Antes los narcotraficantes eran rancheros emprendedores y los cárteles eran clanes pequeños. Pero hoy ya no es así.
Al noreste de Guerrero hay un ejido enorme que se llama El Balcón. Está compuesto por bosques de pino y encino y cientos de campesinos viven ahí. Y el crimen organizado lleva meses asediando a las comunidades de El Balcón.
El ejido es una ruta estratégica que conecta a la sierra de Guerrero con la región de la Costa. Y eso es un plus. Pero en realidad por lo que el ejido le interesa a los grupos criminales es por sus bosques de pino y encino. Al narcotráfico le interesa explotar (ilegalmente) los bosques para poder vender la madera en el mercado nacional e internacional.
Bueno, hace 2 semanas un grupo criminal secuestró a 8 pobladores del ejido y dijo que solo los soltarán si los campesinos de la zona acceden a cederle todo el ejido con todos sus bosques a este grupo criminal. Los campesinos se negaron a ceder el control de sus tierras y al momento de escribir este texto 7 de los 8 campesinos todavía siguen secuestrados.
La noticia ha sonado, aunque quizás menos de lo que debería. Pero este caso es un recordatorio más de que el crimen organizado cada vez está más interesado en ejercer control territorial sobre zonas que le permitan explotar recursos selectos, principalmente aquellos que son cotizados en el mercado internacional.
En Guerrero hay muchos otros ejemplos.
El crimen organizado también está asediando a los campesinos del ejido de Guajes de Ayala (también al noreste del estado), porque en esa zona abundan las maderas preciosas y los yacimientos de oro y uranio. Ahí cerca, en San Miguel Totolapan, hace poco mataron a una familia que se negó a cederle sus tierras a un grupo criminal que quería explotarlas para extraer madera.
Hace unos meses en la Montaña Baja grupos de la delincuencia organizada atacaron comunidades enteras porque estaban buscando adueñarse de los bosques y acuíferos de la región. Está bien documentado que en el centro del estado, principalmente en el municipio de Eduardo Neri, las mineras internacionales llevan años sufriendo el acoso y el asedio de los grupos criminales.
Pero no nada más está pasando en Guerrero. Esto está pasando en todo el país. En Sonora grupos delincuenciales controlaron el municipio de Pitiquito durante 5 años y desplazaron a las personas que vivían ahí porque querían explotar 2 yacimientos mineros importantes.
Chihuahua, Zacatecas y San Luis Potosí también se han vuelto centros de actividad de la minería ilegal.
Al sur del país, principalmente en Chiapas, se han registrado casos de huachicol hídrico a niveles industriales.
Y todo esto es parte del proceso de diversificación que están viviendo los cárteles mexicanos. Hace mucho que dejaron de ser organizaciones improvisadas que solo producen, mueven y venden droga. Primero empezaron a cobrar piso, a crear redes de tráfico de personas, a controlar el huachicol. Hoy ya operan desfalcos mil millonarios de huachicol fiscal, operan venta de piratería, call centers, ciber fraudes y tráfico de equipo médico, blanquean sus capitales en China y tienen intereses financieros en Japón.
Así que no, los narcos de hoy ya no son rancheros improvisados. Sus cárteles se han vuelto organizaciones internacionales que están empezando a diversificarse cada vez más y que están depredando el ambiente de forma sistemática para hacer negocio.