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Luis M Cruz

Sin las reformas estructurales, en estos tiempos de volatilidad internacional y riesgos inesperados, las circunstancias simplemente nos habrían derribado.

  1. 1.

Indudablemente, el año que concluye ha sido contrastante para nuestro país. Tras la conclusión del ciclo legislativo para la aprobación de las once reformas estructurales que ocuparon el imaginario colectivo en los primeros dos años de gobierno del Presidente Enrique Peña Nieto –entre las que destacan la educativa, fiscal, política-electoral, de telecomunicaciones y energética–, es a partir de los trágicos sucesos de Iguala el 26 de septiembre pasado que la situación pareciera descomponerse y entrar en una zona de grises para el futuro inmediato.

Los problemas de inseguridad pública, de fragilidad en los procesos internos de selección de candidatos, los golpes a la credibilidad de la primera línea del gobierno así como el desplome de los precios del petróleo y el peso frente al dólar, todo ello previo al inicio de  la temporada electoral intermedia nos situaron otra vez al inicio de la cuestión, que es si podremos recuperar el crecimiento, vencer a la pobreza y elevar el bienestar de la población sin perder en ello las certezas que nos han acompañado siempre como nación, de que es posible en la paz, con esfuerzo y capacidades propias aspirar a un futuro mejor.

Los cambios estructurales realmente han puesto al país en la ruta correcta, que es valorada entre los distintos países como para hacer una diferencia en estos tiempos de volatilidad internacional y riesgos inesperados que en otras circunstancias nos habrían simplemente derribado. Una reducción del precio del petróleo prácticamente a la mitad de lo que era hace seis meses no ha tenido el efecto de postrar las finanzas públicas o recortar los programas públicos, como tampoco la desaceleración de las economías de buena parte del mundo han significado un mal mayor. Aún en estas difíciles circunstancias, los organismos financieros multilaterales y las agencias evaluadoras de riesgos de inversión subrayan la nueva solidez estructural mexicana y las expectativas de crecimiento e inversión para los próximos años, siendo entre 3 y 3.5% en el 2015, agregando un punto adicional para 2016 y 2017, respectivamente.

El Presidente Enrique Peña Nieto se refiere a esta situación, reconociendo que el 2014 ha sido un año de claroscuros, en donde se logró aprobar las reformas pero los hechos deleznables de Iguala recuerdan que aún debemos resolver cuestiones como el de la seguridad y la credibilidad, para que esos hechos que agravian a la sociedad no se vuelvan a repetir y en lo sucesivo empiecen a percibirse efectos benéficos de las reformas y el fortalecimiento de la seguridad en un mejor nivel de vida de los mexicanos.

En las elecciones que se avecinan, como es usual en las democracias, los ciudadanos pondrán evaluar lo realizado y refrendar o enmendar el plan del gobierno, de ahí que las campañas electorales se anticipen intensas y hasta sórdidas, según las tácticas que elijan los partidos y candidatos, en donde el gobierno y el partido gobernante buscarán demostrar su razón, ante el esfuerzo de los partidos adversarios para denostar y atacar lo realizado.

  1. Desgaste en las encuestas.

El desgaste gubernamental ha sido perceptible en las diversas encuestas publicadas recientemente. Todo el set de mediciones de la imagen presidencial revela una caída de por lo menos diez puntos, yendo de la zona de confort del 50% hacia la de minusvalía del 40%, con números realmente bajos, pues el respaldo abierto es de sólo 15% y se alcanza una cifra superior agregando a los que más o menos apoyan.

Las protestas y la movilización contestataria han continuado con intensidad relativa; sin embargo, lo que subyace es el descontento, la inconformidad y la negatividad social: casi el 60% de los encuestados por Demotecnia sienten que las cosas no van bien y que no habrán de mejorar, lo que de alguna forma se confirma con el entorno social, político y económico en que nos estamos moviendo en donde se está configurando una verdadera “tormenta perfecta”.

Esta situación recuerda aquél texto del francés Stephane Hessel, finado en 2013, sobre los indignados. En ese texto, Hessel recomendaba a la juventud en tanto portadores del futuro y a todo ciudadano a indignarse “porque el mundo va mal, gobernado por poderes financieros que lo acaparan todo… los jóvenes de ahora se juegan la libertad y los valores más importantes de la humanidad”, decía.

Los indignados mexicanos son muchos más que quienes protestan en las calles; la indignación está siendo alimentada por los medios, las redes sociales y las revelaciones que vuelven a avivar ese fuego social. Ante ello sobresale la ausencia de una política efectiva de comunicación gubernamental, que pareciera haber abandonado el campo en la batalla por los medios que requieren algo más que spots o frases intencionadas para ser ganada.

Esa indignación o inconformidad perceptible en las encuestas, ¿qué tanto afectará en los comicios intermedios que se avecinan? La buena noticia para el partido gobernante es que pareciera ser que los otros están peor, pero eso no necesariamente fortalece el sistema político, que podría seguirse vaciando de legitimidad y credibilidad ante los ciudadanos.

  1. Perspectivas electorales.

Al respecto, el grupo Reforma publicó una encuesta de la que podría inferirse lo que podría suceder en junio de 2015: de agosto, cuando publicó el dato de que el PRI aventajaba con 40% de las preferencias, a la medición de diciembre actual, el PRI estaría perdiendo diez puntos, ubicándose en 30% de las preferencias conforme a la pregunta “¿por cuál partido votaría usted?”.

Los otros datos que reportan requieren cuidadosa atención. En la encuesta de preferencias electorales de Reforma señala que el Partido Verde, que irá en coalición con el PRI, crece del 5% que reflejaba en agosto pasado, al 11% actualmente, por lo que podría asumirse al menos aritméticamente que la coalición PRI-PVEM estaría por arriba del 40% de las preferencias, es decir, casi tanto como lo que el PRI tenía por sí solo en agosto pasado.

El PAN, sin haber hecho prácticamente nada, estaría sorteando sus escándalos internos con ganancias en las preferencias, yendo del 22% en agosto al 25% actualmente en diciembre, con lo que sería uno de los ganadores del desgaste que está sufriendo el partido gobernante.

En las izquierdas, la situación es casi de tragedia griega. Las profecías se estarían cumpliendo y Morena está devorando al partido de los Chuchos o lo que queda del PRD. Como partido, el PRD estaría cayendo del 16% al 13% de agosto a diciembre, en tanto que Morena estaría creciendo del 7 al 9% en el mismo periodo, quedando 4% para Movimiento Ciudadano, 3% para el PT, 3% para el novísimo Partido Humanista y 2% para el PANAL, que alejado de la posibilidad de una coalición electoral con el PRI, estaría en riesgo de perder su registro.

Restan aún sin definición el 26% de los votantes potenciales, de los cuales el 6% podría estar en el voto nulo, 7% en el abstencionismo y el restante 13% se mostró indiferente y, por tanto, también figuraría en la abstención, que con ello llegaría al 20% del total de las preferencias.

De esta forma, si las famosas elecciones federales fueran hoy, la coalición gobernante seguiría siendo el “grupo mayor” con el 43% de las preferencias; el PAN tendría el 25% y las izquierdas estarían balcanizadas con 13% para el PRD, 9% a Morena, 4% MC, 3% PT y 3% el Partido Humanista.

Esta fotografía parece demasiado hermosa para ser verdad, pues aún ignora el efecto oculto que sobre las preferencias electorales suele tener el alicaído ánimo social, sobre todo si el entorno prosigue deteriorándose como está sucediendo.

  1. Fragilidad y riesgos en la economía.

Ni modo, en lo económico el pronóstico de una tormenta perfecta está ahí. Todavía hace un mes, al aprobarse el Presupuesto de Egresos de la Federación para el ejercicio 2015, pocos se aventuraban a pensar que el escenario internacional tendría cambios tan drásticos como los que estamos viviendo en estos días. Ninguna correduría sostenía que el precio de referencia del petróleo estaría en 60 dólares el barril (con la mezcla mexicana en los 50 dólares) y que el tipo de cambio peso-dólar rondaría los 15 pesos la unidad. Más bien, nadie se atrevía siquiera a  pensarlo; al mencionarlo como una posibilidad, solían contestar que la inestabilidad que se percibía en los mercados internacionales sería tan sólo una burbuja estacional debido a la desaceleración de varias de las locomotoras mundiales, sobre todo China y la Zona Euro.

Esto no parece ser así. Lo cierto es que estamos asistiendo a una guerra económica, entre bloques económicos y entre productores de petróleo.  En los Estados Unidos se ha estado viviendo la revolución energética basada en los yacimientos de esquisto y/o lutitas, con lo que ha ofertado 3 millones adicionales de barriles de petróleo diarios, reduciendo en igual medida su demanda del hidrocarburo, además de la sobreabundancia de gas natural con lo cual redujeron hasta 30% el precio interno de la electricidad, devolviéndole a este país la competitividad que había perdido ante los gigantes orientales. El resultado neto ha sido la recuperación del crecimiento norteamericano a sus históricos 3%, que es muchísimo para una economía de este tamaño, la generación de un millón y medio de nuevos empleos y la inversión de hasta 60 mil millones de dólares en terrenos y equipos de extracción shale.  En mucho por ello los Estados Unidos son prácticamente la única gran economía del mundo que está en crecimiento sostenido.

Ante ello, los productores árabes sobre todo Arabia Saudita y los Emiratos del Golfo Pérsico reaccionaron inundando el mercado con otros dos millones de barriles diarios para desplomar los precios, se decía, hacia el nivel de 60 dólares y con ello forzar la quiebra de miles de pequeñas y medias empresas productoras de hidrocarburos shale, cuyo precio de equilibrio para generar utilidades es de 50 dólares el barril de petróleo. Los árabes han dejado saber a los mercados que pueden sostener esta situación por 2 ó 3 años más, tras lo cual iniciarían una etapa de estabilización del precio hacia los 70 u 80 dólares el barril.

En la lógica norteamericana, el mercado mundial de los hidrocarburos debía reordenarse hacia las nuevas zonas productoras de hidrocarburos shale en países estables hacia el año 2020, con un precio promedio del petróleo a 50 ó 60 dólares el barril. Es decir, lo que debía suceder hacia el final de la década, está sucediendo ahora, en tan sólo seis meses, lo que indudablemente habrá de generar saldos y costos para los países productores y consumidores de petróleo.

De esta guerra de precios, saldrán ganadores y perdedores, dependiendo de qué tan dependientes resulten los países y las compañías productoras de los ingresos petroleros. Los países consumidores ganan con esta etapa de precios bajos, al reducirse el costo de los energéticos, pero esto no es así para los países productores, que se han acostumbrado al ingreso fácil de los petrodólares. En primera instancia, de no privar el interés nacional y aplicando sólo los criterios de mercado, habrán de estar entre los ganadores los países con menor dependencia de los ingresos petroleros y las compañías más grandes y solventes. Entre los perdedores, estarán los países fuertemente dependientes de los ingresos petroleros (Venezuela y Nigeria, por ejemplo) y las pequeñas y medianas compañías norteamericanas de gas y petróleo shale, que estarían ahogadas por las deudas.

Parece inevitable que en el 2015, nuestro país requeriría hacer ajustes de fondo a la estructura de las finanzas públicas si es que quiere evitar el golpe externo a los ingresos públicos. Ojalá el tipo de cambio realmente ayude a las exportaciones y beneficie los ingresos por turismo, como para compensar la reducción de divisas por concepto de ingresos petroleros. El tiempo de los grandes excedentes por los ingresos petroleros puede decirse que ha concluido. Vienen los tiempos de escasez, que como maldición bíblica pudieran significar los años de vacas flacas en el gobierno del Presidente Peña Nieto, en tanto que las vacas gordas fueron consumidas por los gobiernos azules de la docena trágica, cuando se dieron los más altos ingresos por petróleo, generando excedentes que no fueron ahorrados sino consumidos por el gasto corriente de los gobiernos del PAN.

  1. Perspectivas legislativas.

En materia legislativa, la agenda de temas relevantes quedó atrapada por la lógica de los partidos y el paso lento del Senado para alcanzar los acuerdos fundamentales.

Otra vez, pareciera no ser útil que en la Cámara de Diputados se trabaje con eficiencia y se logre construir acuerdos amplios para hacer avanzar los temas fundamentales, dado que en el Senado los temas se empantanan y el diálogo se politiza. Dos temas cruciales están deteniendo la razón de Estado; uno, que se refiere al tema Anticorrupción, del que el PAN ha hecho un caso de batalla para maximizar su posición buscando prácticamente la autonomía del órgano integrador del llamado Sistema Anticorrupción (algo en lo que eventualmente el gobierno podría coincidir), en tanto que en el Senado, la lógica municipalista se estaría imponiendo y habría de requerirse más tiempo para lograr acuerdos en las tres iniciativas enviadas por el Ejecutivo para fortalecer la seguridad y la justicia: la del mando único estatal; la de la redistribución de competencias en materia penal entre los fueros federal y común; y la facultad al Senado para desaparecer ayuntamientos que se presuma están infiltrados por el crimen organizado.

Buscando terciar en la temática, el PRD intentó sorprender con un dictamen a modo respecto de la reforma política en el Distrito Federal, que con el supuesto de la democratización de la política capitalina en realidad pretende crear una super entidad federativa, con privilegios económicos y fiscales que de inmediato harían palidecer el Pacto Federal, pues en el proyecto propuesto ni las delegaciones políticas serían municipios como los demás que hay en el país en el sentido estricto del término, ni el gobierno de la ciudad de México sería un gobierno estatal como los demás, al disponer de mayores poderes y facultades, propias de un régimen centralista. Quizá los dirigentes perredistas del Distrito Federal, usufructuarios absolutos de poder capitalino durante los últimos 15 años, olvidan que la reforma constitucional que persiguen deberá también ser aprobada por la mayoría de las Legislaturas estatales, que podrían no ver muy bien que una entidad federativa capitalina estuviera por encima de los demás Estados de la República.

Sin duda, en el balance del periodo ordinario que recién concluyó se aprobaron muchas y muy relevantes leyes; tan sólo en la Cámara de Diputados se procesaron la nueva Ley Nacional de Mecanismos Alternativos de Solución de Controversias en Materia Penal, se modificó la Ley Federal del Trabajo para prohibir las labores de menores de 15 años; se expidió la Ley para Prevenir, Sancionar y Erradicar los delitos de Trata de Personas; se concretó la Ley Federal de Juegos con Apuestas y Sorteos que erradica, entre otras cosas, las nocivas máquinas tragamonedas; la nueva Ley para Impulsar el Crecimiento Sostenido de la Productividad y Competitividad en la economía; se cuenta con una nueva Ley de Obras Públicas y Servicios Relacionados; se aprobó la nueva Ley de la Fiscalía General de la República; se votó la Ley de Transición Energética y la Ley Reglamentaria del Servicio Ferroviario y se procesó la reforma constitucional a los artículos 115 y 116 para hacer posible el gobierno de coalición en las entidades federativas de la República.

No obstante, prevalece en la opinión pública la idea de que no se logró todo lo que se buscaba. Así, entre diatribas, las Cámaras agotaron sus posibilidades y el tiempo legislativo del periodo ordinario concluyó como lo dispone la Constitución, el 15 de diciembre sin que en el Senado se lograra construir los acuerdos respectivos para destrabar la agenda legislativa (aún hay en el Senado más de 160 minutas de la Cámara de Diputados simplemente congelados por el desinterés senatorial, por decir lo menos). Al no haber materia, es decir, dictámenes acordados, se disipó la posibilidad de convocar a un periodo de sesiones extraordinarias para abordar los pendientes.

Todo parece indicar, entonces, que la moneda seguirá en el aire hasta el próximo periodo ordinario de sesiones que iniciará el 1o de febrero de 2015. *** Entretanto, la columna Pentagrama estará de asueto decembrino, reanudando su aparición después del Año Nuevo.  Que la paz reine en nuestro querido México.

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