Luis M Cruz

1.

 Finalmente, los países responsables no sólo de la depredación medioambiental y emisión del 60% de los gases de efecto invernadero (GEI) asumieron en Glasgow, en la Cumbre de la Organización de Naciones Unidas (ONU) contra el Cambio Climático COP26, el compromiso de reducir las emisiones de carbono para mediados de este siglo, es decir, en el año 2050, sin dejar de hacer notar que China y la India señalaron la meta en 2060 y 2070, respectivamente. Para lograrlo se tendría que incrementar el cálculo de las emisiones nacionalmente determinadas, a efecto de cada país hiciera lo necesario, en inversiones, cambio tecnológico, transición energética o reducción del consumo, para efectivamente alcanzar el ambicioso objetivo de “cero emisiones” en 30 años.

2.

 Sin embargo, en el contexto de la propia Cumbre se nutrió el escepticismo sobre los acuerdos. Si bien se reconoce el enorme riesgo de un cambio climático descontrolado y acelerado para la biodiversidad, los ecosistemas y el equilibrio ecológico en todas partes, los países industrializados también exigieron la producción de más hidrocarburos para surtir la demanda mundial y evitar una crisis energética y mayores presiones inflacionarias ante el inminente y frío invierno que se aproxima. La OPEP+ atendió el reclamo y anunció la elevación controlada de la producción de petróleo hasta alcanzar los 100 millones de barriles diarios hacia finales del año. Conforme la recuperación y el crecimiento de la economía mundial prosigan, estos requerimientos de más petrolíferos habrán de continuar, en tanto que el uso de carbón, utilizado en gran cantidad de termoeléctricas tanto en China como la India, Rusia y hasta Alemania, país que renunció a la energía nuclear pero no a la carbonífera, seguirá incrementando conforme avancen las inclemencias del invierno. 

3.

 Previamente, los líderes de las 20 principales economías del mundo, también responsables en conjunto del 75% de las emisiones de gases GEI, se habían comprometido tanto a un gravamen del 15% a la riqueza de las corporaciones como a cesar el financiamiento público de generación de electricidad a base de carbón en el exterior, pero no a nivel interno, es decir, sosteniendo la posibilidad de seguir utilizando carboeléctricas tanto como sea necesario. Irónicamente, la energía nuclear, defenestrada por los riesgos de repetición del desastre de Chernobyl, constituye una opción de energías limpias en tanto no emiten gases GEI y se controlen los desechos tóxicos y alta peligrosidad con mejores condiciones de seguridad. Francia, por ejemplo, conforme al plan de reindustrialización del presidente Macron, ha optado por la instalación de múltiples pequeños reactores nucleares para hacer frente al crecimiento esperado de la demanda de electricidad en los próximos años. 

4.

 Nada será fácil, no obstante las buenas intenciones expresadas en la COP26 de Glasgow. El tiempo de actuar, que son los próximos 30 años, para reducir las emisiones GEI de 80 gigatoneladas actuales a por lo menos 50, es un horizonte que se reduce dramáticamente para contener el incremento promedio de la temperatura al máximo de dos grados centígrados considerado como límite en la devastación que de cualquier forma está sufriendo nuestro planeta. 

5.

 En los próximos 30 años, a la par que se intente cumplir con los compromisos de reducción de emisiones y transición tecnológica, energética y alimentaria necesarios, habrá de lidiarse con el crecimiento sostenido de la población total. Hoy somos alrededor de siete mil 500 millones de personas y en 2050 seremos 10 mil millones, es decir, dos mil 500 millones de seres humanos más en el mundo con todo tipo de necesidades, mismas que serán atendidas mediante explotación intensiva de las tierras y aguas disponibles, a la vez que procesados en millones de factorías con el consiguiente consumo de materiales, energéticos y emisiones GEI. El gran desafío es cómo hacer que esto sea posible y sustentable. 

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