J. S Zolliker

Llegué con mis dudas, no voy a mentir. Que nos recibiera en Palacio Nacional, me pareció tan buena noticia, tan histórico, que hasta que no lo vi llegar en persona, no me la creí. Porque es que desde hace catorce años, luego luego nos había dicho varias veces que había que sacar a nuestros familiares enterrados en la explosión de la mina, pero por más reliquias que le dedicábamos, hasta ahora, no habíamos visto claro de su parte. 

Del grupo, yo soy de las pocas que ya conocía la Ciudad de México, pero la verdad es que no importa cuantas veces venga, me sigue imponiendo. Es demasiado grande, mucha gente y todo es bien estridente. No lo voy a negar, me gusta ser de las que conocen porque me gusta guiar y tranquilizar a las compañeras y que vean de la mano de una, lo que es la capital. Eso sí, Palacio Nacional, me dejó apañada, la verdad es bien majestuoso, luego luego se siente que es señorial y de gente importante y no como uno, que es de donde todo está charro.

¿Les gana la curiosidad? A mi, sí me ganara, así que les cuento derecho: aunque es bien majestuoso ahí, no se ve nada ostentoso. Luego luego se ve que el soberano presidente, no es de los que presumen de ser gavilanes cuando ni a tecolotes llegan. Bien verdad que no vi nada de lujos ni en las tazas donde nos sirvieron café. En fin, sepa su mecha por qué les estaba yo contando eso, pero total, cuando llegó ya él, nos saludó y luego luego nos dieron un reporte de un grupo de expertos y científicos y nos dieron lo que ya sabíamos: que está bien perro eso de sacar a los 63 cuerpos que ahí quedan y que costaría como 1,750 millones de pesos hacerlo y unos cuatro o cinco años de trabajos si es que no se vuelve demasiado peligroso. 

Mil setecientos cincuenta millones de pesos, es una feriotota, lo sé. Yo luego luego me acordé que esa es la cantidad que el gobierno destinó para atender a los enfermos de la Covid-19 en todo el país y me acordé también, que es todo el dinero que tiene Morena por el INE para funcionar como partido político nacional; un montonal de recursos, pues.

También, se nos dijo ya derecho, que la indemnización que se nos va a dar a cada familia, es de tres millones setecientos mil pesos. Se me hace justo. No tanto por el dinero, ¿saben qué es lo que una como yo agradece? El trato humano, sencillo. Nos ofrecieron mejor, construir un monumento a nuestros familiares y me parece bien, porque yo sé que es una estupidez gastar todo ese dinero en recuperar unos pedazos de huesos de muertos –entre ellos, los de mi esposo–, para después volverlos a enterrar.  

Al final, varias compañeras dijeron que sí, que no importaba esperar, que se sacaran los cuerpos aunque tome años y cientos de miles de millones de pesos. Ahí si ya me preocupé, porque no me explico que el presidente, en lugar de decirnos “saben qué señoras, me equivoqué, cuando les di mi palabra no sabía que eso era tarea imposible y eso no se puede hacer”, prefirió decirnos “lo que ustedes decidan”…  Híjoles, que difícil es darte cuenta que tenemos un soberano tan soberbio, que prefiere pagar miles de millones de pesos, que aceptar que se equivocó. Eso sí, no me gustó nada.  Como bien decía el padre Plutarco en mi pueblo: el mazo hace soberbios, y la soberbia, necios. Así que, si nos llegan a pagar el dinero que dicen, lo voy a usar para luego luego irme de México para mejor estar con mi hijo que vive en Estados Unidos. Allá por lo menos no desperdician el dinero. 

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