J. S Zolliker

Mientras espera al transporte público que lo llevará a la Facultad de Economía, sopla vaho a sus manos para intentar calentarlas y lee los titulares del puesto de periódicos. Nada parece alentador. Ni el diario deportivo que anuncia el triunfo de su equipo en el juego de anoche.  Se aburre, pero en público, procura no leer Twitter para no mostrar su móvil porque la inseguridad en la ciudad va cada vez peor. Está de malas. Hoy jueves le toca la supervisión del “chaques”, un miembro del sindicato que ha resultado un fanático demente de conceptos que escupe interrumpiendo su clase una y otra vez, sin siquiera comprenderlos. “Mire, doc: ¿Pa’ qué les enseña sobre combate a la pobreza que han hecho en otros lados si México es rico en recursos, tradiciones y cultura? Pinches privilegios de la burguesía acomodada. Nosotros podemos, sus conceptos son importados de los imperialistas”. Dios.

Frustrado, aborda el camión y sabe que no podrá evitar el enfrentamiento. México dejó de estar entre las primeras 10 economías más atractivas para invertir. El crecimiento del desempleo ha sido el más grande en décadas. La deuda de Pemex ha caído de calificación y eso la hace más inviable. Se afectó en miles de millones al sector financiero. Se recortó el gasto en salud, aunque se atenderá a muchísimas más personas. Se han perdido cientos de miles de pesos por decisiones absurdas, como cancelar el aeropuerto o la ineptitud en la distribución de gasolinas o huelgas o plantones que han inmovilizado a trenes lo que resulta en que no se puede transportar mercancías —ni de la canasta básica— lo que se traducirá en inflación. También habrá escasez de medicamentos porque no se han dado permisos para importar insumos; la gente con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión, lo padecerá primero.

Por si ello fuera poco, están huyendo empresas de la frontera porque les aumentaron los costos. Se perjudicó ya, a las dos principales industrias fuentes de ingreso productivo nacional: la automotriz y el turismo. La expectativa de crecimiento económico es menor a una quinta parte de lo prometido. Muchos profesionistas capacitados, ganarán apenas una parte de lo que ganará un chofer de pipa. Los policías federales baleados serán atendidos en el ISSSTE, que ya está rebasado en su capacidad. Se ha permitido que coexistan sindicatos en una empresa, así que eso genera incertidumbre a los accionistas porque cualquier extorsionador podrá reventar una huelga sin tapujos.

Y todavía hay algunos que celebran que la balanza comercial haya crecido, sin comprender que no es real porque se dejó de importar gasolinas únicamente de forma temporal. No saben que el peso no se ha fortalecido, sino que el dólar ha perdido
—temporalmente también— terreno en el mundo. Y ahora se obligará a las empresas a contratar ninis adoctrinados —todos los que te manden, TODOS—; no obstante, no sean los mejores capacitados y eso genera terror en inversionistas hasta por probable espionaje industrial… Se invertirá en proyectos improductivos y sin futuro. El tren maya, la incertidumbre, la falta de transparencia, las incongruencias, las incompetencias y la impunidad, están descarrilando la economía en apenas dos meses de gobierno. “Llegamos”, grita el chofer del camión. El profesor decide que no. Hoy no está para tolerar a nadie. Hoy mejor regresará a la cama y comerá un poco de lo que sea que haya.

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