Luis M Cruz

1.

 Tras los comicios del 6 de junio — que por fortuna transcurrieron en la virtud cívica del voto abundante y transparente y un gran respeto a la voluntad popular— lo que habrá de permitir la integración oportuna de la gran cantidad de puestos públicos que estuvieron en juego, otros temas de singular importancia recobran su visibilidad. Uno de ellos, relevante por el peso en la integración del presupuesto nacional, es el del petróleo. 

2.

 En los últimos años, tras el auge del fracking y la producción de petróleo y gas de esquistos, el precio del barril de petróleo en el mundo acusó un declive que le llevó de unos 90 dólares hasta llegar a menos de 20 hace cinco años, entrando en un ciclo largo de precios bajos para recuperarse en torno a los 50 dólares. Luego, el stop económico provocado por la pandemia de la Covid-19, al reducir entre 5 y 6% el PIB mundial, generó el desplome en los precios inclusive por debajo de cero, registrándose el insólito caso de precios negativos en los mercados de futuros de Chicago. Ante ello, los países de la OPEP con otros grandes productores, en un grupo conocido como la “Opep+” al incluir a países no miembros como Rusia, los Estados Unidos y México, entre otros, acordaron reducir el volumen de la oferta mundial para estabilizar el precio del aceite y evitar el desplome del mercado. De esta forma, al controlar la oferta, los precios pudieron estabilizarse y evitar el caos en los países altamente dependientes de los ingresos petroleros. 

3.

 Ahora, al entrar el mundo en un horizonte de control de la pandemia, en el cual tan pronto como en el segundo semestre de este año se habrá contenido mediante un plan masivo de vacunación impulsado por Estados Unidos y Europa con donaciones directas y financiamiento al mecanismo Covax de las Naciones Unidas para lograr al menos el 60% de inmunización global, llega también el tiempo de recuperación para los precios del petróleo. Al reabrirse la economía en los grandes países consumidores, crece la demanda de petrolíferos y por ende, se tienen incentivos para incrementar la producción, al tiempo que se cuidan los precios. 

4.

 En este sentido, los países participantes en la OPEP ampliada, controlada, hay que decirlo, por Arabia Saudita y no por los antiguos y beligerantes países árabes del eje Irak-Irán, acordaron en reunión ministerial el mantener la estructura de producción convenida en abril para no inundar el mercado e ir incrementando gradualmente la oferta, distribuyendo los incrementos de manera proporcional. Eventualmente, al avanzar en las negociaciones de control nuclear, Irán habrá de integrarse también al mercado, pero esta incorporación deberá ser ordenada y transparente para no afectar la estabilidad del acuerdo general de producción y precios. 

5.

 El hecho es que las proyecciones de precios en el mercado de futuros de Chicago, acicateados por las perspectivas de recuperación global estimada en un 6%, han llevado el precio del barril de petróleo hacia el marcador de 70 a 75 dólares el barril para lo que resta del año. Se espera con ello  un incremento en la demanda de entre cinco y seis millones de barriles diarios, que habrían de sumarse a los casi 100 millones de barriles producidos actualmente cada día. Según se mire, pueden ser buenas o malas noticias. Para los países altamente dependientes del ingreso petrolero, representan más recursos para las arcas públicas; por ejemplo, en México, los ingresos petroleros se estimaron a razón de 55 dólares para 2021 y se consideraban 53 dólares para 2022, por lo que un mayor precio serán necesariamente mayores recursos excedentes. Sin embargo, para el mundo y los esfuerzos de mitigación del cambio climático, la reactivación económica significa un mayor consumo de petróleo y creciente emisión de gases de efecto invernadero. Nos guste o no, el petróleo sigue siendo el gran referente. 

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