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Ana Saldaña

Fotos | Ana Saldaña

Fotos | Ana Saldaña


 

 

Confieso que nunca fui muy fan de Brittany Murphy, aunque me gustó mucho su película Ramen Girl. La trama es sencilla, una chica americana sin rumbo, abandonada por su novio en Tokio encuentra su pasión en el lugar menos esperado: un restaurante local de ramen propiedad de un chef tiránico que no habla ni una gota de inglés. Abby no se deja intimidar y lo convence de que le enseñe a preparar este platillo. Durante distintas escenas, descubrimos lo diferente que resulta la cultura japonesa de la cultura occidental, así como lo especializado y complejo que puede resultar la preparación de este platillo. Al final de la película, en un momento de lucidez a la protagonista le cae el veinte sobre la pasión y espíritu que requieren sus platillos para crear una verdadera obra de arte.

 

Así, esta película, inspirada en el largometraje japonés Tampopo, en donde una mujer aprende el arte masculino para hacer el ramen perfecto, se adelantó varios años a lo que hoy en día, es una tendencia a nivel mundial en el mundo de la gastronomía. Hoy en cualquier ciudad que digne decirse “foodie” no pueden faltar pequeños locales dedicados al arte del ramen.
 

 
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Sin embargo, parte del atractivo de este platillo, es que no es tan fácil como parece. Muchos tal vez pensarían que pones los fideos en el caldo y que no hay mucho más. Sin embargo, el caldo debe prepararse con paciencia por largas horas y buenos ingredientes. Lo más difícil de todo el platillo son los fideos. Se considera una ofensa capital sobre cocinarlos y hay lugares en Japón que no te dejan llevarte los “noodles” o fideos a casa, ya que solo pueden garantizar su cocción perfecta en el restaurante. Un buen fideo debería tener elasticidad y la idea es que debe ser el vehículo ideal para que se les pegue el caldo. Una vez cocinados los fideos se añaden a un amplio tazón y luego se vierte el líquido. Para terminar la presentación los acompañamientos deben arreglarse de una manera artística y elegante. Estos pueden incluir desde alga nori, verduras, huevos pochados cocinados en caldo con una clara casi cocinada y una yema a punto de explotar, hasta delgados listones de cebolleta. El platillo es altamente intenso en trabajo manual. Requiere de mucho detalle. Pero no hay nada como percibir los aromas de un caldo buen hecho y disfrutar de los fideos, como se hace en Japón, sorbiendo y hasta haciendo ruido. Es un platillo que inmediatamente alimenta al alma.

 

Este fin de semana, viendo que ya han abierto varios locales de ramen en la Ciudad, me aventuré a visitar Kumo Ramen. El lugar esta divino. Cubierto en su totalidad con madera al natural y unas bancas de la misma madera, ofrecen al visitante la sensación de estar en un auténtico restaurante japonés. Al preguntar sobre el concepto, un mesero me cuenta que forma parte del corredor Tonalá, desarrollado por un grupo de inversionistas que decidieron abrir una serie de restaurantes sobre la acera con comida francesa, mexicana, de ramen y enoteca.

 

Primero pido un onigiri, un triángulo de arroz relleno de vegetales o proteína que en todo Japón uno encuentra en las estaciones de tren y Seven Eleven, ya que es ideal para llevar y comer cuando uno tiene prisa. Está rico, aunque tropicalizado al gusto mexicano, ya que viene acompañado de gari, el típico jengibre que sirven en restaurantes japoneses encurtido con una solución de azúcar y vinagre, así como mayonesa.

 

De segundo tiempo pido el Kumo Ramen, elaborado con carne de cerdo. La presentación es hermosa. Sin embargo, al caldo le falta sabor y profundidad. El cerdo está bien cocinado, pero sin mucha sazón. Los fideos están “al dente” sin la flexibilidad deseada. Además, en el caldo encuentro trozos de Gari, lo cual me sorprende, ya que es un ingrediente que usualmente acompaña al sushi, pero nunca es utilizado para cocinar por los japoneses.

 

Al final no voy a negar que estaba rico y que el lugar es muy agradable. Vale la pena darse una vuelta. Sin embargo, si uno busca ese ramen perfecto lleno de sabor y cuidado en toda la pureza japonesa, aquí no es el lugar para encontrarlo. Me parece que es una versión tropicalizada de ramen en donde es evidente que se han saltado varios pasos y logran una versión más sencilla. Puede gustarte o no, pero no es auténtico.
 

 

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Así, pasé una tarde agradable. La comida estaba buena. El servicio era atento. Y quien haya diseñado el lugar, le pegó al clavo para crear con pocos elementos un lugar que sin duda te transporta a tierras niponas, aunque la comida no te lleve tan lejos. Seguiré en mi búsqueda de ese ramen auténtico que, como en la película de Ramen Girl esté infusionado de pasión y espíritu.

 

Espero que tengas un fabuloso día y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

 

Kumo Ramen
Tonalá 87, esquina con Álvaro Obregón,
Colonia Roma

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