Jose Luis Camacho

Desde hace unos días el Foro Consultivo Científico y Tecnológico de México se ha convertido en el blanco favorito de los ataques y diatribas presidenciales, pretendiendo hacerlo ver como un órgano ilegítimo que a la sombra del poder ha ejercido recursos públicos y malversado muchos de ellos. Sin embargo, ésa no es la realidad.

El tema de la ciencia y la tecnología ha sido motivo de preocupación y atención por parte de diversos gobiernos estatales y federales, lo cual trajo consigo una nueva ley en la materia en 2002, producto no de la imposición ni cerrazón, sino del diálogo abierto, plural y diverso de todos los sectores involucrados convocados por el Poder Legislativo Federal en su LVIII Legislatura.

Fue así como se decidió emprender una política de Estado en materia de ciencia y tecnología que atendiera principios de eficacia y eficiencia en su actuar, estipulándose obligaciones de destinar, crecientemente, recursos públicos al sector y creando órganos como el Foro Consultivo Científico y Tecnológico como un ente autónomo y permanente de consulta del Poder Ejecutivo, del Consejo General de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, de la Junta de Gobierno del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), así como del propio Congreso de la Unión y del Consejo de la Judicatura Federal.

Desde el 5 de junio de 2002, fecha en que fue publicada la Ley de Ciencia y Tecnología en el Diario Oficial de la Federación, se estableció claramente que este Foro no tiene laboratorios ni genera conocimiento por sí mismo, sino que promueve la expresión de la comunidad científica, académica, tecnológica y del sector productivo nacional, para la formulación de propuestas, recomendaciones y observaciones en materia de política y programas de investigación científica y tecnológica.

El Foro tiene un carácter y una naturaleza operativa, integrándose por científicos, tecnólogos, empresarios y representantes de las organizaciones e instituciones de carácter nacional, regional y local, públicas y privadas, reconocidas por sus tareas permanente en la investigación científica y desarrollo e innovación tecnológicas.

Su integración atiende criterios de pluralidad, renovación periódica y representatividad de las diversas áreas y especialidades de la comunidad científica y tecnológica, de los sectores social y privado, y el equilibrio regional del país.

Es decir, no se trata de un órgano oportunista ni ilegítimo, ni de una agencia de viajes ni placer, sino de un órgano consultivo de Estado que no realiza investigaciones a destajo, sino que atiende las peticiones de consulta, recomendación y observaciones que le realiza el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el propio CONACyT, razón por la cual la gran parte de su trabajo no puede ser público.

¿Estaría de acuerdo el actual presidente de la República en que se hicieran públicas las observaciones que el tanque del pensamiento científico y tecnológico del país tiene sobre programas como “Sembrando Vida” y “Jóvenes Construyendo el Futuro” o sobre proyectos de infraestructura como el tren Maya y el aeropuerto “Felipe Ángeles? Justamente por ello, el Foro Consultivo realiza su trabajo de manera discreta y directa.

Sin embargo, ello ha valido para que se diga que gran parte de los recursos se destinen a gastos de traslado y operación, siendo justamente para lo que fue hecho ese foro y no para operar laboratorios ni realizar estudios sin motivo.

La verdadera corrupción en México no está en saber si un científico come en un restaurante o en una fonda, o si se hospeda en un hotel o en un hostal, sino en los grandes negocios que se realizan a la sombra del poder en actos como, por ejemplo, la construcción de obras de infraestructura, operación de programas sociales y contratación sin licitación de empresas y servicios. Ése es el nicho de la corrupción en México y nada se está haciendo por prevenirla ni corregirla.

El Foro Consultivo Científico y Tecnológico debe ser fortalecido y apoyado en su labor que algunos en el sector público no entienden y, por lo tanto, subvaloran y menosprecian, sin que ello signifique que no sea trascendental para el presente y futuro de la Nación.

No es denostando la voz de las y los científicos de México como lograremos vencer grandes obstáculos, sino dándoles el lugar que merecen y acatando sus recomendaciones y críticas, pues surgen no del fanatismo ni la ideología, sino de la objetividad.

@jlcamachov

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