Gabriela Sotomayor

En un infierno viven a diario médicos, doctoras, especialistas, enfermeras, enfermeros y todo el personal de salud que tienen que plantarle cara a la pandemia que está muy lejos de terminar.

Seguramente todos ellos están felices porque AMLO ya se disculpó por sus comentarios lacerantes. No estamos hablando de los grandes consorcios médicos, estamos hablando de personas con una vocación de entrega muy poco valorada en el país.

Mercantiles les llama AMLO, como si hubiera desdoro en cobrar por un trabajo, pero con o sin pandemia los sueldos son muy bajos. Es mezquino ese trato, me dice una doctora del IMSS.

Muchos tienen dos o más empleos “para compensar las cosas’’ porque su sueldo no da para vivir con dignidad. 

La salud no ha sido prioridad en el país, además de que las poblaciones son muy grandes y poca plantilla de médicos, pero con todo y eso están ahí en pie de lucha.

Piensan que el personal de salud tiene ganancias cuando los que están con los pacientes “no tenemos nada que ver con dineros, ni con las cuentas ni con el administrativo’’.

Las disculpas, con todo y anécdotas del Ché Guevara no sirven de mucho, son como un clavo en un trozo de madera: se retira el clavo, pero la marca sigue ahí. El daño está hecho.

Es realmente injusto lo que está pasando con el gremio de salud porque jamás se imaginaron que iban a lidiar con un monstruo invisible con tan pocos recursos, tan poco respeto, tan poco equipo, tan poca comprensión.

“Es algo muy duro’, me dice una persona del gremio con la voz quebrada y cuenta que su centro médico no es Covid, pero “tenemos que entrar a ayudar a los internistas sin ser entrenados’’ y compró sus tapabocas porque los que les dan son como “una servilleta’’.

Relata su día a día: el agotamiento, el miedo a contagiarse o de infectar a su familia, pero sobre todo la angustia de ver a personas que llegan mal y a quienes no pueden ayudar porque no hay un internista, personal, equipo, ni pruebas, ni suficiente oxígeno, ni ventiladores.

Al “hospitalito’’ ubicado en una zona marginal llegan pacientes con Covid “y los hemos visto morir’’ y la familia piensa que “que todos los hospitales tienen el abasto y la capacidad de atender a todas las personas y no es así’’.

No pueden creer que no hay equipo porque “en la tele’’, en las conferencias de AMLO, presumen que cuentan con los insumos enviados de China “y piensan que no los queremos atender, se sienten frustrados, se enfurecen y se ponen agresivos’’.

Y si el enfermo muere, “la familia piensa que le hicimos algo. Se enojan porque están bombardeados con mentiras y mensajes que son contradictorios’’.

“Tenemos mucho miedo por los ataques a los compañeros en la calle’’, continúa narrando la persona, y además de la situación, del agotamiento físico y mental , de ver gente que muere sin remedio, de estar en la línea de fuego, los golpean.

“Respetan más a un narcotraficante que a uno de nosotros’’, acusa con profunda decepción. “Llegas al trabajo a dar lo mejor de ti para que salgas y te hagan sentir que no vale la pena arriesgar tanto’’, me cuenta y deplora que unos ocho mil colegas se han contagiado y al menos 111 han muerto.

También relata cómo es que debido a la saturación de hospitales en Ciudad y Valle de México, han tenido que improvisar en centros médicos “con la estructura de un consultorio’’ y en los que falta de todo.

“No tienes cómo’’, se lamenta y dice que ni ella ni sus colegas quieren dormir en Los Pinos, “queremos un equipo de protección para poder descansar bien a solas, sin estar vigilados’’.

Mientras el personal de salud se hunde en la pandemia y sortean peligros entre enfermos, familiares y sociedad, AMLO ataca de manera insensible a quienes más que nunca necesitan reconocimiento. 

Que mande a los militares a enfrentar el virus, a ellos sí que los premiará. 

Compartir