El conflicto con los trabajadores del IMSS, desatado por la ridícula propuesta de un incremento salarial de 2.9%, rechazada por la mayoría de su sindicato, ha provocado una revuelta interna contra su líder, que ya empieza a contagiar a otros sindicatos. Son signos claros de que el camino propuesto para sacar adelante al país se está complicando, entre otras razones, por las herencias recibidas del gobierno anterior.
Día a día, a pesar de las mañaneras, aparecen en los medios datos que muestran que el hoyo financiero es cada vez más grande y costoso. No se trata de tener fe, sino de demostrar con hechos que las cosas están mejorando, y eso no ocurre con muchas de las megaobras creadas y administradas en su mayoría por las fuerzas militares; por cierto, como bien ha apuntado el jurista José Ramón Cossío, con la resolución de la Suprema Corte de Justicia del pasado 6 de octubre en esta materia, la militarización de la cosa pública ha sido legitimada, ya no solo de facto sino de derecho.
Esperemos que con el tiempo no haya que arrepentirse de haber modificado el artículo 129 de nuestra Constitución para abrir la puerta de los cuarteles y darles libre paso al pavimento.
Tres ejemplos que, a mi juicio, son una de las causas principales de las dificultades de este gobierno, que incrementa la deuda interna y externa y somete al país a una austeridad que a veces raya en lo criminal en áreas como la salud y la educación.
El primero se refiere a la aerolínea manejada por los militares, Mexicana, de la que, como ha ocurrido varias veces, la Presidenta hace declaraciones que después son corregidas por los responsables de las áreas. Dijo que una vez que se recibieran todos los aviones, su rentabilidad estaría asegurada. Sin embargo, la totalidad de las aeronaves compradas se recibirá el año que viene y días después, el director general, que es general del Ejército, dijo que calculaba alcanzar el equilibrio financiero hasta el año 2030.
También se anunció que, ante la cancelación de vuelos a Tulum por parte de varias aerolíneas, entre ellas Aeroméxico, la compañía militar volaría a ese destino turístico. El problema por el que las aerolíneas dejaron de volar es la falta de turistas. El aeropuerto, un parque temático denominado del Jaguar y un hotel de 300 habitaciones le costaron al erario más de 21 mil millones de pesos, según los medios.
Cuando el gobierno anterior decidió hacer todo esto, ¿hubo planeación o estudio de factibilidad? Los vuelos, tanto nacionales como internacionales, se han reducido, y los visitantes también. Ahora el gobierno tendrá que invertir más recursos para promover el destino, pero por lo visto no tiene más que ofrecer que el hecho de que volará Mexicana.
Y una de las joyas de la ya no tan reluciente corona del gobierno anterior es el Tren Maya. Según, se menciona en la prensa, las irresponsables declaraciones del expresidente, para estas fechas lo estarían utilizando más de 130 mil personas diariamente; la realidad indica que lo usan, cuando mucho, casi 3,500 en promedio. Nunca hemos sabido el costo real del proyecto, con todo y la tremenda corrupción y el desastre ambiental, más allá de una declaración que, según los medios, hizo en 2023 el entonces secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, quien anunció un costo aproximado de 500 mil millones de pesos.
Estos tres ejemplos señalan que el gobierno enfrenta un gran problema económico: pagar y subsidiar casi eternamente todas esas obras que se hicieron sin la menor planeación y por las que debería haber responsables que rindan cuentas. A ello se suman los programas sociales crecientes y un crecimiento pírrico de la economía, por más que se lo quiera endulzar.
Por todo esto, el conflicto del IMSS, si no se resuelve bien, puede convertirse en una mecha que se prenda, como ya ocurre en otros países.