Luis M Cruz

1.

 El combate a los efectos del cambio climático vuelve a un lugar preponderante en la agenda mundial, dado que uno de los actores clave que se había extraviado, Estados Unidos, ha retornado al escenario internacional haciendo de los temas globales la materia central de sus intereses. 

2.

 Ciertamente en el pasado anterior a Donald Trump, Estados Unidos había mantenido la vanguardia en el combate al cambio climático. El régimen del presidente Barack Obama resultó ser un campeón de las energías verdes y la eficiencia energética, provocando el debilitamiento del cártel del petróleo por décadas ostentado por la Organización de Países Exportadores de Petróleo, en control por entonces del mercado mundial. La estrategia energética de la administración Obama consistió en impulsar el fracking en el medio oeste estadounidense, como también en Alberta, Canadá y en Australia, lo que devino en centros productores de petróleo más estables y seguros que aquellos del Oriente Medio, haciendo de Estados Unidos un país exportador de petróleo; pasaron de importar petróleo a exportar hasta 3 millones de barriles diarios, además de ingentes cantidades de gas natural. 

3.

 Adicionalmente, al disponer de gran cantidad de gas natural muy barato, por debajo de 3 dólares el millón de BTU (una medida calórica), las industrias petroquímicas, de plásticos reutilizables, así como del acero, aluminio y otros agroquímicos, volvieron a ser competitivas en EEUU. El siguiente hit tecnológico fue el desarrollo de motores y luminarias más eficientes, basados en ahorro de energía y dispositivos LED también de ínfimo consumo energético, con lo cual el costo de la energía eléctrica producida con gas natural cayó hasta un 30% para los consumidores estadounidenses. Así, combinando mayor disponibilidad de petrolíferos shale (o de piedra también les llaman), con nuevas tecnologías dependientes de la energía eléctrica barata y motores y luminarias de mayor eficiencia energética, Estados Unidos y algunos otros países se tornaron campeones de las tecnologías verdes y contra el cambio climático. 

4.

 México buscó ser parte de este boom de las energías verdes, intentó desarrollar la cuenca de Burgos, que es del mismo estrato del que los estadounidenses extraen buena parte del gas de esquistos que luego nos revenden, y construyó gasoductos para trasladar el energético a nuestro territorio. La industria mexicana, acogida a la Ley de Transición Energética, entró en una fase de transición de diez años en la cual aún se encuentra, para reconvertir procesos altamente demandantes de energía en otros de menor consumo, incluidas las luminarias LED ya tan familiares en los hogares mexicanos. Pero pronto el régimen de Trump dio al traste, vino la pandemia y los esfuerzos se diluyeron, al extremo que las recientes heladas en Texas pusieron a debate otra vez la viabilidad del gas natural como proveedor de energéticos con menor huella de carbono.

5.

 La convocatoria del presidente Joe Biden a una Cumbre de Líderes sobre el Clima, a realizarse los próximos 22 y 23 de abril, puede significar una oportunidad para que México retome el tema en buenos términos. Nuestro país no es un gran emisor de gases de efecto invernadero, su huella es mucho menor al 2% global, en tanto que países como Estados Unidos, China, Rusia y la Unión Europea son responsables del 60% del total, por lo que debiera corresponderles asumir los costos de la remediación. Nuestro país es más bien víctima del cambio climático, pues las sequías y los huracanes transtornan severamente nuestros patrones hídricos y climáticos. Lo que podríamos plantear en el arranque, son nuestras buenas prácticas para recarbonizar tierras, cuidar el agua, reforestar y utilizar dispositivos fotovoltaicos en la agricultura responsable,  que permiten capturar carbono de manera sostenible, con lo cual podríamos obtener financiamientos asequibles para los siguientes pasos. 

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