Gabriela Sotomayor

En la desangelada y solitaria ceremonia del Grito de Independencia en plena pandemia de Covid-19, al presidente Andrés Manuel López Obrador se le olvidó mencionar a los nuevos héroes y heroínas del país, quienes no han escatimado un día de trabajo desde que surgieron los primeros casos con el nuevo virus: el personal de salud.

Tuvo la oportunidad inigualable de reconocer a miles de especialistas, epidemiólogos, médicos, médicas, enfermeras, enfermeros, laboratoristas, ayudantes, personal de limpieza, camilleros, conductores de ambulancias, personal administrativo, y un sin fin de personas que han arriesgado su propia vida para salvar a los demás.

Dejó ir ese momento ideal con bandera en mano para unir a los mexicanos en torno a la lucha contra la pandemia que se sigue propagando implacable por el país.

Aquí otro grito: Viva el personal de Salud que a pesar de no haber tenido equipo de protección, de no contar con instalaciones médicas apropiadas, medicamentos, ventiladores, tanques de oxígeno, se la juegan a diario para sacar adelante a sus pacientes.

Viva el personal de Salud que ha soportado horas metido en trajes PPE, sin saber exactamente cómo tratar el virus, sin tener descanso, ni mejores prestaciones y con la enorme tensión y cuidados para evitar el contagio.

Viva el personal de Salud que durante meses no ha podido besar a sus hijos, abrazar a sus padres, a sus abuelos o a sus seres queridos, por miedo a infectarlos.

Vivan los trabajadores esenciales, los campesinos, los que trabajan en farmacias, supermercados, los que han mantenido el abasto.

Vivan los mexicanos que se ayudan unos a otros en medio de esta tragedia menospreciada por el gobierno. Vivan los ciudadanos que usan cubrebocas, los que respetan todas las medidas  para romper las cadenas de transmisión y no hacen pachangones.

Viva el personal de Salud cuyos nombres e historias desconocemos, los que han dado la mano o acompañado a más de 71 mil personas en el lecho de la muerte.

Vivan los familiares de las víctimas del Covid-19, que rotos por el dolor y por la ausencia de sus amores, siguen adelante a pesar de los pesares.

Y a los muertos de la pandemia, habrá que ofrecerles una sincera disculpa, no una antorcha en medio de fuegos artificiales y música de mariachi.

Esa gran llama “de la esperanza“ para 71 mil personas fue una pésima idea. ¿Esperanza de qué? ¿De no enfermar, de no morir?  

Se trataba de una fiesta nacional no de un homenaje solemne. ¿Y eso de viva el amor al prójimo ?¿Vivan los diez mandamientos también? Me pregunto quién asesora a AMLO con estas genialidades de antorchas, rifas y otras calamidades.

Mezclar la fiesta de independencia con las víctimas de la pandemia es insultante. AMLO debe convocar a una ceremonia nacional dedicada a las personas que han perdido la vida por el Covid. Un verdadero homenaje con sus nombres y apellidos.

Urge una ceremonia solemne para las víctimas y en especial para el personal de salud que ha perdido la vida. 

Nombrar un día para recordar a los muertos de la pandemia con flores blancas. Quizá el 28 de febrero cuando surgió el primer caso o el 18 de marzo cuando se registró la primera muerte (con el perdón de Lázaro Cárdenas).

Amnistía Internacional acusa que México es el país que registra el mayor número de muertes de personal de salud a nivel mundial por la pandemia. Al menos, han perdido la vida mil 320 personas. Además, unos 97 mil 632 trabajadores en  hospitales se han contagiado. La 4T no toma en serio sus vidas.

Cuando AMLO camina por los pasillos silenciosos de su residencia y se planta en la soledad del palco de Palacio Nacional, los trabajadores de salud siguen hundidos en una terrible angustia y cansancio porque la pandemia no termina. El grito es para los héroes.  

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