirse en el panorama real de la pandemia y en los datos duros, López Obrador y López-Gatell prefieren ir apagando el fuego a ciegas, total, en una de esas puede ser que le atinen.  

Ojalá que el cohete no les estalle en las manos.

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