Irene Muñoz

@iremunoz

El día de hoy muchas personas (sobre todo hombres), se acercan a nosotras para darnos una rosa, un chocolate, un abrazo o sencillamente decirnos: ¡Felicidades  por ser el Día Internacional de la Mujer!. Esto me parece una broma de mal gusto.

Lo peor, muchas personas de la política de todos partidos y niveles, se suman a la celebración. Esto, demuestra la ignorancia que poseen así como la incapacidad de sus equipos de asesoría que organizan incluso celebraciones, sin tener idea alguna de lo que este día significa.

Señores, las mujeres les tenemos una noticia: este Día Internacional de la Mujer no es una celebración, es una conmemoración que nos permite reflexionar sobre lo que ha ocurrido con nosotras a lo largo de la historia, así como también es una referencia sobre todo el trabajo que aún se debe hacer. Es cierto que desde hace unas décadas podemos ejercer el voto pero esto no significa que nuestros derechos, seguridad, oportunidades, libertades y salarios sean iguales a los de la mayoría de ustedes, los hombres.

Muchas desgracias han pasado en la historia reciente, que han dado pie a esta conmemoración. Por ejemplo, recordemos lo ocurrido el 25 de marzo de 1911 con el incendio de la fábrica de camisas Triangle Shirtwaste en Nueva York, en el que murieron 146 mujeres y 71 resultaron heridas.

Estas mujeres eran en su mayoría inmigrantes de Europa del Este e Italia, algunas de ellas contaban con tan sólo 14 años de edad y oscilabran entre esa y hasta los 23 años. Laboraban cada día, más de nueve horas continuas de lunes a viernes, y los sábados siete. Por las jornadas laborales cobraban entre 7 y 12 dólares por toda la semana de trabajo.

La desgracia inició cuando el fuego se presentó en el Edificio Axh ubicado en Greene Street y Washington Place en Greenwich Village, en los pisos 8, 9 y 10, las costureras trataron de salir para salvar su vida pero se encontraron con todas las puertas cerradas por fuera, así como las salidas a las escaleras de emergencia, una práctica común realizada por los dueños para evitar así posibles hurtos de mercancía.

El horror llegó a tal grado, que varias de ellas se aventaron por las ventanas del edificio para tratar sobrevivir pero, como usted imaginará, de 8, 9 y 10 pisos de alto, esto no iba a ocurrir.

Se informó por parte de los bomberos que el orígen del incendio fue una colilla mal apagada que fue tirada a un bote lleno de tela, mismo que no había sido vaciado en dos meses; pero lo más importante fue que, por el accidente, quedaron expuestas las condiciones tanto laborales como de seguridad en estas fabricas de textiles.

A partir de ello se creó el Sindicato Internacional de Mujeres Trabajadoras Confeccionistas que luchó por mejorar las condiciones laborales de todas ellas.

Pero esto no ha terminado. En nuestra historia reciente hemos tenido desgracias como la antes descrita en las que se exponen problemas similares que la globalización, en lugar de resolver, ha incrementado.

También en nuestro país, específicamente en la Ciudad de México, el drama cubierto de polvo, dolor y corrupción ocurrió en nuestras calles por el terremoto de 8.1 grados de intensidad del 19 de septiembre de 1985.

Aproximadamente mil 600 mujeres costureras perdieron la vida al quedar debajo de los escombros de los edificios en los que estaban instaladas múltiples fabricas textiles -algunas eran clandestinas-, ubicadas entre las calles de Donceles y hasta San Ántonio Abad. ¿La razón? Los edificios no eran adecuados para soportar el peso de la maquinaria, los productos para la manufactura y las personas que ahí trabajaban.

En medio de ataúdes ubicados en las esquinas de Tlalpan, en los que eran arrojados los cuerpos sin vida de todas ellas, para ser trasladados al Parque de Béisbol para su identificación, dejaron al descubierto la falta de condiciones laborales así como humanas para esas mujeres. Como consecuencia, se creó el Sindicato 19 de Septiembre que empezó con cierta fuerza apoyadas por la sociedad pero que, al tiempo, quedó en el olvido sin lograr mejorar las condiciones laborales en la industria.

En abril de 2013, el edificio Rana Plaza ubicado en Daca, se derrumbó sobre las personas que trabajaban en esa fábrica textil y murieron alrededor de mil 100 personas así como más de 2 mil resultaron heridas.

Las costureras habían comentado de las grietas en el edificio pero esto no fue importante para los dueños que debían cumplir con los envíos de prendas de vestir a empresas en occidente y obligaron a sus trabajadoras a entrar al edificio que más tarde se desplomó.

Estas mujeres cobran aproximadamente 2 dólares al día, trabajan en condiciones de alto riesgo así como de maltrato y violación absoluta a los derechos humanos. Según reportes de la industria dados a conocer en el documental “The true coast”, en el mundo hay unos 40 millones de obreros textiles de los cuales el 85 por ciento son mujeres.

Se reunieron y formaron un sindicato para pedir mejores condiciones laborales y un salario de 120 dólares al mes. Como respuesta de su gobierno y empleador recibieron una golpiza así como fueron obligadas a regresar a sus lugares de trabajo en las mismas condiciones en las que se encontraban. Al día de hoy siguen trabajando para crear la ropa que tiendas como H&M, Zara y muchas otras llevan al mercado que consumimos.

Historias como esta podemos encontrar en la mayoría de los países y no son lejanas a lo que ocurre en nuestro entorno, incluso en lo que nosotros mismos pregonamos. Algunas personas cuentan con mujeres que colaboran en sus casas realizando labores domésticas, muchas de ellas, por no decir la mayoría, no cuentan con contrato de trabajo, prestaciones laborales ni mucho menos resguardo a sus derechos humanos.

No pueden comer lo mismo que come el resto de la familia, no cuentan con habitaciones que les permitan tener un espacio digno y con todos los servicios, tampoco se tiene un lenguaje digno cuando se dirigen a muchas de ellas, son tratadas como personas de segunda. ¿Le suena conocido?. Sí esto ocurre en nuestro país.

Como usted puede observar, este Día Internacional de la Mujer es para recordar a todas esas muertes y esa lucha de vida para lograr que hoy, las mujeres, podamos contar con un espacio de equidad.

No queremos una distinción como mujeres, sólo queremos igualdad y eso no se consigue con un Feliz Día de la Mujer sino con reformas a las leyes, cumplimiento de las mismas así como modificación en la conciencia de usos y costumbres en nuestras comunidades.

Cómo puede observar, el Día Internacional de la Mujer no es una ocurrencia, ha estado documentada la inequidad y violencia que existe con el género.

Hoy en México, se suma la indignación por la creciente violencia hacia nuestras niñas y mujeres, así como la ineficiencia y falta de sensibilidad de los gobiernos; peor aún, pareciera que México es de un solo hombre y ese hombre, “ni nos ve, ni nos oye”, pero también esos gestos de desprecio y tratar de minimizar al género, lograron lo que no había ocurrido: unir a las mujeres, despertarlas para alzar la voz y que mañana México despierte distinto.

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