Jose Luis Camacho

El surgimiento de un enemigo invisible pero poderoso nos ha puesto a todos contra las cuerdas, golpeándonos en la salud y en el bolsillo, sin saber a ciencia cierta hasta cuándo debemos resistir y estremeciéndonos frente a lo que ya sucede en territorio nacional.

Ya sea comerciantes, empresarios, profesores, constructores o servidores públicos, todos hemos modificado nuestras rutinas y ajustado en la medida de lo posible el contacto con los demás, mientras el gobierno federal idea todos los días un plan de respuesta a la contingencia sanitaria que ya está teniendo lugar en el sistema de salud público y privado, así como en los consultorios de las farmacias de la esquina.

Lo que sí es seguro es que dos instituciones baluarte de la valentía, el servicio y la honradez están al frente como siempre: el Ejército y la Marina-Armada de México.

Poniendo al servicio de la sociedad su infraestructura y capital humano sanitario, los militares de México están siendo un pilar fundamental en la respuesta del gobierno frente a este virus que tiene la fuerza de colapsar ambos pulmones en cuestión de horas y provocar la muerte en personas con problemas en el sistema inmunológico.

Qué frágiles e indefensos seguimos siendo los seres humanos y qué descuidados hemos sido con nuestros científicos, especialistas y equipo médico, quienes hoy a pesar de las insuficiencias presupuestales y maltrato gubernamental están tratando de salvar vidas.

Los soldados mexicanos frente a la emergencia se crecen y están listos para seguir sirviendo a quienes más necesitan de su ayuda: los contagiados en situación grave.

No es que las mujeres y los hombres del Ejército están substituyendo a los médicos y enfermeros civiles, sino que complementen esfuerzos, idean estrategias de respuesta, operan en lugares de emergencia y se facilita la atención de pacientes.

Estos difíciles momentos también nos hacen tomar consciencia, especialmente a los mexicanos, sobre los descuidos y excesos en los que comúnmente incurrimos como consumidores. Si la diabetes, obesidad e hipertensión no fueran parte de la vida diaria de millones de personas, quizá el temor y la incertidumbre serían menores, pero nuestro gran México se ha descuidado y hoy tenemos a gran parte de nuestra población con estos padecimientos.

Miles de médicos, enfermeros, enfermeras y personal sanitario están siendo llamados para responder a la crisis; miles de militares en retiro han acudido al llamado del General Luis Cresencio Sandoval y vuelto al servicio de la Patria.

El gobierno federal no puede perder tiempo y debe destinar los recursos públicos a la más elemental y urgente necesidad: salvar vidas.

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