Maria Idalia Gomez

Era el día de la Marina, el lunes 1 de junio, y en el video aparece el presidente Andrés Manuel López Obrador vestido con una guayabera blanca, pantalón oscuro y zapatos de vestir. Se sostiene con el brazo izquierdo del barandal, muy cerca del acceso al barco. Atrás de él, aparece el secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, y a un lado el gobernador de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, quien especialmente batalla para mantener el equilibrio.

Los tres están a bordo de un barco de la Marina fuera de puerto y los tres se observan haciendo un esfuerzo adicional para sostenerse ante la marea que provoca el mal tiempo. 

El lugar que ocupó López Obrador es uno de los más inseguros de un barco cuando hay mal tiempo, la aleta de estribor, al igual que el mandatario quintanarroense y el secretario Jiménez Espriú.

Lo más interesante de esa imagen es que metros más adelante, en una posición más segura (donde debía estar López Obrador ante la falta de entrenamiento y equipo para estar en altamar con mal tiempo), se colocaron los secretarios de la Defensa y de la Armada, el general Luis Cresencio Sandoval González y el almirante José Rafael Ojeda Durán, respectivamente, quienes no se muestran haciendo este mayor esfuerzo por estar en equilibrio.

Por la posición de todos los que aparecen en este video de cinco minutos, durante el homenaje a la Armada de México, en el hipotético caso de que un movimiento brusco del barco hiciera perder el equilibrio al Presidente, el único en posibilidades reales de ayudarle sería el secretario Jiménez Espriú, sólo que es un hombre de casi 83 años de edad quien también lidia con el movimiento del mar.

Los estándares internacionales de protección a los presidentes, siendo la figura más importante de un país, harían imposible que esta imagen existiera. López Obrador debería estar en el lugar seguro que tenían sus secretarios, y escoltado discretamente por un personal de seguridad, y estar más cerca, de lo que se observan otras embarcaciones, con buzos, por si ocurre un incidente. 

En realidad nadie cuida al Presidente, porque como aseguran, no se deja cuidar, pero en este video no se observa, por parte de las Fuerzas Armadas, la sensibilidad para adoptar algunas sutiles precauciones de protección para su jefe, el Presidente.

Pero esta imagen no es la única de este viaje. López Obrador adelantó la semana pasada que saldría de gira hacia la Península de Yucatán, y que lo haría por tierra, un anuncio, que como en otras ocasiones, rompe todos los protocolos de seguridad. Pero esta vez hay un detalle adicional. Tres días antes, por la alerta gris que emiten las autoridades y conoce Protección Civil, se sabía que habría mal tiempo en la zona. Ya lo estamos viendo, primero la tormenta Amanda y la depresión tropical, la número tres, el ciclón Cristóbal

Las alertas, si bien durante la estancia del Presidente en la zona, no han alcanzado el color rojo que es lo más grave, sí aparecen en color amarillo (peligro moderado), que implica “inundaciones en centros urbanos; crecidas de ríos y arroyos; deslizamiento de laderas, deslaves y derrumbes, y reducción de visibilidad”. Además de posible caída de granizo y viento en ráfagas “que pueden destechar viviendas, caída de árboles u otros objetos”.

Todos los especialistas saben que cambiar al semáforo rojo puede ser cuestión de horas y sin previo aviso por los vientos sostenidos y la cantidad de agua que podría caer.

La ruta en auto del Presidente para regresar a la Ciudad de México lo expone a todos estos riesgos innecesarios. Su equipo de seguridad, el gabinete de seguridad, el área de inteligencia o la Comisión Nacional de Seguridad tendría que impedir este nivel de exposición al riesgo o por lo menos dejar constancia documental de que intentaron hacerle entender que siendo el Presidente tiene una responsabilidad de Estado. Me aseguran que no existe documento alguno que dé constancia de esta advertencia, entonces esas instituciones no están cumpliendo con su obligación de Estado.

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