J. S Zolliker

El clima es muy raro en esta época del año, en esta región del mundo, en este siglo en que nada —ni el clima— parece permanecer constante. Viste con traje y corbata, pero pasa frío. A propósito, decidió no llevar abrigo. El fresco lo mantiene alerta y cree que lo necesita. Lleva semanas pidiendo audiencia con el Presidente y lo han citado de madrugada; sabe muy bien que, entre los políticos de la muy vieja guardia, todo es simbolismo. 

Le quedó sumamente claro, por ejemplo, cuando relegaron a la embajadora de nuestro país ante Estados Unidos, a una de las últimas filas en el reciente evento con los diplomáticos del país. Ese fue su castigo. El de él, se imagina, será llegar de madrugada, permanecer en un cuarto de espera por horas hasta que termine la conferencia mañanera, y quizás lo reciba por pocos minutos antes de que desayune o quizás lo hagan esperar hasta después de que al Presidente le comiencen a hacer digestión los alimentos.

Así es esto. Lo sabe y lo acepta. Está dispuesto a pagar el precio porque su conciencia, le importa más que la cercanía a las mieles del poder. Y es que últimamente, “lo han apestado” del círculo íntimo, pues ha estado haciendo declaraciones y escritos, donde critica el actuar del gobierno y la inmediatez de sus medidas, su cortoplacismo.   

Como muy pocos, decidió darle oportunidad al gobierno que ayudó a ser electo, para que pasara el tiempo suficiente para que arrancara y se encarrilara. Pero ya fue suficiente. A su real entender se está eligiendo mal el camino a seguir. Por ejemplo, su fortuna la ha conseguido en negocios que en el largo plazo, le generan ingresos. Por eso ha invertido en bienes raíces o en genética: con los años, te generan réditos constantes. ¿En qué está invirtiendo México para el largo plazo? ¿Dónde está la infraestructura para las generaciones por venir? ¿En refinerías que dejarán de ser rentables en unos años? ¿Dónde están los grandes centros hospitalarios de vanguardia? ¿Dónde los puertos marítimos? ¿Dónde los aeropuertos de pasajeros y carga?

Parecen no darse cuenta de los cambios que está sufriendo el mundo y de los cuales, nos estamos quedando fuera: la India y China son los nuevos gigantes económicos. Llevan décadas invirtiendo en tecnología de punta para producción y comercio, y en su población. ¿Y nosotros? Europa se está reconfigurando. Allá se venden más pañales para adultos que para bebés. ¿Qué va a pasar con toda la riqueza que se perderá con gente que no tiene ni a quien heredarle? Los países de vanguardia ya están tomando medidas al respecto. Ni qué decir de la inteligencia artificial y la robótica: muchos empleos no tardan en desaparecer porque las máquinas remplazarán a los seres humanos ¿Y nosotros? Vaya, nosotros seguimos en la romántica visión de creer que los medios de producción deben pertenecer a los obreros y no hemos sido ni capaces de plantear soluciones para adecuados sistemas de pensiones a las generaciones por venir.

—Por favor, pase por aquí —le dice una señorita impecablemente ataviada. Su sorpresa es grande cuando nota que no lo harán esperar horas para concederle un par de minutos. 

—Vamos a desayunar —le indica el Presidente–. Eres de mis grandes críticos, pero siempre dices las cosas de frente mientras me rodea mucha gente que busca aislarme de todo; tú lo sabes. 

–No puede posponer el largo plazo, señor Presidente.

–Necesito que me escuches atentamente porque tengo que hacer cambios fuertes y nos esperan unos años muy complicados… El futuro se decide ahora mismo. 

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