Brasil está cambiando el sistema de poder

9 de Octubre de 2026

Brasil está cambiando el sistema de poder

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Annia Quiroz

La primera vuelta de la elección en Brasil dejó un resultado que pocos podían ignorar y que varias encuestas no anticiparon: Flávio Bolsonaro terminó por delante de Luiz Inácio Lula da Silva. El candidato del Partido Liberal obtuvo 47.03% de los votos válidos, frente a 45.16% del actual presidente. La diferencia fue de apenas 1.87 puntos, pero políticamente es mucho más significativa que eso, el hijo de Jair Bolsonaro llega al segundo turno con la iniciativa y con una derecha legislativa fortalecida.

El 25 de octubre, Brasil volverá a votar, pero sería un error leer esta elección únicamente como Lula contra Bolsonaro, porque el tema ya se ha vuelto más interesante que eso.

Y es que la derecha no sólo ganó votos, ganó estructura. El resultado presidencial vino acompañado de una transformación importante en el Congreso.

El Partido Liberal se convirtió en la principal fuerza del Senado y aumentó significativamente su representación en la Cámara de Diputados. El resultado deja a las fuerzas de derecha con una presencia legislativa considerablemente mayor que la que tenían al inicio del actual período.

Aquí ocurre lo interesante, porque una elección presidencial puede ganarse con una mayoría electoral relativamente estrecha. Pero gobernar, en cambio, requiere construir mayorías políticas.

Porque si Flávio logra obtener los votos para llegar a la Presidencia, tendría detrás una bancada y un campo político con una capacidad de negociación mucho mayor. Incluso si Lula consigue mantenerse en el poder, tendría enfrente un Congreso distinto, porque ahora también se modificó el mapa de poder desde el cual quien vaya a ocupar el cargo de presidente tendrá que gobernar.

El segundo turno empezó antes de que terminara el primero.

Y aquí viene otro punto muy importante: porque después del resultado, las alianzas comenzaron a moverse con rapidez. Ronaldo Caiado y Romeu Zema, dos candidatos de derecha que participaron en la primera vuelta, anunciaron su respaldo a Flávio. Este miércoles se sumó también Clariana Barão, del Democracia Cristiana. La federación União Brasil-PP también se encaminó hacia el candidato del PL y el Partido Novo anunció formalmente su apoyo.

Flávio está consiguiendo convertir una candidatura individual en un polo de convergencia para buena parte de la derecha brasileña.

Lo cual tiene un peso político, porque en una segunda vuelta, las candidaturas que quedaron fuera desaparecen de la boleta, pero sus redes políticas, liderazgos territoriales, estructuras partidistas y electorados permanecen.

Por otra parte, hay un dato que también es relevante: el diagnóstico de Lula, al reconocer públicamente hace un par de días, que la campaña del Partido de los Trabajadores en la primera vuelta, fue la menos organizada desde 1989. Según reportes de la prensa brasileña, dentro del PT existe la percepción de que la campaña consiguió movilizar gente en las calles, pero perdió terreno en las redes sociales. Lula comenzó a modificar su estrategia y ya apareció en videos con formato más directo y personal, mientras la coordinación de campaña incorpora nuevos nombres.

Porque Lula puede que siga siendo un buen movilizador político presencial, pero ese rendimiento puede mostrarse diferente en el ecosistema digital.

El gran territorio de batalla: los que no están convencidos

La abstención, es una alerta. Porque, más de 33 millones de brasileños no acudieron a votar en la primera vuelta, alrededor del 21% del electorado. Además, cerca de seis millones emitieron votos blancos o nulos.

Eso significa que existe una enorme cantidad de ciudadanos que no están representados directamente en el resultado de la primera vuelta.

Y por ende, siguen perdidos, no habría que considerarlos para alguno o para ambos candidatos, porque una parte puede abstenerse nuevamente. Otra puede votar estratégicamente, otra puede mantener su decisión de no elegir a ninguno, y otra más puede cambiar de posición durante las próximas tres semanas.

El problema de Lula ya no es Flávio

El problema de Lula no es haber quedado segundo en la primera vuelta, más bien, es que no logró imponer la narrativa de la elección, por no lograr convencer a quienes no están votando necesariamente por continuidad.

Flávio Bolsonaro, en cambio, tiene una narrativa más sencilla: convertir la elección en una evaluación del gobierno de Lula. No necesita que todos sus electores estén convencidos de su proyecto; necesita que una parte suficiente del electorado considere que es momento de cambiar.

Y aquí está, para mí, el dato político más relevante: el bolsonarismo demostró que puede sobrevivir electoralmente a Jair Bolsonaro. Flávio no es su padre, pero el apellido conserva capacidad de movilización y, además, el Partido Liberal fortaleció de manera importante su presencia en el Congreso.

Por eso no compraría todavía la lectura de una inevitable “ola de derecha”. Lo que veo es algo más complejo: una reconfiguración del poder político brasileño, donde la Presidencia ya no puede analizarse separada del Congreso, las estructuras partidistas y un electorado cada vez menos predecible.

Y aquí está mi lectura: la elección no está definida, está abierta a una disputa de narrativa, movilización y “transferencia” de votos. Las encuestas previas no anticiparon que Flávio terminaría en primero y las nuevas mediciones apenas comienzan a levantarse.

Por ende, habría que observar quién consigue entender mejor al elector que ya no vota automáticamente por Lula ni por Bolsonaro.

Las boletas en Brasil continúan con los mismos apellidos, pero el electorado al que se enfrenta ya no es el mismo.