Ana Saldaña

El fin de año se acerca peligrosamente rápido.  Al llegar octubre, invariablemente cuento los días que me quedan del año para terminar los proyectos pendientes. A la vez llega una de las épocas que para mí  en lo personal son de las más bonitas en cuanto a tradición popular. Sin duda, esta temporada es una de mis favoritas. A pesar de estar intermezclado también con el festejo norteamericano de Halloween, la tradición de muertos todavía es de las pocas celebraciones auténticamente mexicanas que se conservan a pesar del paso del tiempo. 

Esta época del año es para vivirse con todos los sentidos. Me encanta ver cómo la ciudad se pinta de naranja cempazuchitl; sueño con los aromas de azahar, naranja y mantequilla del pan de muerto y visualmente me divierte ver las hermosas figuras de papel mache de catrinas salpicadas en nuestro entorno urbano. Me encanta ir a casas donde todavía encontramos altares y en donde existe la posibilidad de conocer más a fondo la historia familiar del que lo elaboró, así como de sus antepasados.

Pero no sólo es la parte visual que me atrae de estos altares, sino también su simbología: los niveles  (normalmente el cielo y la tierra, aunque a veces se dividen en tres para incluir el limbo o siete si hablamos de los niveles para llegar al cielo conforme la tradición católica); la importancia de un arco para que las almas puedan salir y regresar al paraíso, adornados de flores de cempazuchitl para guiar a los muertos;  además de los elementos como las fotos de los difuntos, la sal (que sirve para los niños no bautizados), los vasos con agua (para que el difunto que viene del purgatorio se refresque y beba para que sus pecados se perdonen), las velas (que simbolizan la luz en contra de la obscuridad de la muerte y para iluminar el camino de los muertos para que lleguen con bien), la comida en ollas de barro (las favoritas del difunto), las flores de cempazuchitl (el color naranja representa el luto prehispánico), el terciopelo morado (que representa el luto de la iglesia católica), el papel picado; las figuras de calaveras en barro o cartón, los copales con incienso (para que las almas adultas se guíen por el olor), las calaveras de azúcar con el nombre de los difuntos (para representarlos), un petate y todos los que fueron los objetos personales preferidos de los homenajeados. Para mí, un altar de muertos, es una oportunidad para conocer la intimidad de los que la elaboran, pero sobre todo trae una historia que contar si los miramos con detenimiento.

El pan de muerto, tan característico de esta época, llama a sentarse en familia con un rico chocolate. Otros años, he sido obsesiva en probar panes de muerto, pero este perfeccionaré el arte de la panadería casera. Para mí hay sólo dos tipos de panes, los de verdad y los del engaño. Los del engaño, son esos panes que hacen con manteca vegetal, y que inmediatamente se sienten en la parte superior de la boca como grasosos y que a su vez dejan rastros de sabores químicos. No hay nada como un pan de muerto preparado con mantequilla. Al combinarse con el azucarado exterior y el suave pan interior en un huesito dorado, uno inmediatamente sabe que está frente un pan de verdad. Cuando se trata de pan no hay atajos, solo paciencia y cuidado en los detalles. Eso es lo que siento cuando como un pan de verdad, no se ha escatimado en nada y el sabor habla por sí sólo. El hacerlo en casa garantiza el uso de ingredientes de primera.

La tradición de muertos es todavía algo que me envuelve, pero además es un fenómeno que me llena de curiosidad. Deseo de corazón que durante octubre tengas tiempo para disfrutar de todo lo que ofrece este mes.

Espero que tengas un fabuloso día y recuerda; ¡hay que buscar el sabor de la vida!

***

Aquí les comparto una receta para hacer un pan de muerto casero. Escríbeme para contarme cómo te fue con la receta en Instagram @anasaldana.

Pan de Muerto

500 gramos de harina
6 gramos de sal
11 gramos de levadura
3 huevos
90 gramos de azúcar
175 gramos de leche
110 gramos de mantequilla
Ralladura de una naranja
5 ml de agua de azahar

Para decorar:

100 gramos de mantequilla
75 gramos de azúcar
5 gramos de canela

Bate todos los ingredientes menos el azúcar, el agua de azahar y la ralladura de naranja durante 7 u 8 minutos.  Después agrega el azúcar y trabaja la masa. Incorpora el agua de azahar y la ralladura de naranja. Deja reposar cubriendo con un trapo húmedo hasta que doble el volumen aproximadamente una hora. Divide la masa en el número de piezas que deseas. Bolea el pan y ponlo en una charola y aplástalo un poco. Trabaja un poco de la masa para hacer los huesitos y la cabeza del pan de muerto (hay muchos videos de YouTube). Coloca un poco de agua en el pan y espera que seque para colocar los huesitos. Dejar reposar 20-35 minutos.  Hornea a 170 grados durante 25 a 30 minutos. Decorar barnizando con mantequilla tibia y espolvorear con mezcla de azúcar y canela.

Compartir