Luchar contra el crimen

13 de Octubre de 2026

Luchar contra el crimen

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Rubén Moreira

Derrotar al crimen es posible, y más para un país como México. No es imposible diseñar una estrategia que tenga éxito, y hay muchos diagnósticos sobre lo que nos sucede. Tantos, que se pueden llenar estantes completos. El problema es otro y está ligado a algo más sencillo, pero muy difícil de conseguir: voluntad.

La paz es posible y recuperarla también. Hay ejemplos de las dos cosas en México: Coahuila y Yucatán son dos de ellos. El primero fue uno de los lugares más violentos del mundo, asolado por dos grandes bandas delictivas: una de ellas, de extrema violencia; la otra, con capacidades mayúsculas de organización. El gobierno y la sociedad se decidieron a lograr la paz. En pocos años y con no tanto dinero lo consiguieron. La voluntad es el factor que marca la diferencia con otras experiencias.

El fenómeno criminal que asola a México es complejo; por lo tanto, requiere de una respuesta multidimensional. Nada complicado si se observa la realidad y se tiene un poco de lógica. Entonces, ¿por qué no sucede esto en otras partes del país? La respuesta se explica por cuatro razones: 1) la seguridad no es la prioridad de los gobiernos y, por lo tanto, no se hace lo correcto; combatir al crimen causa molestias, por lo que muchos políticos no son capaces de decirle que no; 2) hay otros asuntos con primacía, uno de ellos: ser popular; 3) una serie de prejuicios invade a la administración pública: no faltan los promotores de los abrazos o de la inacción; y 4) la complicidad por acción.

Los municipios son la pieza más débil en la cadena de gobierno. Los hay con grandes ciudades o con localidades muy lejanas y pequeñas. Por lo general, salvo excepciones, no tienen presupuesto suficiente y sus autoridades tienen un periodo de administración y gestión relativamente breve; además, al terminar, no tendrán una salida protegida. Es claro que muchos funcionarios toman la decisión de aliarse con los criminales, pero también lo es que otros quedan capturados por la violencia de estos. Lo mismo sucede con empresarios, curas y hasta comunicadores.

Pero hay un cómplice silencioso: la inacción de las instancias federales y de los grandes tomadores de decisiones. Un policía municipal en el estado de Morelos puede ganar solo 9 mil pesos mensuales y no tener seguridad social. Obvio, no cuenta con seguro de vida, capacitación, escalafón o equipo moderno, y es muy seguro que el estado de fuerza sea insuficiente. Lo anterior no es culpa del alcalde; la responsabilidad es de aquellos que deberían tomar decisiones estratégicas y decirle a México que la prioridad debe ser la seguridad y no otras acciones de gobierno. Es responsabilidad de quienes deben asumir los costos de las políticas públicas no populares, como suprimir el juego o restringir la venta de alcohol.

No es desconocido que el presupuesto de una buena parte de los ayuntamientos es ordeñado por los criminales. Los munícipes que no se han sumado al crimen, y son muchos, no tienen opción: o se pliegan a las exigencias de los delincuentes o los matan; de lo segundo hay una buena cantidad de ejemplos. Poco pueden hacer; no tienen el apoyo de los gobernadores y tampoco de esos grandes tomadores de decisiones, que no han hecho nada. El sistema nacional o estatal de evaluación y control del ejercicio presupuestal nunca ha hecho pronunciamiento alguno sobre esta debilidad que recorre una buena parte de las tesorerías municipales del país.

—No mames, Moreira, si pongo una denuncia me matan. ¿Quién me va a cuidar?

Eso me dijo un alcalde cuando me contó que los delincuentes saben cuándo llegan las participaciones, imponen a los proveedores y hasta se encargan de los auditores. He conocido alcaldes valientes que fueron asesinados y que nadie cuidó. La responsabilidad de enfrentar a los criminales pasa por la voluntad de los grandes tomadores de decisiones de este país.

Esto no tendrá solución si llegan al poder tipos como López Obrador, dueños de un gran carisma y de una inmensa ignorancia y perversidad. La paz es posible y para ello urge una estrategia multidimensional y tomar la decisión de combatir el crimen con ganas de tener éxito.