La historia moderna de México no puede entenderse sin la evolución de nuestras instituciones y la construcción de un árbitro electoral imparcial, autónomo y fuerte. El Instituto Nacional Electoral (INE), antes IFE, es el resultado de un largo proceso en el que las y los mexicanos acordamos garantizar comicios libres, transparentes y equitativos. Ese es el deber ser del INE: un garante absoluto de la legalidad, un muro infranqueable ante los abusos del poder y el custodio sagrado de la voluntad ciudadana.
Sin embargo, lo que hoy vemos es profundamente alarmante. Bajo los gobiernos de Morena, hemos sido testigos de una embestida sistemática para capturar, debilitar y someter al órgano electoral. Peor aún, hemos visto cómo desde el propio Instituto se han cometido pifias y omisiones que ponen en duda su vocación de árbitro para acercarlo, peligrosamente, a los caprichos del oficialismo.
Los escándalos están a la vista de todos y representan un retroceso monumental en nuestra vida democrática. Ahí está la vergonzosa permisividad con la que el Instituto ha actuado frente a los flagrantes actos anticipados de campaña de Morena. Mientras el país entero observa la movilización y derroche de recursos para promocionar a sus pseudo coordinadores, el árbitro electoral optó por la tibieza y la falta de criterios firmes. Permitió que el oficialismo pisoteara la ley electoral con eufemismos burdos, rompiendo por completo la equidad de la contienda.
A esto se suman las afrentas directas contra la integridad del voto. Tuvimos que ser la oposición y las instancias jurisdiccionales quienes echáramos para atrás el intento descarado de infiltrar las elecciones, frenando la aberración de que los operadores políticos del gobierno, los llamados “siervos de la nación”, pudieran fungir como observadores o funcionarios de casilla. ¡Una burla a la imparcialidad! Y ni qué decir del escandaloso episodio de las “boletas planchadas”, pruebas evidentes de manipulación en las urnas que también les logramos tirar. Estos son los síntomas de un régimen que quiere robarse a la mala lo que no puede ganar con resultados en las urnas.
Que se escuche fuerte y claro: el Partido Revolucionario Institucional es el arquitecto de las instituciones de este país. Nosotros siempre acompañamos la liberalización y la democratización del régimen político mediante importantes reformas y fuimos los grandes impulsores para la creación de un árbitro electoral autónomo y ciudadanizado. Tuvimos la altura de miras para sentar las bases de la pluralidad y la competencia leal. Nuestra lucha histórica siempre ha sido por la legalidad, por el respeto irrestricto a la Constitución y, sobre todo, por la defensa de la voluntad de las y los mexicanos.
El PRI no va a claudicar. No seremos cómplices del desmantelamiento de nuestra República ni permitiremos que los fracasos de un régimen autoritario destruyan lo que a México le tomó décadas edificar. No podemos permitir que el INE se convierta en una ventanilla de trámites ni en un brazo ejecutor del gobierno en turno.
El llamado hoy es a la ciudadanía entera, a los verdaderos demócratas y a las autoridades electorales que aún conservan su dignidad: es momento de dar la batalla por México con valentía, con firmeza y con la ley en la mano. Nuestra democracia no se toca, no se vende y, sobre todo, se defiende hasta el último aliento.
*Presidente del CEN del PRI