El deporte de alto rendimiento en México se encuentra, una vez más, atrapado en una conversación pública que desvía la atención de lo verdaderamente importante. Con la cercanía de los Juegos Olímpicos de la Juventud de Dakar 2026, el debate sobre el financiamiento de la delegación mexicana volvió a encender los reflectores sobre la relación entre la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (CONADE) y el Comité Olímpico Mexicano (COM).
Por un lado, el COM anunció con satisfacción que había logrado asegurar los recursos necesarios (alrededor de 13.8 millones de pesos) para que 62 jóvenes atletas viajen a Senegal, apelando al respaldo crucial de la iniciativa privada y patrocinadores. Por el otro, la CONADE señaló que existen canales y suficiencia presupuestaria dentro del marco de la ley, abriendo una discusión pública sobre comprobaciones de gastos y procedimientos administrativos previos.
Más allá de los detalles contables o las diferencias de criterio sobre la gestión del presupuesto, este episodio no es nuevo. Quienes hemos seguido el deporte nacional durante años sabemos que las discrepancias entre la institución pública encargada de la política deportiva y el organismo rector del movimiento olímpico en el país se han vuelto un patrón histórico que reaparece ciclo tras ciclo.
Sin embargo, en este momento crucial, el país no necesita profundizar diferencias ni buscar culpables. Lo que el deporte mexicano urge es un diálogo franco, institucional y permanente que ponga fin a años de desencuentros. Quienes hoy están al frente de ambas instituciones entienden perfectamente los desafíos del alto rendimiento y la disciplina que exige representar a México en la arena internacional.
Es momento de tender puentes. Servir al deporte implica entender que el Estado y el sector privado no son fuerzas excluyentes, sino complementarias. Las reglas claras, la transparencia administrativa y la voluntad política no deben ser un terreno de disputa, sino la base sobre la cual se construya un plan nacional sólido, coordinado y predecible a largo plazo.
Nuestros jóvenes atletas merecen enfocar toda su energía en la preparación física y mental, con la certeza de que las instituciones trabajan en sincronía para respaldarlos. Arreglar este conflicto histórico no solo es posible, sino indispensable. Si logramos articular los esfuerzos de la CONADE y el COM con una visión compartida, el verdadero ganador será, sin duda, el deporte mexicano.