De pronto nos enteramos de que algo está ocurriendo con los estudiantes en Europa. Desde mediados del mes pasado varios países han vivido protestas masivas, sobre todo de jóvenes que cursan el bachillerato.
Según lo publicado en la prensa, todo comenzó en Francia, pero en Bélgica también se han volcado a las calles y hasta en Polonia han habido movilizaciones por diversas causas.
De acuerdo con los medios, el movimiento nació en el liceo -equivalente a nuestro bachillerato- Saint-Exupéry de Créteil, ubicado en los suburbios del suroeste de París. Entre las causas principales están la falta de recursos económicos, las aulas superpobladas con más de 30 alumnos y las numerosas clases canceladas por falta de maestros debido a que el gobierno propuso la eliminación de casi mil 600 plazas de profesores, consecuencia de los recortes que ha aplicado, además de otros temas, según los medios de comunicación.
Los sindicatos, tanto de profesores como de las principales centrales obreras se sumaron de inmediato a las demandas estudiantiles, agregando que se acumulan a las desigualdades que existen entre las diversas zonas del país, donde a las principales ciudades no les falta nada. Se menciona que cerca de cuatro mil instalaciones educativas han cerrado, en apoyo a las movilizaciones.
También madres y padres de familia, profesores y partidos de izquierda se han unido al movimiento. La respuesta del gobierno ha sido violenta: ha recurrido al gas lacrimógeno y a los bastones para reprimir y detener a los manifestantes.
Como era de esperarse, la derecha fascista, a cargo de la candidata Le Pen, ha exigido al gobierno mayor severidad y castigo para los partidos de izquierda, a quienes responsabiliza de las manifestaciones.
En Bélgica, estudiantes y profesores salieron de manera repentina también a manifestarse contra las decisiones económicas del gobierno: el aumento de las cuotas que pagan los estudiantes y una política de austeridad de 10 mil millones de euros que golpea principalmente al sector educativo.
En Polonia, debido a la violencia dentro de las escuelas, ha surgido otro movimiento de protesta y hay ya decenas de planteles cerrados.
A mi juicio, lo que vemos es el reflejo de la falta de futuro que hoy enfrenta la juventud en el mundo, incluida la de nuestro país. Lo expresan así algunos manifestantes franceses: “Nuestra generación no llegará a ver lejos”, “Somos la rabia viva de un planeta moribundo”, “El presupuesto para los militares crece año con año, pero no para la educación”.
Los profesores franceses están preocupados porque reconocen que existe una desconexión entre ellos y sus estudiantes. Lo resumen así: “nuestros jóvenes viven en un mundo que ya no es el nuestro”.
Y, para no variar, las redes sociales han tenido un papel fundamental. Un joven diputado de 26 años, del partido La Francia Insumisa cuyo dirigente, Jean-Luc Mélenchon, es la bestia negra del gobierno de Macron, se ha convertido en el gran impulsor del movimiento: según TikTok, cuenta con 1.8 millones de seguidores.
Creo que lo que ocurre en Europa es un aviso para otros países donde, desde hace años, no se ha dado importancia a la educación media superior y superior, y donde los presupuestos asignados apenas cubren las necesidades mínimas.
Si analizamos las causas que han llevado a los jóvenes franceses a las calles, veremos que son, en general, las mismas que se sufren en la mayoría de los países latinoamericanos.
Por eso, esta llamada de atención debe hacer ver a los gobiernos que no se puede continuar con la política de no considerar fundamental la educación superior y no otorgarle los recursos necesarios para su buen desempeño, más allá de los discursos y mensajes de las autoridades.
Porque una cosa es clara en la educación superior, y la historia lo ha demostrado: no pasa nada… hasta que pasa y, entonces, ya es demasiado tarde.