J. S Zolliker

Lo que tenía de brillante mi abuelo, lo tenía también de escueto y riguroso, de insolente e indolente. Era un hombre observador como pocos y desde siempre, conjeturó que mi padre no tenía dotes para continuar con su legado, así que le inculcó rigurosa cultura que le permitiese mantenerse en la pequeña burguesía, ejerciendo como cabezal del servicio de entretenimiento de la más alta sociedad. 

“Tú vas a tener que aprender haciendo”, me dijo cuando era pequeño, en una ocasión en que lo visitamos. “No eres muy inteligente, pero sabes leer a la gente, oler el ambiente y cualquiera que sepa descifrar las corrientes del mar, podrá conseguir pescado”, agregó cuando reparó mis inútiles esfuerzos para consumar la tarea de matemáticas. Aunque lo detesté en su momento y por muchos años, llegó un momento en la preparatoria en que reconocí cuánta razón había tenido el viejo y cambié mi forma de ser, para siempre, pues comprendí que podía lograr lo que quisiera si primero aceptaba mis propias limitaciones. 

Así, he aprendido a invertir en mis talentos y a no perder el tiempo en mis carencias; saco ahora el máximo provecho y nunca, escúchame bien, nunca, he vuelto a desgastarme aprendiendo lo que me cuesta demasiado trabajo, ni he derramado más lágrimas ni me he frustrado por mi incapacidad. ¿Te parece mediocre de mi parte? Quizás. Pero yo prefiero el éxito político, que la insustancial normalidad del empleadillo tecnócrata. Tengo claro que mi felicidad, no está en el trabajo intelectual y aunque muchos me juzguen y me miren con desprecio, yo como “El tlacuache”, creo que vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error.  

Por eso, con toda la sagacidad y perspicacia que he cultivado, les confieso que he podido vigilar con mucha obstinación y detalle, la nueva configuración del espíritu de los tiempos políticos que estamos viviendo en México y en consecuencia, les anticipo, en el país, se está gestando un nuevo partido hegemónico, como el que tan bien funcionó para mantenernos en santa paz y calma, las más de siete décadas del PRI. Vienen cambios.

¿Has visto cómo ciertos animales muy especiales, sufren mutilación espontánea que efectúan sobre sí mismos para escapar de potenciales depredadores? Pues así, he adivinado que nuestro sistema político se habría de reinventar desde una extremidad autoexpulsada y por lo mismo, he decidido tomar un rol sumamente activo en su promoción y defensa, porque, a diferencia de otras generaciones, yo no quiero que me den, sino poder llegar hasta donde hay. 

Asimismo, revelo, me preparé hace unas semanas para dar un brinco chapulín dentro de una nueva alineación, porque con ese intranquilo olfato del que mira la carreta cargada de calabazas y el sentido intranquilo que se avecina, adelanto que vienen cambios importantes en el gabinete. ¿Comprendes? ¿Tú prefieres ser de los primeros en llegar al buffet?  Yo no. Yo trabajo para mi mismo y para mi beneficio. Soy distinto y me distingo. Prisa siempre tengo, es parte de mi personalidad, sólo respondo a los dictados de mi conciencia. Yo estoy convencido. ¿Oportunista? No. Sólo soy uno, que está listo para el cambio, aunque tenga yo que empujarlo. De mi mismo, no dudo. Es tiempo de reacomodos. Ahora me ven intenso, aprendiz o aficionado, inconsciente y aventurado, pero estoy seguro que con el tiempo, me habrán de reconocer, para bien o para mal, como agente del cambio. 

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