Hace aproximadamente tres semanas, trascendió que Jane Doe (nombre genérico que suele ser utilizado para proteger identidad) presentó ante la Corte del Estado de Nueva York una demanda civil en contra de siete excompañeros de la Universidad de Cornell, a quienes atribuye una violación grupal en una fiesta de la fraternidad Chi Phi. En ella, también figuran como demandadas las organizaciones (incluyendo la universidad, la fraternidad titular de la casa donde sucedieron los hechos, la sororidad donde residía y un bar), quienes habrían fallado en dar cumplimiento en sus deberes de prevenir y proteger a Jane. A continuación, los aspectos medulares del relato.
En el documento se narra que el sábado 19 de octubre de 2024, antes de llegar al lugar de la agresión, Jane Doe, estudiante de 20 años, consumió vodka dentro de la casa Alpha Beta Chapter de Tri- Delta National. Que después, hacia las 8.30 de la noche, tomó un Uber hacia Moonies Bar & Nightclub, acompañada por la encargada de la casa de la hermandad, en donde se le sirvió alcohol a pesar de tener una marca en cada una de las manos que indicaba que era menor de 21 años. Y que, una hora después aproximadamente, caminó hasta el bar Lot 10 Bar and Lounge, donde se le colocó una pulsera de menor.
A las 11pm —continúa la demanda— caminó sola, tambaleándose, hasta la casa de la fraternidad Chi Phi National para pasar el rato con su amigo Ingalls. Estaba notoriamente intoxicada: había consumido casi 10 bebidas durante las tres horas previas. Ingalls le dio una cerveza más. Bailaron y, justo después, Ingalls le propuso tener relaciones sexuales con él y con otro compañero.
Según la narración, Ingalls llevó a Doe al piso superior de la casa, donde estaba Newell. Ambos la presionaron para que inhalara ketamina. También le dieron marihuana y ron. Y tuvieron sexo con ella, sin su consentimiento. Cuando Ingalls se quedó dormido, entró Lopes quien, junto con Newell, inició una segunda interacción sexual. Entonces, a la 1.42am, Newell envió un mensaje de Snapchat al grupo Chi Phi Actives: “free pussy ustairs”. Y otros entraron a la habitación.
Estaba rodeada de hombres. Su teléfono, al otro lado del cuarto. No tenía forma de escapar. Y Doe solo se tapó con las cobijas de la cama. No narraré más detalles del documento público. Lo descrito es, por decir lo menos, escalofriante. Baste con decir que se le abalanzaron e inhalaron ketamina de su cuerpo, y le obligaron a inhalar ketamina a ella también. Que a la agresión siguió la humillación, y a la humillación, la agresión. Una y otra vez, hasta las 5.45am.
Los abogados de Jane Doe sostienen que, en su estado, era incapaz de consentir. Y, por supuesto, el debate legal con alta probabilidad versará sobre ello: no solo sobre si “no” es “no”, sino sobre si “demasiado intoxicado” también es “no”, con independencia de palabras, acciones e interpretaciones.
Con probabilidad, los demandados tratarán de arrojar responsabilidad a Doe. Y, sin duda, la defensa de Doe tendrá una carga probatoria extremadamente complicada. Pero, a mi manera de ver las cosas, lo relevante en este caso es una discusión humana, que antecede a la legal. Porque el dolor causado es innegable. Y porque, moralmente, hay actos que no se justifican ni siquiera porque el otro esté de acuerdo.
Si son ciertos cada uno de los hechos relatados en la demanda, lo que sucedió ahí quedará para siempre en el archivo de ignominia de estos jóvenes. ¿O cree usted que la marca que lleva quien denigra y deshumaniza a alguien puede ser borrada solo porque un jurado absuelve?