Salud: otra crisis institucional

15 de Octubre de 2026

Salud: otra crisis institucional

simon vargas

“El hombre sabio debería considerar que la salud es la mayor bendición humana.” Hipócrates

Tristemente, esta no es la primera vez que poco se le da importancia a los médicos, la historia reciente de México está llena de estos momentos, por ejemplo, el movimiento médico de 1964-1965 fue el primer gran conflicto social que enfrentó el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, el 26 de noviembre de ese año, residentes e internos del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE iniciaron un paro porque no recibieron el aguinaldo que les correspondía.

Entre noviembre de 1964 y octubre de 1965 se sucedieron cuatro paros parciales de labores en demanda de mejores salarios, condiciones de trabajo dignas y reconocimiento de sus organizaciones, el conflicto se extendió a decenas de hospitales de la capital y del interior del país.

Se llevó a cabo la “Marcha del silencio”, donde más de tres mil médicos, vestidos de blanco, marcharon de manera ordenada hacia el Zócalo; en el trayecto fueron agredidos por algunos grupos con el propósito de alterar el orden y desacreditar la protesta, pero a pesar de las provocaciones, los manifestantes continuaron sin responder, en silencio disciplinado.

La respuesta del gobierno de Díaz Ordaz osciló entre promesas parciales, hostigamiento y represión como desalojos de hospitales por granaderos, despidos, detenciones y una campaña de desprestigio. El movimiento dejó una lección que hasta el momento no se ha entendido: que la dignidad profesional no se negocia con promesas vacías ni con la negativa a reconocer los problemas.

60 años después, la realidad es dolorosamente familiar, Zoé Robledo Aburto, director general del IMSS, ha reconocido que el crecimiento de la población derechohabiente y la atención de enfermedades crónico-degenerativas siguen generando saturación en los servicios.

Es así que esta semana ha estado marcada por protestas y, el miércoles 14 de octubre, se mantiene la presión con la consulta salarial y las convocatorias de quienes rechazan el aumento propuesto. Los trabajadores del IMSS, médicos, enfermeras y personal de apoyo, demandan no solo mejores salarios y condiciones laborales, sino también medidas contra el desabasto de material médico, insumos, medicamentos e infraestructura hospitalaria. Exigen, sobre todo, que los distintos niveles de gobierno dejen de negar lo que es evidente en los pasillos de los hospitales y en las filas de las farmacias, que el servicio y la atención son deficientes.

Las instancias oficiales han respondido con apertura formal al diálogo y una resistencia de fondo, se anuncia que se recorrerá “piso por piso” en cientos de hospitales, que se escuchará a la base y que se atenderán reclamos operativos; sin embargo, la negativa reiterada a aceptar plenamente el desabasto, y a asumir la responsabilidad política que ello implica, revela una insensibilidad que ya no puede disimularse. Se minimizan las carencias, se ofrecen plataformas digitales para reportar faltantes y se insiste en que los servicios no se han interrumpido, mientras tanto, los pacientes siguen esperando y sufriendo.

Familiares viven la angustia de ver que no se entregan los medicamentos prescritos a tiempo, que un tratamiento crónico se interrumpe o que una emergencia se complica por falta de insumos. Del otro lado, médicos, enfermeras y personal en general experimentan la desesperación de no poder hacer lo que su formación y su vocación les exigen, trabajan con lo que hay, improvisan, explican a los pacientes lo que no deberían tener que explicar, que los escasos recursos no alcanzan, esa impotencia cotidiana es tan corrosiva como el desabasto mismo.

El problema se ha negado, minimizado o diluido en promesas de expansión, cada administración ha anunciado más hospitales, personal y cobertura, pero la saturación y las carencias persisten. El movimiento de 1964-1965 demostró que la salud es también el reconocimiento de quienes la ejercen y de quienes la reciben; hoy, de nuevo, las batas blancas salen a la calle porque el silencio institucional ya no es opción. México no puede seguir tratando la crisis de su sistema de salud como un asunto de gestión menor cuando, en realidad, es el reflejo de una desatención histórica que ya no admite más dilaciones.

*Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política.
*Sígueme: @simon_vargas_a y @Simón Vargas Aguilar