Maria Idalia Gomez

En el derecho penal se debe ser sumamente preciso en las pruebas, en su calidad y claridad, porque de ello depende la fortaleza de un caso. Se supone que esta es una de las banderas de la nueva Fiscalía General de la República, el hacer bien las cosas a diferencia del pasado, han dicho. 

El titular de la Fiscalía no puede estar en los detalles de cada caso, para eso debe confiar en sus colaboradores; pero en un asunto como el de Ayotzinapa, en el que se muestran tan pronto contradicciones que rayan en mentiras y que pueden derrumbar el caso, es algo en que debe ponerse mucha atención. No vaya a ser que lo estén engañando bajo la hueca frase de “nueva investigación”.

¿Dónde se ha encendido el foco rojo? En la parte medular del caso: qué pasó con los 43 estudiantes de la normal rural de Ayotzinapa.

Hace unas semanas el jefe de la Unidad para el caso, Omar Gómez Trejo, anunció sin dar muchos detalles, que se hicieron búsquedas en la llamada “Barranca de la Carnicería, Ejido de Cocula”, a 800 metros —dijo—, del basurero de Cocula, donde “se recuperaron 15 indicios, que fueron embalados en el lugar para su procesamiento en presencia de los representantes de las familias y de la misma Comisión Presidencial”.

Al revisar los peritos de la Fiscalía la evidencia, en presencia de representantes de las familias y del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), se eligieron seis piezas que fueron enviadas al Instituto de Genética de la Universidad de Innsbruck, en Viena. Los restos eran, dijo entonces, del estudiante Christian Alfonso Rodríguez Telumbre, uno de los 43 desparecidos.

El problema es que no hay claridad dónde y cómo fueron encontrados sus restos, cómo llegaron allí y las características del hallazgo. ¿Por qué es un problema?, porque quienes participaron en el análisis de los restos comenzaron a contradecirse y en derecho penal es muy grave.

Los primeros en evidenciar las contradicciones fue el EAAF, y lo hizo sin querer en el comunicado que emitió después del anuncio de Gómez Trejo. 

Primero reconoce que no estuvo en la diligencia aunque la avala. Dice que en la barranca “se hallaron más de 100 fragmentos óseos no articulados dispersos en superficie en un radio aproximado de 200 metros”. 

Pero Omar Gómez dijo que sólo habían encontrado “15 indicios”, la diferencia numérica es sumamente importante, y una duda más, ¿es posible que después de seis años ellos encontraran en la superficie, a ras de la tierra esparcidos en 200 metros esos restos?, ¿la lluvia, las hojas y demás condiciones naturales lo hace posible? y, sobre todo, ¿es posible que no encontraran rastros de que en ese lugar se iniciara un fuego severo, capaz de quemar por lo menos dos cuerpos?

Los Antropólogos aseguran en su comunicado que analizaron “más de 100 fragmentos óseos severamente fragmentados y alterados por exposición a altas temperaturas correspondientes al menos a dos personas (número mínimo de individuos). El EAAF también participó en la selección de muestras  a ser procesadas genéticamente. La exposición al calor y la fragmentación de restos dificulta, y puede llegar a imposibilitar, la recuperación de material genético. Por éstas razones, solo pudieron seleccionarse tres muestras óseas”, para llevarse a Innsbruck. En este punto tampoco coincide el número, los de EAAF dicen que tres y Gómez Trejo, que seis.

Pero la cosa empeora cuando dieron los antropólogos una entrevista días después y dijeron que eran 130 restos hallados (ya eran más de 100), sólo dos no presentaban daño térmico. El fiscal dijo que los llevaron al laboratorio de Viena porque “se especializa en el procesamiento de restos severamente dañados”. Entonces, si dos de esos restos no presentaban daño térmico ¿por qué enviarlos a Innsbruck? Esto es grave, porque una de esas piezas era de Christian. 

En las entrevistas que dio Omar Gómez continuaron las incongruencias. Insistió en que sí estaban calcinados los fragmentos. Tendría que mostrar las fotos que se tomaron y detallar las periciales que se hicieron de la tierra del lugar del hallazgo y de otras pruebas que debieron practicarse, porque qué tal si alguien esparció los restos cualquier día, cuando pasaba por allí.

Hay que recordar algo más, que Gómez Trejo era secretario técnico del GIEI, grupo de expertos que sugirió revisar en 2016 la zona de la Carnicería y estuvieron presentes. Por lo que dijo en sus entrevistas Gómez Trejo fue muy cerca este nuevo hallazgo, lo raro es que quizá no recuerde que en la primera búsqueda se utilizó Técnica Lidar que es muy precisa. La próxima semana otras incongruencias. 

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