Siempre que escribo alguna nota con intenciones afectivas, termino la misma con este deseo. Creo firmemente que estas tres circunstancias son las más importantes para la vida de cualquier ser humano. Nadie puede desear en conciencia tesoros más preciados. Ahora, si usted me da a escoger entre los tres, me quedo por mucho con el regalo de la salud y lo hago porque nada es importante si se carece de ella.
He escuchado como nunca hablar del tema de la salud desde hace algunos años. No es tampoco que en el pasado no se hablara de estos temas; el asunto que lo hace ahora diferente quizá tenga que ver con las expectativas que algunos se habían formado a partir de la promesa de que nuestro país tendría el mejor sistema de salud del mundo. ¡Olvídese usted de Dinamarca! ¡No! ¡Aquí estaríamos mejor! Así transcurrió el anterior sexenio.
Adicionalmente a este tema, está la determinación de desaparecer el Seguro Popular para dar paso a una nueva institución. Así conocimos al INSABI. Le otorgaron miles de millones de pesos… para que al final lo acabaran desapareciendo. En paralelo, los usuarios de los servicios de salud públicos vivían la pesadilla de la falta de medicamentos. Este tema se fue agudizando conforme avanzaba el sexenio. En algún momento, AMLO afirmó: «Me cambio el nombre si en tanto tiempo no está resuelto el desabasto». Hasta donde sé, el desabasto no ha sido resuelto (cuando menos en su totalidad), pero… el expresidente sí se sigue llamando como
siempre. Hoy, después de conocerse la muerte de niños recién nacidos en instalaciones del IMSS, la crisis de una institución tan querida por muchos mexicanos vive momentos muy complicados. Ahora no solo hablamos de infraestructura médica. Hoy estamos hablando de protestas muy fuertes de los trabajadores de las distintas áreas sustantivas de esta institución. Habrá que ver cómo se va resolviendo este asunto. Bien visto, puede ser una oportunidad para la administración de la presidenta de la República de darle un empujón grande y definitivo a este sector, y no soluciones y ocurrencias mediáticas que solo costaron
miles de millones de pesos. Para ejemplo, solo recordar la Megafarmacia, que en su mejor momento surtió cinco y media recetas al día. Para tener el panorama completo de lo que fue este sector en la anterior administración, no podemos olvidar el resultado de la gestión de la pandemia de COVID-19. Las cifras de los muertos por esta enfermedad varían, pero dejémoslo en 800 mil decesos. Y aunque las comparaciones son odiosas, siempre sirven para poner a cada quien en el
lugar que le corresponde. Japón, con una población parecida a la nuestra, tuvo menos de 75 mil defunciones… México —se calcula—, 800 mil. ¿Me puede usted explicar? Terminaría diciendo que las crisis son también oportunidades de hacer mejor las cosas… ¡ojalá!